¿Alló?…“Este teléfono ya no existe”, por Inés Yábar

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Recién llegada a la nueva ciudad en la que iba a vivir (Lyon, Francia), en el 2014, los teléfonos públicos me salvaron en muchos momentos. A veces solo necesitaba hacer una llamada al banco, que aunque sabía que no tenía celular insistía en que debía llamar para activar pagos por internet. De vez en cuando los usaba para contactarme con algún amigo que no estaba acostumbrado con el método de “quedamos y allí estaré” y necesitaba confirmación inmediata cuando llegaba al lugar de encuentro.

En el 2015, el Senado Francés votó para que “Orange” ,la compañía que aseguraba el funcionamiento de estas cabinas, descontinúe su trabajo. Al darse cuenta que habían aproximadamente 1,2 celulares por habitante francés, era comprensible que se tome esta medida. Además, en Lyon específicamente, la rentabilidad de dichas casitas telefónicas era negativa desde el 2010. Y así fue, poco a poco las ví desaparecer hasta ya no existir, en la universidad, la esquina de mi casa, la estación de trenes…

En Francia tal vez no haya tanto apego con las cabinas telefónicas, pero en Inglaterra son un ícono e incontables son las fotos de turistas en las cajitas rojas alrededor de la ciudad. Muy amadas desde 1884 pero poco usadas, tampoco eran rentables. En los últimos años BT (una compañía telefónica) ha comenzado a reemplazar las clásicas cabinas por unas transparentes que también sirven de punto de acceso al WiFi. Al desaparecer de las calles, las cabinas Londonienses se han vuelto un objeto de colección y se venden hasta en $10 000. Además se ha comenzado a crear cabinas verdes para recargar celulares con energía solar. Entre otras ideas encontramos la de Bibliotecas callejeras, cafeterías y hasta peceras.

Así es, en varias ciudades ya se ha vuelto usual ver enormes peceras en las calles. En el “Festival de Luces” de Lyon, que se lleva a cabo cada diciembre, un artista decidió transformar una cabina en desuso y volverla una pecera con peces nadando pacíficamente. La misma idea se implementó en Osaka en el 2012 con el concepto de “Club de peces de colores”. Ya que los goldfish son vistos como peces de buena suerte en Japón, tenerlos en las calles alegraba a los transeúntes. Además pescar goldfish es una de las actividades preferidas de los niños Japoneses en festivales de verano, y tenerlos en la ciudad volvía la actividad aún más fácil de realizar.

Me alegra que se estén re-usando espacios públicos, rediseñando las calles con lo que hay a la mano. Sin embargo, el aumento drástico de celulares en el mundo es evidente y no siempre positivo. ¿De qué nos sirve tener más de un celular por persona? ¿cuándo se volvió una norma tener un celular, al punto de discriminar a los que escojan no tener uno? Además de los daños a la salud que esto trae que son bastante conocidos, la “sobrepoblación” de celulares trae daños ambientales. Según Wirefly, cada consumidor de celulares compra uno nuevo cada año y medio. Con este ritmo desecha unos 40 celulares en su vida adulta. En Estados Unidos solamente se desechan 426 000 celulares al día, mueren. ¿Pero qué de lo que sucede antes de que el celular tome vida, antes de que comience a funcionar? El documental “Sangre en mi Movil” relata las dificultades en las minas donde trabajan y mueren niños para que puedas obtener tu celular. Veamos más allá de las bellas obras de arte que se hacen con las cabinas telefónicas. Observemos más lejos que los impactos en la salud de los que usan celulares. Miremos las consecuencias de nuestro consumo sin medida, y sobre todo esta navidad, piensa 2 veces antes de comprarle a alguien su quinto celular. Para consumir de manera más consciente ¿tú, qué estás haciendo?

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