Año nuevo, metas nuevas

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Fue así como de la noche a la mañana llegó el 2015. Creo no ser la única persona que despertó este jueves con un sinfín de nuevas resoluciones, metas claras y concisas para el nuevo año y la además extremadamente fuerte convicción de que efectivamente podré lograrlas. Si bien espero que ese sea el caso, mi trayectoria de cumplimiento de metas fijadas en años anteriores no es precisamente la más sólida y apuesto a que no soy la única que experimenta este ligero problema. Cuántos de nosotros nos hemos propuesto varias veces ahorrar (aunque sin una idea muy clara de para qué), leer el libro que tenemos estacionado en la mesa de noche desde hace dos meses, hacer más deporte del que estamos acostumbrados (o empezar a hacerlo), etc.

Ya que no siempre somos capaces de cumplir con aquello que nos proponemos, nos enfrentamos a un evidente problema de autocontrol. Este concepto tiene un espacio especial dentro de la economía. Tradicionalmente, se asume que todos los individuos tenemos total autocontrol, situación que se aleja de la realidad y que es recogida por la economía del comportamiento. Esta se sitúa en un universo en el que se tiene un autocontrol limitado aunque con un factor importante que lo condiciona: la fuerza de voluntad.

Daniel Kahneman, cuya extrema importancia en este campo he intentado recoger en columnas anteriores, lo describe de la siguiente manera: dentro de cada persona existe una dualidad de seres, uno que se concentra en el largo plazo y que se dedica a hacer planes y fijar metas, mientras que el otro sólo piensa en el aquí, ahora y en la satisfacción inmediata de nuestros anhelos. Cuando nos encontramos frente a esa deliciosa torta de chocolate que nos están invitando pero luego pensamos en la resolución de año nuevo de bajar 5 kilos, ambos sistemas entran en conflicto y depende de nuestra fuerza de voluntad el ponernos el límite necesario.

Hasta ahora no he hablado de nada nuevo, todos nos hemos encontrado ante estos dilemas y probablemente hemos llegado a las mismas conclusiones a las que los grandes de la economía del comportamiento han puesto por escrito. Por tal motivo, la principal contribución podría ser el importante rol que juega la conciencia que deben tener los individuos sobre su propia capacidad de autocontrol.

Así por ejemplo, el gran doctor en economía Dan Ariely describe un experimento que realizó mientras fuese catedrático en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). Al iniciar clases, indicó a sus alumnos que debían entregar tres trabajos de investigación a lo largo del semestre, los cuales influirían en su clasificación final. Cuando los alumnos preguntaron cuál era la fecha de entrega, el profesor indicó que podrían entregarlos en la fecha que cada uno considerara conveniente (antes de que terminara el curso por supuesto). Sólo había una condición, la fecha de entrega de cada trabajo debía ser fijada con anterioridad  por cada alumno y si la incumplían habría una penalidad por cada día de retraso (no habría bonificación alguna por entregarlo antes de lo pactado). Se cuenta el caso de alumnos que señalaron que lo mejor sería fijar todas las fechas de entrega hacia el final del curso y así darse un mayor tiempo de trabajo, lo cual sería la mejor opción para un alumno organizado. Pero qué sucede si uno es consciente de tener un bajo autocontrol, esto es, de la propia tendencia a postergar las tareas y de la alta probabilidad de que se juntaran todos los trabajos en los últimos días. La mayoría de los alumnos, conscientes de este potencial problema, tendieron a fijar fechas de entrega espaciadas.

Las notas de estos alumnos fueron comparadas con las de otras secciones del mismo curso a quienes se les dio total libertad en las fechas de entrega y no se les impuso la restricción previamente descrita. Los primeros, al otorgárseles un mecanismo de control, tuvieron mejores resultados que los segundos producto de una mejor organización. No obstante, sus calificaciones fueron más bajas que las de otros salones en los que se instauraron fechas de entrega totalmente fijas e inamovibles, descritas como casi “dictatoriales”.

En otras palabras, si se otorga a las personas mecanismos de control que ellos mismos puedan personalizar, podría hacerse más sencillo el cumplimiento de las metas propias. Un mecanismo podría ser el  crear de manera artificial a ese “dictador”, un tercero que de alguna manera u otra controle o por lo menos haga un monitoreo de nuestro progreso. Con todo esto los animo a seguir adelante, a no rendirse y hacer que este año sea uno lleno de retos; retos y metas cumplidas.