[EDITORIAL] A convertir los corazones rebeldes

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El día de ayer se anunció al mundo que los EEUU revisará su postura en relación a Cuba con la eventual suscripción de un acuerdo amplio entre ambas naciones. Dicho documento será el primer gran avance diplomático desde la ruptura hace más de 50 años y las sanciones impuestas contra la isla como consecuencia. En ese contexto, es importante recordar que en la actualidad Cuba es el único país que aún es considerado parte del Trading with the enemy Act de 1917 que requiere la renovación de las sanciones cada año (el presidente George W. Bush retiró a Korea del Norte de la lista el 26 de junio del 2008). Así que la eventual normalización de relaciones diplomáticas es una consecuencia coherente del pragmatismo desideologizado de la política exterior norteamericana.

En cuanto a lo que significa para la historia y para la isla esta nueva posibilidad, lo veremos en los siguientes días, pero debemos reconocer que el embargo ha sido una de las principales herramientas políticas del régimen de los Castro para excusar la pauperización del pueblo cubano. Por lo que el acuerdo amplio podría abrir una nueva puerta para la transición política y/o desde el punto de vista castrista, permitir finalmente el desarrollo libre de la isla.

Sin embargo, el asunto no se queda en las meras relaciones económicas y diplomáticas. El acuerdo propuesto incluiría el intercambio de prisioneros políticos y el ingreso de una Misión de las Naciones Unidas y del Comité Internacional de la Cruz Roja, así como la liberalización del internet para los cubanos. Estos son claros avances que podrían catalizar una primavera, si bien no democrática, por lo menos de respeto de básicos derechos humanos. Todo lo cual no hace más que confirmar la lucidez de Raúl Porras Barrenechea en 1960, que contra todo pronóstico  rechazó las sanciones a la isla e hizo un llamado a la verdadera unidad americana. El día de ayer finalmente fue escuchado y llevaremos la prudencia de los justos a esos corazones rebeldes.