Análisis Político de los que pasaron a “Octavos de Final”

303

Algunos no fueron a Brasil. Otros ya se han ido a su casita, con algún dolor para la industria hotelera en ciudades brasileñas, que ha visto canceladas muchas reservas de italianos, franceses, españoles o británicos, dispuestos a casi cualquier gasto cuando juega su selección. Los ingleses y los escoceses, cuando su club disputa un partido en una ciudad europea, vuelan a miles, en vuelos charter. Muchos de ellos no han conseguido entrada… y se van a un pub inglés (en toda ciudad los hay) a seguir el partido por la televisión. Luego, a las doce, la una, las dos, al aeropuerto. Y al día siguiente, a trabajar en Glasgow, Liverpool o donde fueren, medio dormidos, pero admirados por sus compañeros de trabajo.

Aunque ya sólo quedan cuatro para las semifinales, este pequeño homenaje se rinde a los siete más uno que llegaron hasta cuartos. ¿Homenaje porque once hombres sin piedad -más los “reservistas” y un seleccionador, a menudo de otro país- han acertado más que otros once hombres, tan sin piedad como ellos? Dejémoslo, pues, en algunas pinceladas de qué más hay allá, a una semana de la final, qué más hay aparte de fútbol. Procedamos por riguroso orden alfabético, que cualquier otro orden podría provocar susceptibilidades.

Alemania: Alemania va bien. Y los alemanes están satisfechos, mucho más satisfechos que en los últimos años. La economía florece y ponen anuncios en la web para atraer trabajadores bien preparados. La ola migratoria hacia Alemania se asemeja a la de los años del “milagro alemán”; en 2012, por dar un dato, 4000 ingenieros españoles se trasladaron allá. Angela triunfa, en colores siempre nuevos de su sempiterna combinación de pantalón y americana. Pero también hay sombras para ella: de entré las grandes ciudades alemanas, políticos de su partido sólo son ya alcaldes en dos; las demás se han ido perdiendo. En las regiones, el panorama es variopinto y multiforme, con coaliciones varias, pero sin mayoría para Angela. La “gran coalición” con los socialdemócratas funciona un poco como todo con Angela: sin brillo, pero sin estridencias.

Argentina: Argentina va mal, pero las cafeterías y restaurantes están llenos: una de las muchas contradicciones de un país cuya regular afición por las crisis nadie comprende. Las infraestructuras siguen en pésimo estado, Ezeiza es uno de los aeropuertos más confusos y peor señalizados. Cristina no es Néstor, si vicepresidente parece que está en apuros por un asunto de corrupción y a pocos les ha parecido mal que se nacionalizará Repsol. El trauma de las Malvinas sigue vivo en la memoria. Buenos Aires, con más de 200 teatros, está trabajando en consolidar su marca como capital cultural. Y un tribunal de Estados Unidos ha condenado a pagar la deuda. El dólar conviene cambiarlo fuera de los circuitos oficiales. Por suerte, la correosa Suiza aguantó heroicamente, pero al final encajó el gol. Si no, desastre nacional.

Bélgica: tras haber batido récords sin gobierno después de las últimas elecciones, parece que el socialista valón (hijo de italianos) Elio di Rupo ha conseguido lo que parecía imposible: un gobierno estable. Y aunque el radical Bloque Flamenco sigue consiguiendo resultados electorales importantes, también las tensiones entre flamencos y valones parecen aminoradas. Hay quien dice que, si no se separan, es porque no saben qué hacer con Bruselas. Otros, más malévolos, arguyen que, una vez separados, ¿a qué se dedicarían todo el día, cuando la ocupación fundamental es debatir sobre la separación? Bajo la tranquila apariencia pequeño-burguesa, bien alimentada por la presencia de las instituciones europeas, que dan un seguro colchón económico, laten fuerzas y tensiones: hace aún pocos meses, llamó la atención el que el Parlamento aprobara la eutanasia de los niños.

Brasil: a Brasil se le perdona todo. La Jornada Mundial de la Juventud fue un caos organizativo (¡aquella imagen del Papa atrapado en su automóvil!) y en el partido inaugural del Mundial hubo quienes se sentaron en la dura grada porque los asientos aún no estaban instalados. Pero a Dilma, como a Lula, se les perdona todo. Han conseguido ser algo así como el sueño de todo gobernante: populares y hasta un poco populistas, pero sin destrozos y sin frentes excesivos. Aún les quedan los Juegos Olímpicos para ganarse las simpatías incluso de quienes padecen el caos. Aunque las apariencias son buenas, el nivel de deuda pública es alto. Habrá que ver si las previsiones se cumplen y los ingresos de los grandes acontecimientos compensan las inversiones, que han causado también una erosión de la imagen de los políticos; las protestas antes del Mundial son muestra de un importante descontento. De momento, las JMJ fueron deficitarias y han tenido que pedir auxilio a sus antecesores en Madrid, que habían conseguido -¡milagro!- superávit.

Colombia: Es un país del que se habla poco, y eso no es mala señal. De hecho, Colombia va bien. El presidente Santos nació de su antecesor Uribe, se peleó con él y ha sido recientemente reelegido, derrotando al candidato de Uribe en buena lid electoral. La paz no acaba de llegar, pero para la mayoría la situación ha mejorado tanto que ya se nota el alivio social que se advierte también en otros países post-terroristas, con la recuperación del espacio público, la vida en la calle, terrazas, cafeterías. Tiene un toque de complejidad en los procesos, algunos tan simples como cambiar dinero. Y llama la atención el buen uso del castellano, la corrección en el hablar: ¡Qué bien hablan los colombianos!, ¿verdad? – te dicen en algún otro país de América Latina.

Costa Rica: otro país del que casi no se habla. Con sus cinco millones de habitantes y 57 Universidades (5 públicas y 52 privadas), Costa Rica -país sin ejército- inspira confianza en una América Central han convulsa durante décadas y ahora más tranquila. En las universidades (quizá es el país con más centros de educación superior per capita: por comparación, Perú tiene 139 para unos 30 millones) hay de todo: desde la extensa Universidad de Costa Rica hasta casitas de dos plantas que albergan una universidad. En medio de la quietud hay una cierta preocupación por el aumento de la criminalidad en los último años (robos básicamente). La explicación fácil es atribuir a inseguridad crecida a las inmigrantes nicaragüenses que llegaron huyendo de la guerra. Pero quizá deben reconocer que el paraíso terrenal no existe – tampoco en Costa Rica.

Francia: como tantos otros, su líder se les ha desinflado. Como Cameron, Obama y antes Sarkozy, Hollande había despertado grandes expectativas. Algunas intervenciones decididas el política exterior (todavía bajo Sarkozy) incluso sugerían que el tándem franco-alemán podría volver a funcionar, con Alemania mandando en lo económico y Francia en los temas políticos. También sobre Siria, ya bajo Hollande, hubo intervenciones verbales fuertes, pero la situación es más compleja que en Libia y las propuestas francesas (armar a los rebeldes) ya no encontraron mucho eco. Es verdad que ya no arden lo suburbios de París pero el auge de la extrema derecha se debe sin duda no sólo a los intentos de Marine Le Pen (boicoteados por las estúpidas declaraciones de su padre) por dar una imagen más centrada del Frente Popular, sino también por el desencanto de muchos ciudadanos. ¿Han pesado también las extrañas -al menos para un partido de izquierdas- medidas de política interior, con expulsiones bastante rudas de gitanos? Quien las impulsara como Ministro del Interior es ahora Primer Ministro, en un gobierno que debe conseguir una recuperación económica que no termina de llegar.

Países Bajos: Como tantos otros de sus colegas en lo que va de siglo (Liechtenstein, Luxemburgo, Bélgica, España… y hasta Bután y Cambodia), la Reina Beztriz ha abdicado. Y los ciudadanos parecen contentos con Máxima venida de Argentina (¿habrá conflictos en su corazón durante algún partido del Mundial?). No ha habido noticias alarmantes en los últimos años, después de asesinatos (del político Pim Fortuyn o del cineasta The Van Gogh en 2002 y 2004) y el atentado contra la familia real en 2009 (éste sin trasfondo islamista), tras años de tensiones con los musulmanes, la situación se ha tranquilizado y los prejuicios negativos han disminuido. Moderadamente euroescéptico y con pocas ganas de aceptar el liderazgo alemán (el pasado reciente pesa mucho), tampoco se empeña en una cerrazón a la inglesa. Quizá falta el vigot de otros tiempos: cuando se está en tierra firme, ganada al mar, y se contempla en gran dique que separa el mar… y se ve que el mar está más alto que la tierra firme en que uno se encuentra: allá hay una voluntad firme para un proyecto recio.

Por el camino quedaron los dos africanos que pasaron a octavos, una vez más, la Copa del Mundo se quedará en América o viajará a Europa. Una pena. ¿Que no supondría para un país como Camerún o Costa de Marfil ser campeón del mundo de fútbol? El sueño tendrá que esperar. El comentario sobre África también.