La verdad de las encuestas, por Gonzalo Ramírez de la Torre

Muchos usuarios de las redes sociales, como el señor Rafael Rey, no parecen saber de qué hablan cuando critican las encuestas.

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Tres encuestadoras dieron cuenta la semana pasada de que la aprobación del presidente Martín Vizcarra ha subido drásticamente. Las explicaciones para esta situación parecen evidentes, considerando cómo el jefe de Estado no ha ahorrado en gestos que le supongan el aplauso de las tribunas (como la cuestión de confianza o la insólita medida contra los refugiados venezolanos). Sin embargo, algunos políticos y opinólogos peruanos se han animado a presentar otras teorías para encontrarle sentido a los resultados y muchas han tenido que ver con la credibilidad de las empresas que los presentan.

El caso más paradigmático ha sido, sin duda, el de uno de los miembros del directorio del Banco Central de Reserva (BCR), Rafael Rey. En Twitter, el también ex congresista comparte un sondeo virtual (hecho con una herramienta que la red social pone a disposición de sus usuarios) conducida por una conocida twittera conservadora que “revela” que Vizcarra, de hecho, no tiene la aprobación que las encuestadoras le arrogan, sino apenas 20%. Así, Rey comenta: “Miren. Han votado casi 6 mil. (En twitter votan todos. Hasta troles pagados por el gobierno) Ni así, Vizcarra pasa del 20% de aprobación. Y quieren que creamos las encuestas pagadas por la mermeprensa donde dicen que Vizcarra tiene aprobación de 58%. No jodan!” (sic).

La verdad es, sin embargo, que existen muchos problemas en el razonamiento del señor Rey y para ello solo hay dos explicaciones posibles: busca desinformar o simplemente no sabe de lo que está hablando. Vayamos por partes.

Hablemos primero de las dramáticas diferencias que hay entre los sondeos hechos en Twitter y las encuestas conducidas por empresas especializadas. Para entender el trabajo de las últimas basta con investigar un poco sobre cómo operan las encuestadoras. Gallup, por ejemplo, en un artículo titulado “¿Cómo se llevan a cabo las encuestas?”, ofrece un principio clave: el método empleado debe garantizar que todos los ciudadanos de la zona estudiada tengan la misma probabilidad de ser entrevistados. Esto logra resultados que, con la participación de entre 1.000 a 1.500 personas, pueden dar (con un margen de error de 3%) una idea bastante precisa del sentir de toda la población. Pero ¿por qué no encuestan a más personas? Como explica Gallup, pasadas los 1.500 consultados, el margen de error no se reduce lo suficiente como para que valga la pena el gasto que entraña llegar a más personas.

Si bien el concepto a desarrollar es simple, ponerlo en práctica es difícil y eso es justamente lo que diferencia el trabajo de estas empresas del que hace un usuario entusiasta en Twitter. El método de las encuestadoras para llegar a ciudadanos aleatorios varía, pero es lo que les permite, por ejemplo, calcular el resultado de una elección, como hicieron Ipsos y Datum en el 2016. En un sondeo en Twitter, esa aleatoriedad simplemente no se da y todos los ciudadanos no tienen la misma probabilidad de ser alcanzados por él. ¿Por qué? Simple. Para empezar, el solo hecho de que la consulta se haga por Internet hace imposible que el 51,3% (INEI, 2017) de peruanos  pueda acceder a ella. A eso súmele que solo pueden participar los usuarios de Twitter y de ellos los que logren ver el sondeo en la red social (que suelen ser, en su mayoría, los seguidores y simpatizantes de la persona que la planteó, lo que sesga aún más el resultado). Así, poco importa que sean 10.000 participantes, la consulta twittera, a diferencia de lo que cree el señor Rey, no será representativa y darla a conocer como tal es engañoso e irresponsable.

Pero la interpretación antojadiza que hace el señor Rey del funcionamiento de las encuestas no es la única que merece ser comentada. El ex legislador también sugiere que estas no son válidas por haber sido financiadas por lo que él califica como “la mermeprensa” (en alusión a los medios que acogen publicidad estatal) que, según parece creer, busca lavarle la cara al gobierno. Pero cabe la pregunta ¿cómo se beneficiaría una empresa encuestadora vendiéndose al mejor postor cuando su activo más importante es la credibilidad? Aparte de la prensa, estas empresas son contratadas por muchas compañías para hacer estudios de mercado y la precisión de esos datos es fundamental.

Además, la publicidad estatal en medios de comunicación y las encuestas de aprobación trascienden al gobierno de Martín Vizcarra. Si existiese el contubernio que Rey describe, también se habrían visto beneficiados Ollanta Humala, Alan García y Alejandro Toledo (ninguno cerró su gobierno con más de 50% de respaldo).

En suma, si el señor Rey quiere criticar o poner en tela de juicio la credibilidad de las encuestadoras, está en todo su derecho. Sin embargo, habría que recomendarle que procure sustentar sus opiniones con evidencias y no con sondeos engañosos de Twitter solo porque le dan la razón. Para este fin, podría preocuparse por investigar un poco cómo funciona aquello que critica.

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