Análisis de un caso peculiar sobre disposición de derechos fundamentales, por John Stenning Luza

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I. Introducción

Los derechos fundamentales son aquellos poderes, facultades o atributos básicos que se le conceden al ser humano, con la finalidad de que goce de una calidad de vida razonable. Por ejemplo: el propio derecho a la vida, a la integridad física, a la propiedad, al honor, a la intimidad, a la defensa judicial, a percibir un sueldo justo por su trabajo, etc.

Generalmente estos derechos, como es aquí en el Perú, están señalados en la Constitución Política; no obstante, son las normas de rango infra constitucional, tales como el Código Civil o Penal, las que se encargan de desarrollarlos y sancionar las transgresiones.

Justamente por el carácter personal de estos derechos, es que puede, en ciertas circunstancias, haber disposición o renuncia por parte del titular sobre los mismos, sea de manera gratuita u onerosa; sin embargo, la ley también señala restricciones, esencialmente relacionadas con nociones como la moral o las buenas costumbres. [1]

 

II. Caso concreto

La revista estadounidense GQ, hace ya algunos años, publicó un reportaje titulado “Kidnap (just kidding!) Why on earth would someone pay hundreds of dollars to fly halfway across the country for the pleasure of being abducted by thugs, handcuffed in a basement for hours, and forced to pee into a Gatorade Bottle?”. [2]

En este, el autor del mismo, da cuenta de su aventura, contratando los servicios de Extreme Kidnapping, una empresa cuyo objeto es ofrecerle al cliente la experiencia de ser secuestrado, de la manera más realista posible.

Todo empieza conociendo más o menos el perfil del contratante: ¿Le gustaría que lo abofeteemos? ¿Desearía que lo insultemos? ¿Quisiera que lo amenacemos con pirañas o fuego? ¿Estaría usted dispuesto a que lo peguemos contra la pared con cinta adhesiva, que lo colguemos del techo, que lo encerremos en un closet o lo torturemos con la técnica del ahogamiento? ¿Tiene usted fobias? ¿Padece usted de alguna alergia? [3]

Luego, se acuerda la fecha, hora y lugar [4], para dar inicio con la rutina.

El periodista, durante 14 horas, vivió, entre otras cosas, lo siguiente:

1. Fue inmovilizado -sentado en una silla-, atándosele los tobillos, femorales y pecho.

2. Fue martirizado con sopletes, taladros, armas paralizadoras, luces de alta intensidad y música ininterrumpida.

3. Se le echó baldes de agua helada.

4. Se vio en la necesidad de orinar en botellas.

 

III. Análisis legal

¿Este juego sería tolerado en nuestro sistema jurídico? Por los argumentos que pasaré a exponer, considero que no:

 

Artículo V del Título Preliminar del Código Civil

“Es nulo el acto jurídico [5] contrario a las leyes que interesan al orden público o a las buenas costumbres”.

 

Lo más importante de este artículo es determinar ¿qué se entiende por buenas costumbres?

Según el Diccionario del español jurídico de la Real Academia Española, es el “Comportamiento acomodado a estándares éticos y sociales más comúnmente aceptados por la mayoría de la población”. [6]

En similar sentido, Espinoza [7] opina que “Las buenas costumbres constituyen la adecuación de la conducta humana a las reglas de la moral dentro de un contexto social determinado”. Asimismo, agrega que “No se asume como norma de las buenas costumbres la moralidad en sentido abstracto, deducida de principios de razón, sino la que la opinión común, vigente en un determinado ambiente, considera como tal la denominada ética social”.

“Y como las costumbres cambian de una época a otra y de un lugar a otro, puede ser inmoral, hoy en día, lo que no se consideraba inmoral ayer, y viceversa; o bien, una cosa es considerada inmoral en un país y no en otro. Por tanto, el concepto de negocio inmoral es eminentemente relativo”.

Ser secuestrado, con toda seguridad, es una de las peores experiencias que puede experimentar el ser humano. La víctima no solamente es privada de su libertad, sino que también se atenta contra su dignidad, su vida, su integridad física y psíquica, amén del aspecto patrimonial, cuando el móvil es por afán de lucro.

Concentrándonos en el aquí y en el ahora, en tiempos contemporáneos, hemos conocido de diversas comisiones de aquel execrable delito. En consecuencia, pienso que resulta inmoral, frívolo, obsceno y desatinado, jugar y pagar entre 500 y 1,500 dólares [8] por algo que ojalá a uno nunca le suceda.

Cambiando de tema, orden público significa norma imperativa. Precisamente, este artículo V nos remite a los artículos 5 y 6, que tocan lo concerniente a la integridad física y disposición sobre el propio cuerpo.

Artículo 5 del Código Civil

“El derecho a la vida, a la integridad física, a la libertad, al honor y demás inherentes a la persona humana son irrenunciables y no pueden ser objeto de cesión. Su ejercicio no puede sufrir limitación voluntaria, salvo lo dispuesto en el artículo 6°”.

Artículo 6 del Código Civil

“Los actos de disposición del propio cuerpo están prohibidos cuando ocasionen una disminución permanente de la integridad física o cuando de alguna manera sean contrarios al orden público o las buenas costumbres. Empero, son válidos si su exigencia corresponde a un estado de necesidad, de orden médico o quirúrgico o si están inspirados por motivos humanitarios”.

 

Varsi [9] comenta que la integridad física es un derecho personalísimo [10], extra patrimonial y que ningún aspecto del mismo puede ser plasmado económicamente. Empero, informa que “Es un derecho disponible dentro de los límites de la ley y las buenas costumbres, no están permitidas las… autolesiones”.

En un esfuerzo de síntesis, “Los actos de libre disposición del propio cuerpo son válidos cuando preserven la integridad física y sean acorde con el orden público y las buenas costumbres; asimismo, cuando su exigencia corresponda a un estado de necesidad, de orden médico o quirúrgico o estén inspirados por motivos humanitarios”. [11]

De la interpretación conjunta de ambos artículos, se desprende que aquel inusual juego definitivamente no tiene cabida en el ordenamiento jurídico peruano, ya que una cosa es, por ejemplo, someterse a una cirugía cuando no hay más remedio que perder parte de la pierna o donar un riñón o sangre, pero otra muy diferente, jugar con el cuerpo por mera diversión.

Más allá de que va en contra de las buenas costumbres y normas imperativas, profundizando en este segundo punto, el cuerpo debe cuidarse, ya que finalmente es el instrumento de interacción con la vida terrenal.

Considero que a través de nuestras normas, se pretende auspiciar una esperanza de vida prolongada y sin padecimientos que excedan lo razonable.

Ahora bien, ¿Y qué sucede si mientras que el cliente está inmovilizado en la silla ocurre un terremoto y no da tiempo de liberarlo? ¿Qué pasa si la actividad con las pirañas o el interrogatorio con agua se salen de control? Como se puede apreciar, ya no solamente estaríamos dentro del ámbito civil, sino también del penal, dentro del cual se castigarán los excesos, a título de dolo o culpa, por más de que el cliente haya aceptado correr ciertos riesgos.

 

IV. Conclusión

Casos como el descrito hay muchos. [12] Las consecuencias, asimismo, no son solamente de índole civil, sino, como he destacado sucintamente, podrían ser también penales.

Lamentablemente, por un factor impuesto de espacio, no he podido explayarme como hubiese querido. En todo caso, quedará pendiente para futuras ocasiones.


[1] Por ejemplo, el artículo 26.2 de la Constitución Política indica que “En la relación laboral se respetan los siguientes principios: Carácter irrenunciable de los derechos reconocidos en la Constitución y la ley. 

[2] GQ (Magary, Drew). Nueva York: Condé Nast, abril de 2013, páginas 160 a 166.V

[3] No se especifica si es para tomar las precauciones del caso o para llevar al cliente al límite.

[4] Hora y lugar aproximados, para crear la sensación de sorpresa.

[5] Fundamentalmente, se entiende por acto jurídico la creación, modificación, regulación y extinción de relaciones jurídicas: contratos, matrimonios, testamentos, demandas, sentencias, etc.

[6] https://dej.rae.es/lema/buenas-costumbres

[7] Espinoza Espinoza, Juan Alejandro. Los Principios Contenidos en el Título Preliminar del Código Civil Peruano de 1984. Lima: Grijley, año 2011, páginas 367 a 371.

[8] Dependiendo de la duración del juego: entre 3 y 12 horas, aproximadamente.

[9] Varsi Rospigliosi, Enrique. Tratado de Derecho de las personas. Lima: Gaceta Jurídica, año 2014, página 387.

[10] Sinónimo de derechos fundamentales.

[11] Ibíd., página 421.

[12] Bucket challenge, huelgas de hambre, negativas a recibir transfusiones de sangre por creencias religiosas, etc.

 

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