Antauro Huamala vs Dina Boluarte ¿El etnocacerismo contraataca?, por Piero Gayozzo

«Antauro no dudó en afirmar que el etnocacerismo se mantendría atento a las decisiones de Dina Boluarte y dependiendo de ellas, la respaldaría o se le opondría.»

1.813

Antauro Huamala vs Dina Boluarte ¿El etnocacerismo contraataca?

Desde que salió de prisión, Antauro Humala ha procurado reorganizar su movimiento, convertirlo en un partido político y movilizar a la gente del interior del país en torno a su discurso e ideología postfascistas. Una actitud que le ha significado cierta llegada a quienes serían sus potenciales votantes para el 2026, pero que también lo ha puesto en la mira de la prensa y del Congreso por sus declaraciones abiertamente antidemocráticas.

Ahora, los más recientes acontecimientos políticos han creado un clima de incertidumbre para toda la población y, naturalmente, han repercutido sobre Antauro Humala y sus planes. En los últimos días, el líder etnocacerista ha tenido que cambiar su discurso y adecuarse a las demandas de los manifestantes, a la vez que virar de un apoyo a un abierto rechazo a Dina Boluarte, la actual presidente de la República. Repasemos las acciones del etnocacerismo.

Antauro Humala en el norte

La estrategia etnocacerista se ha centrado en la realización de una gira por el interior del país que apunta a la formación de un Frente Patriótico y a la promoción del pensamiento etnocacerista entre la población. La primera etapa de la campaña incluyó las regiones sur y centro del país; la segunda, tenía por objeto visitar las regiones del norte y de la selva.

La primera etapa tuvo una duración promedio de casi tres meses y puede decirse que se caracterizó por ser un tiempo de evolución del liderazgo de Antauro Humala. Al prestar atención a los mítines puede notarse que transitó de ser un tímido orador de plaza a un intento de Mussolini que se dirige a la población con un discurso más estructurado lleno de clichés propagandísticos que apelan a la muerte y el revanchismo. Durante estos meses fue posible notar que cierto sector de la población lo respalda y que su influencia política no debe desestimarse.

La segunda etapa inició casi de inmediato, en diciembre, pero, a propósito de los disturbios que le siguieron al golpe de Estado de Pedro Castillo, no tuvo mayor duración que unos cuantos días. Aun así, a principios del mes Antauro estuvo recorriendo la región de La Libertad y si se presta atención a sus comentarios, puede notarse cómo ha venido trabajando una narrativa ambivalente y provocativa.

 

Antauro Humala en Chiquitoy, La Libertad. (Fuente: YouTube).

La ambivalencia puede notarse cuando Antauro es cuestionado acerca de Pedro Castillo, quien se dice que tuvo participación en su liberación anticipada. Durante una entrevista al medio Sol TV Perú, aprovechó para minimizar las acusaciones de corrupción contra el entonces presidente de la República y, de paso, posicionarse como un héroe de la patria que fue perseguido por su participación en el Andahuaylazo.  En efecto, sobre Castillo, dijo que debían probársele las acusaciones y sospechas, pues no podía confiar en un Poder Judicial que también lo había condenado falsamente por el “supuesto” asesinato y secuestro de policías. Hasta este momento, puede notarse que Antauro seguía evaluando si apoyar o no a Castillo.

Días después, en la provincia de Chiquitoy durante una reunión con simpatizantes, describió el panorama peruano y adelantó que el caos se avecinaba. Por aquellas fechas en Huanta, Ayacucho, un grupo de manifestantes atacó la sede local de la Fiscalía de la Nación como respuesta a la liberación de los implicados en el asesinato de un menor de edad. Antauro se refirió a este suceso como una evidencia de que se asomaba una guerra reivindicativa del pueblo peruano. Un mensaje provocador que pretendía ser una antesala de la violencia que tenía planeado desatar en marzo del 2023.

Del Crimen de Estado al cierre del Congreso

Para reunir cuadros y extender su influencia, la estrategia etnocacerista tuvo que recurrir a la promoción de su narrativa, la cual cumple con, al menos, dos aspectos ideológicos que son propios del pensamiento fascista: la revisión histórica, aquello que Griffin denominó como el desafío del tiempo (Griffin, 2007), y el lanzamiento de una revolución que dé paso a su revuelta contracultural.

Por un lado, Antauro Humala ha hecho todo lo posible por promover la tesis del Estado asesino o crimen de Estado. Para justificar y legitimar el hito que marca el nacimiento del etnocacerismo antaurista [1], el levantamiento de Andahuaylas, Antauro Humala debe primero resolver el problema que le genera la muerte de cuatro policías durante aquel enfrentamiento. La única forma de lograrlo es apelando a una teoría conspirativa según la cual el Estado criollo, el gobierno peruano, manifestado en sus propias fuerzas militares y dirigidas por Alejandro Toledo, atentó contra la vida de los efectivos policiales detenidos por los etnocaceristas con el único propósito de deslegitimar el Andahuaylazo y desarticular la revuelta. Con esta narrativa, Antauro queda exento del rótulo de asesino de policías y se vuelve una víctima del sistema. Esta teorización conspirativa (el-Ojeili, 2020) sirve para engrandecer su figura y venderlo como el caudillo prometido que dio un tiempo valioso de su vida tras las rejas (17 años), únicamente por su amor al Perú y el deseo de acabar con la corrupción. La tesis del Crimen de Estado es poderosa porque cumple con el propósito de justificar la mitificación de Antauro y vender al Estado como enemigo de las masas y de los intereses populares. Es a todas luces una revisión histórica con la que el etnocacerismo puede sustentar su lugar en la contienda política peruana contemporánea apuntando a ser un movimiento de masas y no quedar relegado a un limitado espacio de acción.

Por otro lado, desde el comienzo el proyecto etnocacerista ha intentado revivir el Tawantinsuyo. Nunca ha escondido este objetivo; sin embargo, Antauro y sus aliados saben que, para crear su proyecto alternativo de modernidad, debe desatar una revolución, ya sea pacífica a través de la consecución de la victoria de su discurso disruptivo en las urnas, o, mediante el uso de la fuerza. Motivado más por la segunda estrategia, el etnocacerismo propuso reunir medio millón de ciudadanos a lo largo de sus mítines en el interior del país e invitarlos a marchar hacia Lima para que juntos cierren el Congreso en marzo del próximo año (Forja de la Segunda República). Con este acto simbólico iniciaría finalmente la revuelta contracultural etnocacerista, aquella cargada de reivindicaciones a la cultura, moral y religiosidad incaica y férrea oposición a los valores occidentales, neoliberales y eurocentristas, y se construiría el tan ansiado Segundo Imperio Tawantinsuyano en el que la mayoría cobriza o andina gobierne. Es posible notar que, como buen exponente del postfascismo, adopta, coincidentemente, la tesis etnopluralista (Spektorowski, 2014) de intelectuales postfascistas como Guillaume Faye y Alexander Dugin.

Todo lo anterior ha sido una descripción de la estrategia del etnocacerismo en los días previos al inicio de las manifestaciones.

El Golpe de Estado de Pedro Castillo

El miércoles 7 de diciembre el entonces presidente Pedro Castillo decidió arremeter contra el orden constitucional y, luego de acusar a la oposición de no haberlo dejado gobernar por motivos racistas, decidió arbitrariamente disolver el Congreso de la República. Aunque dicho intento fracasó en tan solo cuatro horas y se nombró a Dina Boluarte como presidente de la República, una nueva crisis política se había desatado.

La disolución del Congreso significó el fin de Castillo en el Ejecutivo, pero no de la influencia perulibrista en la sociedad ni de sus ansias de poder. Luego de que el Congreso de la República vacara a Castillo y este fuera detenido por las fuerzas policiales, los antiguos aliados del gobierno se reagruparon y azuzaron distintas movilizaciones en el interior del país.

Poco a poco se aprovechó el encarcelamiento de Castillo para agudizar las diferencias sociales y promover la narrativa de que fue el Congreso de la República el que lo forzó a tomar dicha decisión y aprovechó que no tenía respaldo para tenderle una trampa, en contubernio con Dina Boluarte, y sacarlo del poder. Esta perspectiva fue complementada con la teoría conspirativa esgrimida por Guido Bellido según la cual, Castillo habría sido drogado y forzado a emitir el mensaje a la nación que le costaría el puesto. Al dar a conocer esta descabellada idea, Bellido intentó salvaguardar de cualquier culpa a Castillo, y animar a grupos particulares a protestar por su liberación en Lima y en otras provincias. Al mismo tiempo, otras fuerzas de izquierda vieron en este vacío de poder la oportunidad para introducir el cambio de Constitución como parte de la agenda nacional.

En el trascurso de los días, las manifestaciones se tornaron violentas y de pronto el vandalismo, los ataques a la policía nacional y a la propiedad privada, así como saqueos en diferentes ciudades del país se hicieron frecuentes. La respuesta policial no se hizo esperar y las muertes empezaron a contabilizarse.

El golpe de Estado sorprendió a Antauro Humala en el norte del país, en plena campaña para consolidar a las huestes con las que lanzaría su ofensiva contra la democracia y la corrupción. A las 3 de la tarde del 7 de diciembre, Humala emitió un comunicado en el que utilizó la caída de Castillo como justificación de su tesis de la decadencia del Estado y afirmó que continuaría con los planes de reunir al medio millón de ciudadanos para cerrar el Congreso de la República el 2023. No obstante, un silencio incómodo provino de sus formaciones durante las horas siguientes y el inicio del caos en distintas regiones del país.

El fallido balconazo de la Plaza San Martín

Es así que, ante el estallido de la violencia, Antauro Humala decidió interrumpir sus planes, viajar a Lima y dar a conocer la posición oficial del etnocacerismo. Para ello, convocó a los manifestantes y a los medios a una conferencia de prensa el día 10 de diciembre en la Plaza San Martín. A las palabras frente a la multitud les antecedió un breve monólogo y declaraciones a la prensa alternativa en los que expuso su parecer.

Reconoció la vertiginosidad de los eventos tras la caída de Castillo, pero rechazó que su vacancia y detención fueran la solución. Acusó a la derecha criolla de plantear estas medidas e ignorar que el origen de la crisis actual no es una crisis social más, sino el desenlace de una crisis republicana que tiene casi 30 años gestándose. En efecto, Antauro considera a la Constitución de 1993, promulgada durante el régimen de Alberto Fujimori, como ilegítima y la culpa de permitir la aparición de los “presidelincuentes” que vendieron el país a los intereses extranjeros y dieron inicio a la gran corrupción.

Explicó que el descontento también se debe a la falsedad del crecimiento económico demostrada por la pandemia y la reducción de oportunidades laborales motivada por la inmigración venezolana (invasión extranjera para Antauro). Esta parte del discurso etnocacerista compatibiliza con la crítica de los movimientos y autores antiliberales que auguran el fin del capitalismo y de la globalización, así como el estallido de conflictos sociales y culturales motivados por la inmigración. Una vez más se puede notar una coincidencia con los argumentos de intelectuales postfascistas como Alain de Benoist y Guillaume Faye.

Conferencia de prensa de Antauro Humala en la Plaza San Martin (izquierda; Fuente La República). Balconazo en el que fue abucheado (derecha; Fuente Perú 21).

Volviendo a las declaraciones, Antauro justificó las protestas y el secuestro de policías en Andahuaylas, acciones que denominó como insurgencias de un pueblo que veía la ilegitimidad de la Constitución del 93 y del Congreso de la República. Por ello, fiel a su estilo populista y discurso racial, manifestó que el Frente Patriótico (agrupación política etnocacerista) y sus bases militantes han sido convocados a apoyar las marchas y oponerse al empoderamiento político de la derecha criolla.

En el clima de manifestaciones se filtró un video del Estado Mayor de la Policía Nacional en el que se solicitaba a las dependencias estar atentos a la posible intromisión violentista de los etnocaceristas en las protestas. Con respecto a ello, Antauro exhortó a detener lo que considera es una persecución política contra su persona. Denunció a la policía nacional y a la fiscalía de crear y difundir una narrativa contra el etnocacerismo, cuyo propósito sería el de presentar al movimiento como una amenaza y justificar así su detención arbitraria.

Probablemente se debió al temor que esto último le generó que, Antauro, de forma inesperada, reconoció a Dina Boluarte como presidente del Perú y de forma amigable la instó a solucionar el caos mediante el adelanto de elecciones generales, la restitución de la Constitución de 1979 y la convocatoria de una Asamblea Constituyente. Para que su mensaje posea la contundencia que sus seguidores siempre aguardan, no dudó en afirmar que el etnocacerismo se mantendría atento a las decisiones de Dina Boluarte y dependiendo de ellas, la respaldaría o se le opondría. Para no abandonar sus planes, aseguró que la Forja de la Segunda República, la marcha para cerrar el Congreso programada para marzo del 2023, continuarían su rumbo sin alteraciones.

Luego de responder a la prensa, Antauro se asomó victorioso al balcón y se dirigió al considerable grupo de ciudadanos que yacían en la Plaza San Martín convocados como parte de las protestas contra el nuevo gobierno de Dina Boluarte; sin embargo, la respuesta de la gente no fue la esperada. Rápidamente se oyeron vituperios contra el líder etnocacerista. La gente exigía que aquel era el momento para cerrar el Congreso e iniciar la revolución prometida. Las voces lo tildaban de traidor por reconocer el gobierno de Boluarte, a quien parte de los presentes considera una usurpadora. Al grito de “Fuera mierda”, “Antauro traidor”, “Antauro y Ollanta, la misma porquería” y evitando a una turba que amenazante le reclamaba, el líder etnocacerista tuvo que escapar del lugar. De esta manera fracasó el intento por capitalizar el descontento de las masas en el centro de Lima.

Inmediatamente, Antauro Humala fue entrevistado por los medios del colectivo izquierdista Ágora Popular y dio explicaciones sobre el fallido balconazo. Ante las acusaciones de traición afirmó que son infundadas, pues él no ha traicionado a nadie, mucho menos a Pedro Castilo, quien en ningún momento apoyó a los etnocaceristas ni trabajó por el país. Con respecto a Dina Boluarte, justificó sus palabras indicando que ella era la sucesora legítima del gobierno y antes que gobierne la derecha criolla con Williams, prefiere mantenerla en el poder, evitar que se une a la derecha y apelar a que convoque el adelanto de elecciones. En todo momento hizo notar que su actuar en la plaza fue racional, mientras que las masas presentes estaban gobernadas por la emotividad, y que en ningún momento su intención fue organizar un mitin.

Primera línea de protesta y adelanto del cierre

Al día siguiente, Antauro Humala declaró al medio boliviano BTV Noticias y cambió su discurso. Lo primero que hizo fue pedir disculpas al pueblo y retractarse sobre sus comentarios para con Dina Boluarte, a quien desconoció del cargo y tildó de ser una presidente de facto.

A su vez, exhortó a los etnocaceristas a participar de las marchas y manifestaciones en la “primera línea” y ordenó el adelanto “a la hora actual” del cierre del Congreso programado para marzo del 2023 por el que venía trabajando (Forja de la Segunda República). Por ello, instó a sus seguidores a sumarse a la Toma de Lima (Putsch de Lima).

Aparentemente, el llamado de Antauro ha tenido eco. En redes sociales se observan formaciones de etnocaceristas, reservistas y licenciados de las Fuerzas Armadas recorriendo la ciudad de Lima con dirección al Congreso de la República para, de acuerdo a Ojo Público, exigir su cierre y la liberación de Pedro Castillo. Es importante recordar que no todos los licenciados de las FFAA son etnocaceristas; sin embargo, la sola presencia de estos grupos uniformados en tiempos de crisis deja mucho que desear. En caso de que fueran etnocaceristas, esta sería la nueva ofensiva de Antauro, un intento por aprovechar la situación caótica para hacerse con el poder.

Etnocaceristas, reservistas y licenciados de las FFAA reunidos en el centro de Lima. En la izquierda, reunidos en la Plaza Manco Cápac. (Fuente: Twitter).

Comentarios finales

Durante la campaña presidencial, Castillo había prometido indultar a Antauro y él, en retribución, afirmó que pondría a disposición a sus huestes y se convertiría en un intermediario con las FFAA. Por ello, antes del golpe de Estado, Antauro Humala intentó mostrarse ambivalente con respecto al gobierno de Castillo: ni opositor, por si podía negociar algún favor adicional del Ejecutivo o ganarse a sus simpatizantes, ni aliado, para no levantar suspicacias o quedar como amigo de un presidente potencialmente corrupto. En paralelo, gestaba su plan e iba organizando su movimiento, construyendo una narrativa alternativa a las existentes y ganando el favor de la población, a la cual preparaba para una ofensiva colectiva contra la democracia y sus instituciones.

Una vez que Pedro Castillo decidió disolver el Congreso, el plan de Antauro fue alterado. En ese momento, tuvo que replantear de emergencia sus prioridades y cometió varios errores. En su intento por consolidar una ofensiva contra la democracia, se vio sobrepasado por los últimos acontecimientos. Para empezar, lejos de Lima, el líder etnocacerista no pudo actuar de forma inmediata, pero lo mejor y, para bien de todos los peruanos, fue que no supo canalizar la crisis a su favor. Esto quedó demostrado con el silencio inicial y luego con el fracasado balconazo en la Plaza San Martín. Por ello, para contrarrestar el revés sufrido, el etnocacerismo tuvo que lanzar un desesperado contraataque que resulta a todas luces improvisado; sin embargo, lo colocan una vez más en la disputa por acceder al gobierno. A pesar de ello, se infiere que la capacidad del etnocacerismo para representar y encarnar el descontento popular que se ha gestado en las últimas décadas es limitado. Todavía debe disputar con otras narrativas y hallar su espacio entre ellas, ya sea asimilándolas a su discurso o proponiendo perspectivas alternativas que justifiquen su singular posición política.

Por otro lado, es importante considerar que la filtración del video del Estado Mayor de la PNP puede jugar en contra de los intereses por salvaguardar el orden. Un movimiento como el de Antauro requiere de la identificación de fuerzas políticas opositoras para mostrarlas como persecutoras y legitimar sus demandas. Debe recordarse que el etnocacerismo es un movimiento de revitalización, al puro estilo fascista (Griffin, 2007), pues busca derruir la República criolla por haber servido de instrumento de opresión de la raza cobriza y restaurar una forma de gestión social liderada por las etnias autóctonas (tesis postfascista etnopluralista). Para ello requiere de un liderazgo que ha ido construyéndose y que toma sentido con la denuncia de fuerzas externas (la globalización, Odebrecht y la inmigración) y conspiraciones internas que operan en su contra. Es así que la tesis del Estado criminal y la Forja de la Segunda República, cumplen un rol importante en su proyecto político: son los engranajes con los cuales canalizaría la violencia que podría llevarlo al poder. Por ello, el video de la policía se vuelve una prueba de su narrativa y sustenta sus fines.

Con respecto a la actual crisis, el mayor obstáculo que enfrenta Antauro es el tiempo. Como se ha expuesto, el etnocacerismo posee un discurso que podría enemistar a la población con el Estado y que es distinto a la obsoleta lucha de clases.  Quizás si hubiera tenido más tiempo para promocionar su narrativa, estaríamos viendo un etnocacerismo con mayor protagonismo; sin embargo, no todo está dicho. Todavía hay elementos que puede capitalizar a su favor. Debemos aguardar y ver qué tan capaz es Antauro de compatibilizar su proyecto con las demandas populares y hacer del caos su gran oportunidad.

En las próximas horas y días, de no ser aplacada la turba ni la violencia, veremos cuál es el verdadero poder de convocatoria y organización del etnocacerismo. ¿Serán sus formaciones paramilitares lo suficientemente numerosas y preparadas para dotar de mayor presencia y técnica las revueltas que al día de hoy atraviesa el país? ¿Será Antauro capaz de liderar las manifestaciones o será el inicio de su vertiginoso retorno a prisión?

Lucidez.pe no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.

Notas

[1] Mendieta ha analizado el etnocacerismo y ha diferenciado al menos dos variantes de este sistema de pensamiento. El etnocacerismo en una versión radical, liderada por Antauro, y otra moderada, encarnada en Ollanta Humala. Véase la Tesis de Mendieta sobre el etnocacerismo en: https://tesis.pucp.edu.pe/repositorio/bitstream/handle/20.500.12404/4659/MENDIETA_P%C3%89REZ_MICHAEL_IVAN_CAMISAS%20VERDES.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Referencias

el-Ojeili, C. (2020). Margins I: Post-Fascism. En C. el-Ojeili, The Utopian Constellation. Future-Oriented Social and Political Thought Today (págs. 81-114). Cham: Palgrave Macmillan. doi:https://doi.org/10.1007/978-3-030-32516-9

Griffin, R. (2007). Modernism and Fascism. The Sense of a Beginning under Mussolini and Hitler. New York: Palgrave MacMillan.

Spektorowski, A. (2014). The New Right: Ethno-regionalism, ethno-pluralism and the emergence of a neo-fascist ‘Third Way’. Journal of Political Ideologies, 8(1), 111-130. doi:http://dx.doi.org/10.1080/13569310306084