Apuntes desde la vieja Europa (I): España

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Si uno no lo supiera, diría que no existe: Madrid, como siempre, está llena de vida. Llenas las terrazas, llenos los restaurantes, llenas las cafeterías. La ciudad bulle. Pero la gente, mucha gente, te dice que la recuperación económica de que habla el gobierno aun no ha llegado a la calle, que sigue habiendo muchos problemas para llegar a fin de mes. Es un poco misterioso todo, pero quizá es que muchos españoles prefieren mantener esa vida, esa ebullición… al menos hasta el veintitantos de cada mes que llegar más holgados pero con menos calidad de vida.

Se ve bastante policía en las zonas turísticas. Y es que saben lo que se juegan: si empezara a generarse un clima en el que roban al turista (más de lo estrictamente necesario) y el turismo se retrajera, estaría de verdad en juego la economía del país. Madrid rebosa ya de turistas todo el año: no hay temporada. Barcelona hace tiempo ya que rebosó. Y dicen las estadísticas que este año ha generado -comparado con las mismas fechas del año pasado- un 7.4% más de ingresos. El turismo está desde luego contribuyendo de forma muy sustancial a que la crisis no haya supuesto un derrumbe.

Mientras tanto, dos terremotos sacuden el país: ha dimitido el Ministro de Justicia, Albert Ruiz Gallardón porque la reforma de la ley del aborto, reforma mencionada en el programa electoral del Partido Popular antes de las últimas elecciones, que ganó, se va a quedar en una mini-reforma (sólo cambia un punto de la ley actual: las menores de edad van a necesitar permiso paterno para abortar). Ruiz Gallardón había planteado una reforma mucho más amplia y hace muy pocos días el Presidente de Gobierno, Mariano Rajoy, le desautorizó públicamente y declaró que la reforma no saldría adelante. Ruiz-Gallardón, político de raza, antiguo alcalde de Madrid (donde hizo mucho, aunque dejó una ciudad tremendamente endeudada), se sintió traicionado. En algún momento se le vio como futuro candidato a la Presidencia de Gobierno; ahora se dedicará probablemente (nada ha dicho al respecto) a la empresa privada, como tantos de los dimitidos anteriores.

¿Lecciones de este asunto? Rajoy se guía más por los vientos del electorado que por los valores (en efecto, ni en su partido tiene una mayoría para una ley restrictiva del aborto) y es más hombre de esperar a que deje de llover que de la acción fuerte. Y, curioso dato, todos los periódicos informan cómo hasta aquí se ha dicho: es un juego de poder y, quien pierde, se va. ¿Por qué nadie dice que Ruiz-Gallardón se va porque en conciencia está convencido de que esa ley debe ser reformada? Sería posible, ¿no?

Sobre Catalunya, mientras tanto, nadie sabe cómo seguirá el tema. Que Artur Mas, el presidente catalán, convocará la consulta está claro. Que el gobierno recurrirá al Tribunal Constitucional y éste declarará que es inconstitucional, esto también está claro. Y ahí se acaba la claridad. ¿Qué pasará después? Hace mucho tiempo que una parte importante de la población, en Catalunya y fuera de ella, ha dejado de lado la racionalidad: los “argumentos” son una mezcla de vivencias, experiencias, agravios, desencuentros, prejuicios confirmados.

¿Habrá choque de trenes? ¿O cederá alguno de los dos? ¿En qué dirección? Artur Mas ha acabado prisionero en manos de sus compañeros de viaje del partido Esquerra Republicana, que en un anterior gobierno tripartito dejaron las arcas catalanas completamente exhaustas. En sus propias filas, una colación de dos partidos, ¿los demócratas cristianos hasta dónde le acompañarán en este viaje?

Mientras tanto, se resiente la imagen exterior de España. En la nueva dirección de la Comisión Europea, España se ha tenido con conformar con un puesto de rango menor (nada del esplendor de contar con el Comisario de Competencia o -antes- de Economía. Y con el responsable de las relaciones exteriores. Se aceptó esta “rebaja” porque parecía que Luis de Guindos, actual Ministro de Economía, pasaría a presidir el “Eurogrupo”, el organismo de coordinación de la zona euro. Pero esto ya no está tan claro.

Tan poco claro como el que España obtenga uno de los puestos rotatorios en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Brasil no lo apoya, la Commonwealth va con otro candidato: Nueva Zelanda. Es dudoso que el prestigio de España pueda remontar.

En la calle, sin embargo, todo esto importa poco. Las cafeterías están llenas…