“Abrazar con la Mirada” a nuestros adultos mayores, por Verushka Villavicencio

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Una norma no satisface a todos y cada caso es diferente. En el Perú hasta el 07 de octubre han fallecido 23.087 adultos mayores según la Sala Situacional de COVID 19-MINSA. Ese mismo día, el presidente Martín Vizcarra anuncia que los adultos mayores de 65 años pueden salir con normalidad a la calle. Antes se restringía su salida a una hora, tres veces por semana y a zonas cercanas. ¿Qué significa el cambio de prohibición a recomendación?

Las cifras son claras. 7 de cada 10 personas que mueren por COVID 19 son adultos mayores. Entonces, porque se traslada la responsabilidad del cuidado al adulto mayor a la población. La respuesta es la misma que nos vincula a una dura realidad: el Estado está al tope y no puede proteger más a los más vulnerables.

Pero, ¿qué significa ser adulto mayor en el Perú? Miremos las cifras. Existen 4 millones 140,000 personas de 60 a más años de edad que representan el 12,7% de la población total al año 2020, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) hasta agosto último. Antes del COVID 19, el Informe Técnico de la Situación del Adulto Mayor del INEI (enero y marzo del 2020), indicaba que los adultos mayores incluidos en la PEA representaban el 55,4%, siendo mayor el porcentaje de hombres que de mujeres, 65,7% y 46,2%, respectivamente. Y no forman parte de la PEA, el 44,6% siendo el porcentaje de mujeres mayor al de los hombres en 19,5 puntos porcentuales. Significa más adultas mayores efectuando actividades no formales de empleo o sin empleo formal. Según el mismo informe, del total de hogares del país, el 27,4% tiene como jefe/a de hogar a un/a adulto/a mayor. Así, del total de hogares que son conducidos por mujeres, el 31,0% son adultas mayores. Son más mujeres que hombres la cabeza de hogar quienes incluso, antes de la prohibición, ya veíamos en la calle vendiendo comida, mascarillas, verduras, ropa, etc. Ciertamente no en distritos con habitantes de alto nivel adquisitivo, pero sí en los distritos populares. Todas estas adultas mayores no tienen tiempo para salir a correr al parque pues se levantan antes del alba, empacan su mercadería y salen a vender a la calle. Ellas son las más vulnerables y aunque la alternativa de las “ollas comunes” alivia grandemente la necesidad de alimentos diario, todavía no se establece si va a proceder su reconocimiento como organizaciones sociales de base para que reciban el apoyo del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social. Esta incertidumbre sumada a la nueva recomendación, avizora un panorama nefasto.

El peligro de las generalizaciones sin analizar las evidencias es apoyar medidas que benefician a grupos que presionan y presionan hasta conseguir lo que anhelan. Las evidencias deben analizarse de forma transversal en sus resultados e impactos. Esta es una práctica que la gestión pública no efectúa, por eso los planes, programas y proyectos no crean soluciones a largo plazo. Los que aprendimos a gestionar de esta forma sabemos que la clave es una mirada holística con equipos técnicos transversales capaces de innovar, priorizando al “ser humano” antes que a la norma.
Gestionar ante la incertidumbre es la clave para la creación de medidas que atiendan las necesidades de la población. Cada gobierno regional y local podría mapear las “ollas comunes” que están operando, georeferenciarlas, transparentar esta data en su página web y dirigir un plan operativo de emergencia para su atención articulandose con empresas, iglesia y ciudadanos, estableciendo plazos, mientras se establecen posibilidades para su sostenibilidad. La Municipalidad Metropolitana de Lima lo está haciendo con el programa “Manos a la Olla”, llegando desde junio a 76 ollas comunes de 10 distritos. Pero no sólo se han quedado ahí, sino que están dando capacitaciones para mejorar la gestión de la organización y la calidad nutritiva de los alimentos.

Y ¿qué creemos que puede pasar con la anunciada segunda ola? En simple, el 55.4% de adultos mayores pertenecientes a la PEA -según INEI-, serán los que tengan mayores posibilidades para afrontar la pandemia con éxito. La pregunta es: ¿en qué lado de la valla se ubican nuestros padres, madres, abuelos y bisabuelos?

Si somos capaces de responder esta pregunta, entonces damos un paso a aprender a “Abrazar con la Mirada” a nuestros adultos mayores, protegiéndolos ante la ausencia de criterios que muchos ciudadanos aplican en la vía pública. Vemos a personas que corren con la mascarilla abajo dejando las partículas de su aliento en todo su recorrido, el mismo recorrido que podrían efectuar nuestros padres y abuelos rumbo al parque. La decisión es de cada ciudadano, veremos en unas semanas los resultados. De mi parte cada día aprendo en casa a “Abrazar con la Mirada” a mis padres adultos mayores de 91 y 84 años cuando regreso de mis labores. Escogí y soy feliz.

 

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