Demagogia personal, por Alfredo Luna Victoria

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Tal candidato es un mentiroso porque prometió subir sueldo mínimo y no lo cumplió. Aquel juró y re juró que bajaría el precio de la gasolina y el petróleo. Promesas que no se cumplen. ¿No les suena familiar? La próxima vez cruzo la calle cuando la luz este en rojo. Ya no vuelvo a tomar así en mi vida. Para el siguiente examen estudio. Son algunas de las frases que los peruanos repetimos en nuestra vida diaria y no las cumplimos.

Queremos que los políticos sean honestos con nosotros y cuando lo son decimos que no es suficiente. Por otro lado, nosotros, que no somos capaces de poder cumplirnos en ámbitos personales, exigimos una honestidad de la cual no somos conscientes.

Nos vemos obligados a adornar nuestra realidad, tal cual lo hacen los políticos de los que nos quejamos. Obviamente esta no es razón para caer en el pesimismo. Tengamos metas y objetivos, pero seamos consecuentes y cumplamos cumpliéndolos.

Existen distintos tipos de demagogia. Y la gran mayoría, a pesar de ser un término político, se adaptan a situaciones comunes. La demonización consiste en asociar una idea o grupo de personas con valores negativos, hasta que sean vistos negativamente. Tal cual se le hace a la izquierda peruana y su asociación con el terrorismo.

La manipulación del significado, cuántas veces hemos escuchado el “dije eso, pero no quise decir eso”. Como diría el refrán, “no hay palabra mal dicha si no mal entendida”.  Las omisiones, que seguramente pudimos observar el domingo en el debate previo a las elecciones presidenciales. Se presenta información incompleta, excluyendo posibles problemas, dificultades. Se evita responder directamente a las preguntas o desafíos.  Y para terminar, el falso dilema, este tipo de demagogia es muy utilizado en los problemas de parejas, hace referencia a una situación donde dos puntos de vista alternativos son presentados como las únicas opciones posibles. Un ejemplo claro es el: «Estás conmigo o estás contra mí».

No les tengamos rabia a esos políticos que prometen y no cumplen. Ellos no cambiarán nuestras vidas. Sus palabras se las lleva el viento. Las palabras que deben tener consecuencia con nuestros actos son las nuestras. Dediquémonos a no convertirnos en nuestros propios demagogos.