Antes de escribir o compartir, piensa, por Valeria Arias

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El martes 7 de julio, se hizo pública la denuncia de una joven bailarina, Atenas Zaldívar –a través de un video– afirmando que había sido acosada durante una transmisión en vivo. Al advertir que se trataba de un caso de acoso sexual virtual, no sabía si sentirme indignada o conmovida, creo que fue una mezcla de ambos al leer los comentarios obscenos como “mucha ropa” o “la veo positiva”, dirigidos a Atenas en su clase virtual de baile ¿acaso esto no es un tipo de violencia hacia la mujer?, ¿para esto, realmente, sirven las redes sociales?

Es evidente que nos encontramos frente a un tipo de violencia contra la mujer, que se ha definido como acoso cibernético, entendido como la acción realizada por una o más personas para amenazar, avergonzar, intimidar o criticar (Foro del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, 2019).

La protección a la mujer frente a cualquier tipo de violencia es una política de Estado transversal. En el 2018 se registraron 910 casos de acoso cibernético y, en el 2019 se sancionó, por primer vez, por acoso cibernético a Alex Álvarez Silvera, con cuatro años y ocho meses de cárcel (RPP Noticias, 2019). En ese sentido, comparto la posición de Jeysira Dorantes (2016) al referir que las redes sociales ayudan al ser humano a comunicarse a grandes distancias, interactuar entre distintas personas o entablar nuevas formas de trabajo y de comercio. Pero, es inaceptable que, sirvan de instrumento para destruir o dañar a las personas , mediante el acoso cibernético.

Actualmente, estamos frente a una revolución digital, donde el acoso sexual ha saltado del espacio físico al virtual, es decir, el cyber acoso existe, es real, y negarlo sería como tapar el sol con un dedo. No podemos decir que estos actos solo ocurren en nuestras calles, domicilios o lugares de reunión. Las redes sociales son un claro ejemplo de nuestra sociedad, y en ellas podemos ver los mismos estereotipos y comportamientos que en la vida real (Rey. A, 2017).

Como diría Vania Masías, directora de la academia de baile donde trabaja Atenas Zaldivar: “Ya basta, no normalicemos el acoso virtual”. En efecto, no podemos, ni debemos tolerar, porque daña la estabilidad emocional y psicológica de la persona.

Las redes sociales no son un paraíso ni un refugio en donde las personas, gracias al anonimato o alteración de su identidad, den rienda suelta a conductas agresivas, amenazantes e hirientes contra personas.

Alcemos la voz y tomemos conciencia de que todos tenemos derecho a compartir o participar en las redes sociales. La culpa no es de quien publique algo, sino del agresor que emite comentarios denigrantes hacia terceros.

Y, para ustedes las o los agredidos, no se limiten a compartir que han sido victimas de dicho acoso. ¡Denuncien!, este es un delito el cual se encuentra sancionado en el Código Penal.

Tengamos la valentía y decisión de denunciarlos, a fin de que esto se pueda controlar.

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