Alan García Pérez: A un año de su muerte

Un día como hoy en el 2019, el expresidente se quitó la vida cuando iba a ser detenido en el marco dela investigación por el Caso Lava Jato.

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Hace un año, cuando un equipo de la fiscalía se disponía a detenerlo en el marco de las investigaciones del Caso Lava Jato, el expresidente Alan García se encerró en su habitación. Lo hizo luego de constatar a qué venían los hombres del Ministerio Público. Lo hizo con la solemnidad de quien ya había tomado la fatídica decisión hace mucho tiempo.

Revolver en mano, se sentó a lado de su cama, colocó el arma en su sien y con un estruendo le puso punto final a una de las vidas más importantes de la política peruana. El oprobio de las esposas no era para él y el desgaste del encierro no era algo que estuviera dispuesto a tolerar. Le preocupaba el lugar que la historia le daría, como presidente, político y líder del Partido Aprista Peruano. Tanto le preocupó que con sus propias manos quiso escribir su capítulo final.

No habían sido tiempos fáciles para el exmandatario. La política, para empezar, lo había dejado de tratar como antaño. En el 2016, la última vez que aspiró a la presidencia, protagonizó una campaña insípida acompañado con Lourdes Flores Nano en su fórmula. El Perú no era el mismo que hace 10 años y su discurso, aunque magistral y grandilocuente, ya no calaba en los más jóvenes. Se despidió de las contiendas electorales apenas logrando que cinco apristas lo representen en el Parlamento.

En los años siguientes, el Caso Lava Jato no lo ayudaría. La telaraña de corrupción de las firmas brasileñas y los testimonios de múltiples colaboradores eficaces le pisaban los talones y la justicia, siguiendo un modus operandi harto cuestionable, parecía decidida a mandarlo a prisión preventiva. Una herramienta que en la investigación en cuestión ha desembocado en más de una persona encerrada sin que se le haya hallado culpable y sin que se sepa del todo qué riesgo suponía su libertad a las pesquisas.

Alan García sabía que pronto le tocaría a él luchar por su libertad. Otros habían caído. Buscó asilo en la embajada de Uruguay acusando una persecución política –según se dice ya lo había conversado con el país oriental–, pero varios días después volvería a las calles con el pedido rechazado y sabía que sus días estaban contados. El libro se le cerraba encima sin que él haya elegido cómo terminaba su último capítulo…

Ámelo o ódielo, Alan García ha dejado huella en todos los peruanos. Hizo un pésimo primer gobierno pero la madurez le hizo manejar el país con sensatez entre el 2006 y el 2011. La economía creció y el país se hizo de más prestigio en el ámbito internacional. Llevó a su partido a donde nadie nunca lo había llevado y su verbo, sagacidad y conocimiento difícilmente encontrarán parangón. Fue el último de una camada de verdaderos políticos, de verdaderos estatistas y así se le recordará.

Sus trances con la justicia, empero, continúan y continuarán. Lava Jato será una marca indeleble en su CV, pero ahora será la historia la que lo termine por juzgar.