Balance general al día 114

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Mañana daré mi último examen final del ciclo. Sí. Se acabó tan rápido. Un examen más y no sabré qué hacer con mi tiempo, ya que las actividades que antes copaban mi agenda desaparecerán de un día para otro. No sólo eso, pues todos mis compañeros de clase huirán de la ciudad antes que podamos  al menos darnos cuenta que ya hemos terminado el 25% del programa. Lo cual no es poca cosa. Me habían aconsejado muchas veces que aproveche el tiempo acá porque se pasa volando, y realmente acá el tiempo vuela a velocidades insospechadas. La experiencia de estar acá me ha generado muchas sorpresas; sobre el sistema, sobre las personas, y sobre mi misma:

Por ejemplo, no soy la única que a veces se siente un poco como que la oficina de admisiones se equivocó al aceptarme:

Descubrir este sentimiento generalizado de terror en la mayoría de alumnos, fue más bien un alivio para mí. El primer día de clases llegó con un calor infernal y con la indicación de carácter obligatorio de usar terno o sastre (todo el mundo se ve más intimidante en terno). La dinámica estándar para conocer gente era el típico ¿Y tú qué hacías antes del MBA?”. Luego de escuchar “manejé un portafolio de inversiones de XX millones de dólares” o “trabajaba diseñando satélites en la NASA” hace que uno ya no quiera contar sobre su experiencia laboral, que hacía dos minutos sonaba tan importante al practicar tu “pitch” en el espejo. La misma historia continuó por lo menos una semana, hasta que afortunadamente la escuela comenzó a introducir una serie de actividades para reflexionar y compartir experiencias personales en las que me di cuenta que, igual que yo, todos estaban igual de inseguros. Hay 73 países diferentes representados en mi promoción y lo increíble es que todos compartimos muchas preocupaciones, metas, aspiraciones y ansiedades. Descubrir esto con el paso del tiempo ha sido realmente fascinante y crear conexiones tan fuertes con personas tan diferentes ha sido probablemente una de las cosas más valiosas de los primeros tres meses.

Yo soy extrovertida, claro, pero participar de una clase en el método del caso y en inglés es otro nivel:

Yo estaba muy confiada de que obviamente no iba a sentir vergüenza de hablar en clase luego de 12 años de primaria y secundaria, 4 años de pregrado y 4 años y medio de presentaciones en el trabajo. Claramente, todo estaba bajo control. Mentira. Todo suena más inteligente cuando lo dices en tu lengua nativa, eso es un hecho. Y nuevamente, 20 años hablando inglés como segunda lengua de pronto ya no me sonaba a experta, sino más bien a tartamuda.

Mi primera participación ya ni la recuerdo, pero estoy segura que no fue tan buena como sonaba en mi cabeza. Lentamente, todos los acentos del mundo sonaban en la clase con la misma seguridad con la que hablaba alguien experto en el tema de turno y eso fue solo posible gracias al profundo respeto que tienen tanto los alumnos como los profesores por todas las culturas. Lo que de verdad importa es lo que dices y no cómo lo dices y ese sentimiento realmente hace una gran diferencia para todos los que como yo, no sonamos sacados de una película de Hollywood cuando abrimos la boca. Esto hace además, a diferencia de las clases que llevé en el colegio o en el pregrado de la universidad, que todos quieran participar; no para preguntar, sino para dar una opinión. Lejos está este modelo de las típicas clases en las que el profesor habla y los alumnos apuntan y al que pregunta demasiado lo miran mal por “chancón”. Acá el que no habla tiene algún problema. Bajo este modelo realmente se genera conocimiento en la clase, incentivamos a que todos tomemos mayores riesgos a la hora de opinar y la hora y veinte minutos que dura una sesión se pasa volando.

El contenido académico del programa, si bien es excelente, no es lo más valioso de un MBA:

Sí, todos tenemos que estudiar para asegurar a las empresas que todos los egresados tenemos un mismo nivel de competencia en las materias relacionadas a los negocios. Los casos son excelentes, la estructura de los cursos es muy buena y los profesores son increíbles; pero sin lugar a dudas, ir a las clases y pasar los exámenes no es ni el 50% de lo que uno puede aprovechar del MBA. Hablar con CEO’s de las empresas más importantes del mundo y discutir con ellos sobre su estrategia de crecimiento, o pasarme un fin de semana entero sin dormir en las oficinas de una conocida marca de juguetes diseñando ideas y prototipos para sus próximos productos, son sólo algunas de las experiencias más interesantes que he vivido hasta ahora. Estar acá es estar en el medio de infinitas oportunidades y cada uno puede aprovecharlas de diferente manera dependiendo de lo que quiera hacer con su proyecto personal.