5 curiosidades de Japón

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Estoy en Japón. Los peruanos son la sétima comunidad extranjera más grande en Japón, la mitad de mi familia ha vivido aquí y la mitad de la mitad aún lo hace. Nunca tuve particular interés en venir pero ahora que estoy aquí siento que debería vivir aquí un tiempo o por lo menos, venir mas seguido. Me siento en medio de la constante convivencia entre lo antiguo y lo nuevo, lo moderno y lo tradicional, lo conservador y lo extravagante, lo introvertido y lo extrovertido. Y en medio de ese mundo de contrastes, donde las micro culturas parecen tolerarse sin mezclarse, hay curiosidades que te provocan descubrir cada vez más y, porque no, quedarse a descubrirlas con paciencia.

1. El tren rápido, es efectivamente rápido. Ir a 320 km/h es de locos. Tu cuerpo no lo siente y las casitas no pasan tan rápido como me imaginé, pero es una experiencia distinta y considerablemente cara. Si vas de una estación a otra, el boleto cuesta entre 20 y 30 dólares, pero puede llegar a costar alrededor de 500, dependiendo de las distancias. El tren bala, sumado a que en redes locales ya existen trenes sin conductor, constituye una experiencia de transporte público que hay que vivir. Pasando por el hecho de ir como sardina aplastada en las redes del JR o del metro o que tu tren se retrase poque alguien se suicidó saltando a las vías (dicho sea de paso, es muy raro que los trenes sean impuntuales, a menos que pasen estas cosas).

2. Cuando hace frío, los japoneses calientan la tapa del water. Imagino que esto podría existir en otros países también, pero nunca hubiera imaginado una tapa de water con tantas funciones! Hay un botón para calentar la tapa, otro para echarte agua por atrás, otro para echarte agua por adelante y algunos vienen incluso con botón para musiquita, por si te da roche que escuchen lo que haces ahí adentro. Japón debe ser el país de los detalles, en verdad piensan en todo, pero esto me pareció extremo!

3. La ciudad esta pensada para peatones y bicicletas. El cruce con más tránsito peatonal del mundo se llama Shibuya (justo frente a la estación). Cinco esquinas con cambios de semáforo que dan a los peatones dos minutos para cruzar y muy poco tiempo a los autos para transitar. Las esquinas, no todas, pero varias, se pueden cruzar en diagonal, con un tiempo especial para los peatones en donde los carros simplemente no se mueven en ninguna dirección. En las zonas más congestionadas (por peatones) de Tokio no hay tantas bicis, pero en general, la gente las usa mucho y o bien hay un carril en la pista o en la vereda, especial para bicicletas.

4. El respeto por el otro es máximo. Esta característica es mi favorita. Los japoneses son extremo cordiales y 100% respetuosos de los espacios privados y públicos. Por ejemplo, en el transporte público, la gente no habla por teléfono, y si lo hace, es de forma muy silenciosa, breve y educada, o en los espacios especialmente diseñados para ello (si, espacios dentro del tren). Las colas se respetan siempre y todo está organizado para que así sea. Sonríen siempre, la atención es de primera aunque no hablen inglés y hasta para decirte que estas haciendo todo mal, son buena onda. Esto es más evidente en el tren en hora punta. Cuando se abren las puertas y entra gente, son los únicos 15 segundos de salvajada en este país, pero luego todo vuelve a ser muy japonés, respetando al máximo posible al otro y su espacio.

5. La soledad puede ser un negocio. Yo viajo sola regularmente, pero en Tokio me sentí realmente sola al almorzar. Por un tema de economía del espacio, muchos restaurantes tienen grandes espacios para los que almuerzan solos, principalmente barras. Me senté en un restaurante, frente a la pared y vi como numerosos comensales hacían lo mismo. He comido muchas veces sola, pero aquí con la posibilidad de ver únicamente la pared, la experiencia me pareció bastante fría. Y así, es un país donde la soledad te permite economizar espacios, alquilar afecto, tener robots y máquinas que prestan servicios, y rentar mascotas. La soledad es una realidad y una forma de negocio, en algunos casos, bastante rentable.

Japón y las pocas ciudades que he podido conocer no son perfectas, la modernidad y el exceso de dedicación al trabajo lo han hecho un país con habitantes solitarios y depresivos. Pero la cordialidad en el servicio, el ingenio para los detalles, el uso de la tecnología para solucionar problemas y el aprovechamiento del espacio público (sobre todo en Tokio, que tiene 20 millones de habitantes, más del doble que Lima) son cosas que podríamos aprender. ¿Será que algún día podremos tener trenes bala? ¿Espacios públicos diseñados para bicicletas y peatones, y no autos? ¿Será que podemos tener un sistema de transporte público tan eficiente que la gente prefiera dejar el auto en casa? ¿Será posible en el Perú?