Atrincherados en el Poder Legislativo: ¿Qué sigue?, por Victor Avendaño

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Al parecer el protagonismo personalísimo de los congresistas de aferrarse al poder político del Parlamento interesa más frente a cualquier otra medida que apueste por atender la mejora de la participación ciudadana y política hacia el Bicentenario del Perú. Así, entre idas y venidas, pasando de negociación en negociación, en cada sector político, los congresistas aprobaron en el Pleno del Congreso los seis proyectos de reforma, claro está, sin seguir el desarrollo integral y la naturaleza técnica en cómo estas fueron elaboradas por la Comisión de Alto Nivel para la Reforma Política.

De hecho, es oportuno mencionar que estas reformas del Ejecutivo versaban sobre temas trascendentales en torno al impedimento para candidatos con sentencias, inscripción, cancelación y financiamiento de las organizaciones políticas, inmunidad parlamentaria y paridad y alternancia en las candidaturas de elección popular. Si bien no existe oposición a que las reformas puedan ser discutidas en el plano de las ideas, pero de ahí a querer contravenir en su sentido, manteniendo lo anterior, pues no hemos aprendido en cambiar nada.

Entonces, ¿por qué mantener el status-quo? Porque para los congresistas es fundamental que las hoy organizaciones políticas sigan respondiendo a los interés particulares y se negocien los votos en las listas, sin impedir que una vez electos no puedan ser desaforados. Las reglas de juego se siguen normalizando. Poco o nada se ha hecho para la búsqueda de la mejora en las próximas elecciones generales del 2021. Como se recuerda, desde inicios de la presentación de las reformas, la Comisión de Constitución ha venido trabajando a pasos lentos en torno a la aprobación de los proyectos desde la etapa de los dictámenes hasta su ratificación en el Pleno.

Frente a ello, se advierte, precisamente que las propuestas de reforma política se constituyen en una medida para la mejora de la democracia nacional y de la participación popular en los cargos de elección. No existiendo, al parecer, voluntad política de los congresistas en mejorar la democracia, se puede advertir que las reformas políticas fueron aprobadas frente a una posible temeraria de disolución del Congreso.

Así, la esencia de la naturalidad de los textos aprobados es ambigua; toda vez que el Congreso al parecer crea un modelo de reforma con parches paralelo al propuesto por la Comisión de Alto Nivel. Dicho modelo paralelo está constituido en una mera aplicación parcial en el tiempo que representa más de lo mismo del actual sistema político nacional.

En ese sentido, ¿las reformas aprobadas siguen siendo reformas? Eso lo decidirá el presidente Vizcarra en su mensaje a la nación por 28 de julio, teniendo las facultades que le otorga la Constitución. Así, también cabe preguntarse si es que en el imaginario de los congresistas, ¿existe aún la posibilidad de que el Congreso recurra al Tribunal Constitucional para un pronunciamiento?

Finalmente, somos conscientes que la apuesta por la reforma del sistema político ya ha empezado en esta legislatura y, en consecuencia, esta no debe perderse en el tiempo, sino, más bien el procurar e incentivar espacios de diálogo académico en torno a estos temas con el aporte de nuevas propuestas para el fortalecimiento de la democracia.

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