La ética borrosa, por Alfredo Gildemeister

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A raíz de las declaraciones recientes del señor Acuña –así como de sus tristes “escuderos”- con el objeto de sustentar lo insustentable, esto es, que el plagio de una tesis doctoral e inclusive la de todo un libro, no constituye plagio; y del cuestionado spot publicitario ideado por el señor Favre en donde demuestra gran habilidad para manipular y confundir al público en general, demostrando a su vez una falta total de conocimiento –ergo ignorancia- al comparar al candidato Acuña con Martin Luther King, se me vino a la memoria unas palabras del filósofo y catedrático español Carlos Goñi, el cual en su libro “Ética borrosa” señala lo siguiente: “Vivimos en una época de desorientación moral. No está nada claro qué sea bueno y qué sea malo. No alcanzamos a ver los límites entre lo éticamente correcto y lo moralmente reprensible. Parece que las líneas simplemente se han borrado, se han difuminado, han desaparecido. Todo se considera aceptable. Ya nadie se atreve a señalar los linderos, a indicar un camino como mejor que otro. El único criterio aceptado es el de no tener criterios. Nada es del todo punible ni loable. La subjetividad se ha convertido en la única norma objetiva y, en nombre de la tolerancia, nos protegemos ante cualquier cosa que suene a convicción moral… No es que nos encontremos más allá del bien y del mal, sino que estamos perdidos en un mar de brumas, sin brújula, sin referencias, sin faro que nos guie, sin rumbo. Vivimos en la época de la Ética borrosa”.

 Esta ética borrosa es la que esgrime y “vive” en toda su plenitud, no solamente el candidato Acuña, sino también muchos políticos y personajes públicos –caso de Nadine Heredia y el contenido de sus agendas, Toledo y el caso Ecoteva, etc.- los cuales demuestran que el fenómeno de la Ética borrosa es un hecho y una verdad que viene afectando a muchísimos, no solo en el Perú, sino en el mundo entero. Esta Ética borrosa tiene ciertos principios que Goñi señala con mucho acierto y que, entre otros, son las siguientes: 1) No hay principios absolutos. Este “principio” es fundamental pues es la base de una ética sin principios. Todo por tanto es relativo, todo cambia y nada permanece. De allí que lo que nos pueda parecer ayer un plagio, hoy no lo será. Depende de la perspectiva por donde se le mire. Los principios demarcan límites, y para esta ética eso significa que nos limitan. 2) No hay normas objetivas: todo es subjetivo. Cada cual obra de acuerdo a su parecer. Lo que para uno es plagio, para el otro no lo es. Aquí mandan los sentimientos y no la razón. Por más demostrado que sea el plagio, mi sentimiento se impone y llego a convencerme que no lo es. 3) Todo está permitido: La Ética borrosa no pone límites por lo que todo está permitido. Si Luther King lo hizo (habría que verificar esto pues lo dudo), Acuña también puede hacerlo. Surge el laxismo, esto es, nadie tiene autoridad moral para prohibirme hacer algo. “Prohibido prohibir”. La ética no debe de intervenir en nada. 4) La legalidad reemplaza a la moralidad: Las leyes determinan lo que está bien y lo que está mal. Las normas y principios éticos dejan lugar a las leyes. Todo lo que no vaya contra la ley está permitido (por tanto, por ejemplo, las leyes promulgadas por Hitler son correctas y buenas, pues son legales). Ya no hay responsabilidad moral sino civil, la que determinen las leyes y los jueces, no la ética. 5) Toda autoridad atenta contra la libertad: Para la Ética borrosa, la única autoridad es la ley y la autoridad legal sólo se asume cuando nos beneficia. Si nos perjudica, recurrimos a recursos legales, apelaciones y mil “leguleyadas” más para, paradójicamente, al igual que con los principios éticos, no cumplir las leyes; y 6) Lo “políticamente correcto” constituye el único límite: ya no se habla de acciones buenas o malas, sino de correctas e incorrectas. La persona establece lo que considera correcto o no, anulando cualquier principio moral por lo que acomoda el asunto o problema, a su entera conveniencia con el objeto de salir bien librado. De allí que considerar a la Ética y sus principios sería “políticamente incorrecto” y ello no es lo mejor ni lo más apropiado para los seguidores de la Ética borrosa.

Como se ha podido apreciar, tanto el candidato Acuña como su asesor Favre, son fanáticos seguidores de la Ética borrosa y sus curiosos “principios” –como muchos hoy – en donde manipulan a su entero parecer a la opinión pública, aplicando sus “verdades” como si fueran principios éticos, tales como: “muchos lo hacen, por tanto es correcto”; “muchos plagian, por tanto está bien”; “Roba pero hace obra”; “Plagió sólo un poco”; “No es para tanto”, “No exageremos”; etc. “principios” de la Ética borrosa, esto es, de personas que no tiene Ética alguna, que simplemente buscan relativizar y subjetivisar lo que a todas luces está mal.

Por tanto señores, no caigamos en la “Ética borrosa” que bien advierte Goñi. No nos dejemos embaucar por estos políticos chicheros, por sus asesores y patéticos ayayeros, que solo buscan engañar y manipular lo que está mal, presentándonos lo malo como bueno y, más aún, presentando lo que constituye un delito descarado, disfrazándolo y relativizándolo, como si de algo “correcto” y “normal” se tratara. Como dicen los Evangelios: “Aquel que tenga oídos para oír, que oiga”. Están avisados.

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