Ahora que ya sabemos lo que es desarrollo humano

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A lo largo del tiempo, a veces las palabras van cambiando. Se hablaba primero del “Tercer Mundo” como de aquellos países que estaban en unas condiciones de “subdesarrollo”. Que así se decía. Pasaron a ser luego “países en vías de desarrollo” y ahora, simplemente “países en desarrollo” o incluso “países de desarrollo intermedio”. Que cada quien discuta consigo mismo o con sus amigos la relevancia de estos cambios. Seguro que no son sólo palabras vacías. Aunque quizá no modifiquen mucho la realidad.

Pero más interesantes son los cambios conceptuales. Desde los años 80 del siglo pasado se han dado algunos bastante relevantes. Por ejemplo, el concepto de “patrimonio” (cultural) se ha modificado considerable. También el de “derechos humanos” ha visto ampliado su significado. Y el de “desarrollo” también ha evolucionado de forma muy significativa, llevando a un giro sustancial en los indicadores del desarrollo: porque una cosa es que hablemos de desarrollo y otra es que sepamos indicar, con una base más o menos objetiva, el grado de desarrollo de cada país o región.

“De siempre” (es decir, desde que se utilizan esos indicadores), lo que interesaban sobre todo eran magnitudes económicas: el Producto Interior Bruto (per cápita). Un país rico era, por tanto, un país desarrollado, sin tener en cuenta que detrás de esa riqueza podían esconderse no sólo graves desigualdades económicas sino también déficits serios para buena parte de la población en alfabetización, educación, atención sanitaria y otros elementos que caracterizan la calidad de vida. Y, así, había otras listas que analizaban estos vectores en cada país. Y salían listas diferentes.

Pues bien, el Índice de Desarrollo Humano (abreviado IDH, pues no hemos de olvidar que vivimos en un mundo de abreviaturas… ¿quizá un mundo abreviado?) lo que hace es combinar indicadores tomados de tres áreas: economía, educación y salud. Con una fórmula matemática que no vamos a exponer aquí (muchos lectores leerán este artículo en domingo…) se combinan esos indicadores y se obtiene un indicador único, que lleva a una clasificación de los países y a un listado en orden descendiente.

Así se hace desde 1990, en que el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (o sea, el PNUD) publica anualmente esa lista. Sigue los criterios establecidos por el relevante economista paquistaní Mahbub ul Haq, amigo del Premio Nobel de Economía Amartya Sen, a quien se atribuye una influencia importante en el pensamiento que lleva finalmente al IDH.

Claro que también este Índice está sometido a críticas, sobre todo en los últimos años, en que otros elementos también se consideran sustanciales en el desarrollo. Así, se habla de “desarrollo sostenible” (que tiene que cuenta los factores medioambientales), “desarrollo inclusivo” (que tiene en cuenta la situación de la mujer y también la de personas con diferentes discapacidades así como las minorías étnicas o culturales) y “desarrollo cultural” (que tiene en cuenta los elementos culturales). Y aunque no figure como adjetivo de “desarrollo”, también el grado de democracia podría ser importante. Todas estas dimensiones no se contemplan en el IDH. Aun así, el retrato que resulta de esta publicación es bastante más elocuente de la situación de los ciudadanos en los diferentes países, que son clasificados en cuatro categorías: desarrollo humano “muy alto”, “alto”, “medio” y “bajo”. La diferenciación entre “muy alto” y “alto” es reciente; antes, una sola categoría englobaba a muchos países.

La observación de las tablas en la edición de 2014 (con datos de 2013) muestra, como siempre, a Noruega en primer lugar, seguida por Australia y Suiza, los Países Bajos y Estados Unidos, sin variación alguna en los últimos años. 49 países alcanzan la categoría de “Desarrollo humano muy alto”, con Argentina en el último puesto de este grupo, en que sólo figuran otros dos países latinoamericanos: Chile y ¡Cuba! (lo cual podría indicar que los indicadores no siempre indican todo lo que deberían indicar. Las variaciones de año en año son mínimas: en un panorama general de estabilidad y ligero crecimiento, sólo Irlanda baja en el índice absoluto. Por lo demás, no hay sorpresas de quiénes están en este grupo: muchos países europeos, América del Norte, los países asiáticos consolidados (incluyendo Hong Kong, que tiene su propio indicador), países árabes, Oceanía. Satisface ver que ya están en esta categoría (“desarrollo muy alto”) muchos de los países europeos que, en muchos casos impropiamente, llamábamos “del Este” cuando formaban parte del bloque comunista. Es un indicio de que, también tras un período oscuro en muchos sentidos, es posible una consolidación y crecimiento bastante rápidos (la “caída del Muro” se produjo hace “sólo” 25 años).

En “desarrollo humano alto” aparece Rusia, pero también Belarús, país en que los derechos humanos no están garantizados. Aparece también Libia, país que parece hundirse en el caos. O Ucrania, en plena guerra civil. Y China, aunque en un puesto bastante modesto, muy por detrás de Sri Lanka o Irán.

Y por algunos de estos y otros países que figuran en este grupo, quizá la categoría se aplica con cierta generosidad. O quizá la diferencia entre estos países, aun con graves carencias, y los que figuran en las otras categorías sea tan grande que amerite esta distinción. Aquí sí se encuentran muchos países latinoamericanos, Perú entre ellos, situado en el puesto 82 (igual que en el año anterior), entre Granada y precisamente Ucrania. Además de países-isla del Caribe, aparecen Uruguay, Panamá, Venezuela, Costa Rica, México, Brasil (por este orden y por delante de Perú) y también Colombia, Ecuador y la República Dominicana. Sigue sin aparecer ni un solo país del África subsahariana.

En desarrollo humano medio sólo encontramos a Paraguay, Bolivia, El Salvador, Honduras y Nicaragua en América Latina, junto con otros países en guerra como Palestina, Irak o Siria. Y aquí empiezan a aparecer tímidamente países del África subsahariana: Botsuana y Gabón en primer lugar, Suráfrica y Namibia, Ghana y Congo, Zambia y Guinea Ecuatorial.

Fácil es imaginarse quiénes configuran el triste grupo del “Desarrollo humano bajo” (y si la categoría de “desarrollo alto” parecía otorgada con cierta generosidad, aquí en algunos casos habrá que hablar de “desarrollo humano muy bajo” o categorías infrahumanas. Allí está buena parte de África, están Nepal y Pakistán, Myanmar (antes Birmania) y el Yemen, Afganistán y, como único país de América Latina, Haití: un verdadero cuadro de la miseria humana, que cierra Níger (con un índice que es un tercio del de Noruega), acompañado -triste acompañamiento- por la República Democrática del Congo, la República Centroafricana, Chad y Sierra Leona.

De Corea del Norte ni siquiera hay datos. Tampoco de Somalia o Sudán del Sur.

Un dato obvio: el desarrollo humano va hacia atrás en los países que están en guerra; no hacen falta indicadores para saber, pero bueno es tener indicadores que lo confirmen.

Y: el que no se consuela es porque no quiere. En ese grupo de “desarrollo humano bajo” todos los países han progresado, sus indicadores se han elevado más o menos, pero se han elevado. No siempre ha sido así: en otros años era descorazonador ver que quienes estaban muy atrás, además iban retrocediendo. Y se confirma lo que ya sabemos: buena parte de la humanidad sufriente se concentra en África.

¿Y para Perú? Tampoco hay sorpresas: de las tres áreas, el indicador económico está bien por encima de los países que le rodean en la lista, la esperanza de vida se sitúa en la media de esos países o incluso un poco por encima, pero en educación no está a la altura y queda por debajo (citando sólo países que están en puestos cercanos) de Georgia o Ucrania. Tampoco esto es un resultado sorprendente, pero todo dato que pueda ayudar a que se mantenga (o incluso se acreciente) el esfuerzo que ya se está haciendo para mejorar la educación, sea bienvenido.