Aventuras en la nieve

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La semana pasada experimenté mi primera tormenta de nieve. Como todo era novedad, abrir la puerta de mi casa y caminar con la nieve hasta casi la cintura me hizo recordar lo feliz que me hacía la piscina de pelotitas del Bembos de la Av. Benavides. Durante los primeros días, ver todo blanco a mi alrededor, hacer hombres de nieve y echarme en el suelo a hacer angelitos me parecía la cosa mas divertida del mundo. Pero poco a poco, como con todo en la vida, la novedad se desvaneció y empezó la rutina. Y tuve que empezar a acostumbrarme a convivir con esta nueva realidad que, como luego fui descubriendo, trae consigo una serie de peligros y rituales a los que tendré que adaptarme.

Lo primero que aprendí, por experiencia propia, es que para jugar en la nieve hay que usar guantes. Ya sé que suena obvio, pero por mi falta de experiencia tuve que salir corriendo al baño para remojar mis manos en agua hirviendo antes de que se me caigan los meñiques. Otra cosa que aprendí, por ejemplo, es que vivir en una ciudad de clima gélido trae consigo una serie de peligros. Así como en Lima nos puede caer una roca en el techo del carro por los desprendimientos de la Costa Verde o el falso techo de la oficina en la cabeza durante un temblor, acá el peligro es que te caiga una estalactita en la cabeza caminando por la calle (¡!). Sí, ayer vi varias colgando de los techos de las casas y los árboles.

Es peligroso también, en esta época del año, encender tu carro luego de una tormenta de nieve. Si la salida del tubo de escape se encuentra tapada de nieve, los gases del mismo pueden regresar a la cabina e intoxicar a los pasajeros. Dos jóvenes murieron de esa manera intentando calentarse en su carro el año pasado. Otro de los peligros del invierno es el que viene asociado a hacer grandes esfuerzos en el frío. Por ejemplo, sacar la nieve de la entrada de tu casa, a una temperatura de -12ºC, como acabo de hacer. Dicen que hacer esto le trae más esfuerzo a tu corazón que trotar. El incremento en la presión sanguínea, mezclado con el aire frío, aparentemente puede ocasionarte un infarto. El movimiento que haces al cargar la nieve del piso, te puede traer lesiones en la espalda baja y las bajas temperaturas pueden hacer que se te congelen los dedos (aún con guantes) hasta el punto en que se rompen como hielo (tal cual, como en las películas de alpinismo).

Pero el buen ciudadano de Cambridge limpia la entrada y la vereda de su casa todos los días que haya nieve. El popular “shoveling”, como le dicen acá, consta básicamente en arrimar la nieve de la puerta de tu casa, haciendo un caminito que continúe lo largo de la vereda de tu casa. Hasta ayer, me había librado de la “agradable” faena, ya que vivo en un edificio y no me había tocado limpiar. Sin embargo, esta vez me tocó a mí y no tenía excusa. Me puse entonces mi gorro, guantes y casaca, y lampa en mano empecé a cargar la nieve del piso y arrojarla hacia un costado. Básicamente, tiras la nieve a donde mejor puedas: en este caso, el depósito elegido fue el carro que se estacionó frente a mi puerta (lo siento por el dueño). De cualquier forma, ya tenía nieve hasta los retrovisores.

He confirmado que definitivamente no tengo talento para hacer trabajos pesados, ya que el dolor de espalda me está matando, y estoy segura de que si me quedaba dos minutos más afuera iba a perder por lo menos dos falanges. Terminada mi tarea, miré orgullosa el camino que cavé en la nieve para poder circular por la ciudad sin mayor problema.

No obstante, este sistema tiene dos problemas. El primero, es que no todos en Cambridge son buenos ciudadanos. Nunca falta el simpático que no limpió la vereda y de pronto te encuentras en un callejón sin salida, donde no te queda otra que hundirte en la nieve o dar media vuelta y tratar de caminar por la pista. El segundo problema es que si todos arrimamos la nieve hacia la pista y luego viene el camión de la municipalidad y arrima la nieve de la pista hacia la vereda, se va acumulando una pared de nieve entre ambas que convierte la ciudad en un laberinto, impidiendo que uno cruce la pista si no es por los pasajes que están cavados. Van dos semanas desde que empezó a nevar y el muro en algunas partes de la ciudad me llega a los hombros. Estimados señores de la municipalidad: “Derriben este muro”.