Ay sí, ay sí, sin religión lo de París no hubiera pasado, por Aldo Llanos

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Paris está convulsionado y pareciera ser que sus calles de tiempo en tiempo están destinadas a mancharse con sangre. ¡Busquemos a los culpables y agarrémoslos sans culottes! Abdelhamid Abaaoud ha caído abatido mismo queso roquefort a pesar de haberse jactado de entrar y salir de Europa mismo Napoleón en campaña. Pero al término de estas líneas, ya habían 129 personas muertas, y unas 352 heridas, que habían sido inmoladas en diversos santuarios del ocio post moderno: locales nocturnos y el estadio de fútbol de Saint Denis. Ojo.

Pero tampoco se hicieron esperar los que aprovechan este tipo de situaciones para enrostrarle culpas a los que siempre les parecieron insoportables y al grito de ¡Ateísmo akbar!, descerrajan argumentaciones de todo tipo para liquidar todo rastro de creencia en otro mundo que no sea la maravillosa sociedad secularista. “Ay sí, ay sí, si no hubiera religión lo de París nunca hubiera pasado”. Ya cuñao.

Mientras tanto el social-confuso de Hollande salió con la misma retórica caviar de siempre. Frente al parlamento galo empezó diciendo que “Francia estaba en guerra (contra el terror)”, para repetir la palabra “guerra” doce veces más. Luego hizo un “llamado” a una coalición internacional y finalmente planteó cambiar la Constitución sobre todo en los artículos 16 y 36 que se refieren a los poderes extraordinarios de un gobernante en situaciones de emergencia. Bla, bla, bla. ¿Pero todo esto contra quiénes?, ¿contra unos desalmados terroristas-integristas-fundamentalistas y anti Julie Gayetistas?, oh sí, ¡dale un fusil a esos fumadores de opio del pueblo camarada y verás de qué son capaces!

Pero, esto solo revela una marcada miopía analítica ya que para empezar, estos terroristas del ISIS vivían perfectamente al modo y usanzas del paraíso secularista que promueven los actores anti-teístas de izquierdas (caviares) y de derechas (neoliberales). Estos yihadistas calzaban Le Coq Sportif y sabían de memoria el ¡Marchons, marchons, qu’un sang impur, abreuve nos sillons! Si hacemos un repaso descubriremos que estos terroristas no eran unos bichos raros sino auténticos ciudadanos del paraíso secularista europeo: El 2009, Amedy Coulibaly, autor del atentado en el mercado judío de Saint-Mandé, fue premiado por su dedicación en la fábrica de Coca Cola en la que se instruía laboralmente. Los hermanos Kouachi, principales autores materiales de la matanza de Charlie Hebdo, estudiaron en un centro educativo laico (léase laicista ya que este se ubicaba en un distrito ganado por la izquierda durante más de diez años), perteneciente a la Fundación Claude-Pompidou. Sí, sí, sí, se pasaron horas estudiando a Voltaire, Rousseau y a otros genios del Estado “laico”. Mientras que el agujereado Abaaoud, estudió en la prestigiosa escuela belga Saint-Pierre d’Uccle, una centenaria escuela religiosa católica devenida en “progre”. ¿Qué mejor educación que esa?

¿Por qué estos jóvenes son seducidos por el ISIS y no por la sociedad occidental del bienestar?, ¿por qué quieren aprender la sharia y el Corán si tienen educación gratuita estatal, científica y humanística aconfesional?, ¿por qué quieren morir desangrados en ataques suicidas si tienen una magnífica red estatal de salud pública que les regala condones y píldoras anticonceptivas para satisfacer sus necesidades de bajo vientre sin el peso de las consecuencias?, ¿por qué ir a contracorriente si ahora puedes gritar que eres gay e incluso casarte y adoptar niños sin que te arrojen de lo alto de una torre?

La respuesta es fácil, porque ese “bienestar” no es BIEN-ESTAR. Porque no se puede estar bien en una familia, en un continente que termina por llamar “familia” a cualquier cosa. Porque no se puede estar bien en un continente en donde ya no se puede morir heroicamente por un ideal trascendente sino al simple pedido de una “muerte digna”. Porque no se puede estar bien en un continente en donde tu naturaleza no significa nada, en donde basta con verse como mujer y tener barba para ganar un concurso musical. Porque como diría Fabrice Hadjadj, no se puede estar bien en un continente en donde se busca defender la libertad de expresión de Charlie Hebdo, cuando esta libertad no tiene una Buena Nueva (Evangelio) que expresar.