Argentina: Primera escuela sustentable, por Inés Yábar

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Vivir un año en Japón me ha enseñado mucho de la educación. Una educación que es más que un salón de clases y mucho más que un par de libros a aprender. Esta semana estuve en Kyoto y en el jardín botánico muchos niños dibujaban. Estaban haciendo su clase de arte afuera, pintando las flores del lugar. Además de Japón, hay otros países que están apostando por una educación que prepara más a una vida adulta. La ONG Tagma (de Uruguay), promueve la construcción de un colegio sustentable en cada país de América Latina. La idea es que la educación genere desde pequeños, un deseo de respetar el planeta y vivir en armonía con la naturaleza. En Argentina, un colegio ha abierto sus puertas con la idea de inculcar desde pequeños la sustentabilidad.

Es la primera escuela sustentable de Argentina y está en Mar Chiquita. Desde su construcción es ecológica ya que reutiliza residuos para generar recursos. El nombre de este método es “Earthship” que se traduce como NaveTierra al español. Para crear el lugar han usado 2200 llantas, 14000 latas, 5000 botellas y 2000 metros cuadrados de cartón. No será solo un lugar de aprendizaje sino un lugar de vivencias dentro de un “edificio vivo”.

Otra característica de la construcción, hecha en 45 días, es que es hecha por voluntarios. Ellos vienen de diversas partes del mundo para aprender sobre el método y hasta replicarlo en sus propios países. ¿Por qué dar tiempo a un proyecto así por un corto espacio de tiempo?: en las palabras de Michael Roon: “Me di cuenta que este tipo de construcción es lógico porque no produce los gastos que la construcción normal conlleva y, al mismo tiempo, genera un impacto positivo, al transformar la basura en recursos. Después de ver todo esto no hay vuelta atrás, ya me llevo la idea de que mi hotel será construido bajo este modelo”.

La inauguración fue el 19 de abril y el mensaje que se quiere enviar es que se pueden hacer las cosas de manera diferente. La técnica, según Coluccio (una ingeniera quimica parte del proyecto), es una excusa pero lo valorable es ser conscientes que cada uno puede medir y disminuir el impacto de sus acciones. El edificio, autosuficiente, recoge agua de lluvia, reusa agua de 5 maneras diferentes con el adecuado filtrado, usa energías renovables y otras cosas más. Más allá de los beneficios ambientales, una de las participantes lo resume muy bien: “La escuela es un semillero de una nueva generación que va a entender la importancia del respeto y el cuidado a la tierra.”

No hace falta ir a una escuela alternativa o ser parte de la construcción de un colegio sostenible para entender la importancia de la educación en los valores inculcados en cada generación. Seamos parte activa de dar una educación de calidad a personas que luego son ciudadanos en el mundo que les estamos dejando. Para ser una influencia positiva en la próxima generación, tú ¿qué estás haciendo?

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