Abortos malos y… ¿abortos buenos?, por Federico Prieto

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El aborto es un acto moralmente malo, por el cual una madre, ayudada por un médico, mata a su hijo en camino de ver la luz. Es un crimen, contra una criatura inocente e indefensa. Así lo hemos entendido por siglos los pueblos cristianos. Una encuesta de Vox Populi da cuenta, en mayo pasado, que el 89% de los consultados rechaza el aborto.

El aborto involuntario está fuera de análisis: se produce contra la voluntad de la madre, por lo que ella no ha hecho nada malo, ha sufrido una desgracia lamentable. La medicina busca prevenir siempre este suceso malo, trabajando científicamente a favor del niño por nacer.

El aborto voluntario es siempre moralmente malo. La ideología permisiva, basada en un equivocado criterio –el relativismo moral- intenta un argumento irracional, basado en el sentimentalismo: ¡Dividamos los abortos en buenos y malos! Así lo hizo una encuesta de Esan en setiembre de 2013. Sería aborto bueno el que se hace cuando corre peligro la vida de la madre: 62% opina así; y el que se hace cuando el bebé tiene una seria anomalía: 51% opina así. Los demás continúan siendo malos, como el que se hace por violación sufrida por la madre: el 62%  lo rechaza.

El gobierno de Ollanta Humala se ha mantenido hasta ahora firme en el criterio de moral natural objetiva –enriquecido por la teología moral cristiana- que afirma que el aborto es un acto criminal y un pecado grave. Sólo una ministra –despistada o atrevida, no lo sé- se lanzó a discrepar en público, y parece que el primer ministro la ha llamado al orden.

Esperemos que, en lo que queda de este periodo presidencial, los responsables de los tres poderes del Estado defiendan  el principio constitucional de la vida humana, contra las ONGs pro-aborto y sus prosélitos criollos, que tanto ruido hacen en los medios de comunicación.

Esperemos que Keiko Fujimori, Pedro Pablo Kuczynski y Alan García prometan seguir esta línea de acción ética y constitucional, para que sea cual fuere quien gane las próximas elecciones presidenciales los peruanos no traicionemos nuestra cultura y nuestra religión.