Abrazar con la Mirada es invertir en salud, por Verushka Villavicencio

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Veía a Wendy Ramos en Wantan Night, en una trasmisión de Skype contando que vive un día a la vez porque hay demasiadas preguntas que no puede responder. Una de las preguntas que me ronda es: ¿por qué los mecanismos del Estado no se pusieron a disposición de la implementación de servicios que atiendan los derechos de las poblaciones que requieren protección especial a través de “Servicios Inclusivos por Impuestos”?, por ejemplo.

Sucede que la Ley N° 29230, Ley que Impulsa la Inversión Pública Regional y Local con Participación del Sector Privado, que regula el mecanismo denominado “Obras por Impuestos”, que fomenta la ejecución de proyectos de inversión pública de impacto regional y local, no documenta inversiones en salud. En la lista de los proyectos priorizados para ser ejecutados que figura en el Portal Web de ProInversión para las regiones de Lima y Callao, no aparece ningún proyecto de salud ni de protección.

Significa que no hemos aprendido aún a identificar las reales necesidades de la población y lanzarnos a convertirlas en programas o proyectos con servicios que articulen al Estado con la empresa privada. Es decir, hemos vivido con anemia, dengue, cólera y no se crearon proyectos que culminen con la solución del problema. Nos acostumbramos a ver a los mendigos y ahora a los inmigrantes venezolanos pidiendo ayuda en las calles y el Estado no resolvió el tema con una solución integral.

Promover la salud no es atender las emergencias y repartir vacunas, sino abordar todas las situaciones que pueden determinar perder la salud. Es decir, a la población para que coma sano, haga deporte, maneje su estrés y al Estado para que fomente los espacios y servicios para despistaje de factores de riesgo así como la implementación de políticas públicas que fomenten una salud fuerte. En medio de la tragedia del COVID 19 se revela que no hemos aprendido a lograr que las poblaciones se cuiden y tampoco hemos protegido a los seres humanos que requieran ser atendidos y protegidos.

Todos hemos visto en las redes sociales a los mendigos en New York durmiendo sobre el asfalto, hacinados en estacionamientos y aquí a la población venezolana sumergidos en la mendicidad. Su situación lacera la dignidad y su condición vulnera sus derechos humanos. Pero además, es un tema de salud pública porque podrían ser incubadores y trasmisores del virus. Son seres humanos como nosotros a los que les hemos vuelto la espalda. Su mal es el mal de todos. Cada gobierno regional y local debería articularse con los actores claves de su zona para atenderlos ahora y después de la pandemia con un programa que logre su inserción real en el mercado laboral. Además debería prever dar protección para aquellos casos en los que no sea posible la inserción laboral. Un ejemplo de protección es “La Casa de Todos” de la Municipalidad Metropolitana de Lima, que, mediante una acción concreta, promueve la salud de la población abrazando con la mirada a quien más lo necesita. Equipos multidisciplinarios que se articulan intersectorialmente y ejecutan.

Y es que el Estado son todos los servidores públicos llamados al servicio hacia la humanización de su mirada que logre generar medidas concretas que atiendan necesidades en la población más desprotegida. Demostrar nuestro afecto por el otro expresado en actos de bondad significa ser empáticos y luego dar el salto instantáneo a la compasión con actos que acompañen al otro en su sentir y solucionen el malestar del ciudadano desprotegido.

Necesitamos Servicios Inclusivos por Impuestos que abracen con la mirada y solucionen la necesidad de: adultos mayores solos en sus viviendas, personas con discapacidad mendigas, familias de venezolanos que viven en la calle, niñas y niños explotados sexualmente, personas con problemas de salud mental y todos aquellos que requieran protección.

“Abrazar con la Mirada” es la expresión del amor en Tiempos del Coronavirus reflejado en actos de bondad en casa con nuestra familia pero también como profesionales desde el Estado o la empresa. No será suficiente que Cáritas del Perú distribuya alimentos a 40 mil familias y que la Sociedad Nacional de Paramédicos del Perú en alianza con la empresa de pinturas Majestad, recoja la donación de platos de comida para alimentar a las personas sin hogar. No será suficiente mientras cada ciudadano del mundo no tome posición y haga algo por el bienestar del otro. Hemos descubierto que el dolor, la enfermedad de uno, afecta a todos. Es tiempo de cambiar, es hora del amor en tiempos del Coronavirus.

 

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