Berenson: “No fui terrorista, participé en un proceso social”

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‘Lori Berenson’ es un nombre que en la última semana ha resonado por los pasillos de los medios peruanos -cuyo eco llegó incluso a los Estados Unidos, su país natal- y que connota emociones diferentes en la opinión pública: para los más jóvenes -especialmente para aquellos que piensan que el terrorismo solo fue Tarata y Abimael Guzmán- el nombre gringo les debe sonar a sitio web de apuestas. Para los mayores -aquellos que sintieron en la piel el calor de los coches bombas reventados por el MRTA y que reconocen la bandera con el rostro de Túpac Amaru silueteado que tapaba las caras de los terroristas- el nombre debe haber despertado vetustos recuerdos que prefieren mantener enterrados.

Esta semana, Berenson fue extraditada a su país natal tras haber purgado dos décadas presa debido a su colaboración con el MRTA y luego de que en su casa -o aquella que ella solo alquilaba, como alega- se encontraran planos que hacían suponer que se avecinaba una toma de rehenes en el mismísimo Congreso de la República por parte del grupo terrorista que, recordemos, utilizaba sistemáticamente esta práctica para lograr sus objetivos.

Pero antes de irse, la ex emerretista le concedió una entrevista de 15 minutos al programa dominical Cuarto Poder, en el que contó que su partida del Perú le connota emociones encontradas. “Me siento triste (…) porque dejo atrás muchas amistades, mi historia y un país maravilloso; pero, por otra parte, feliz de reencontrarme con mi familia y empezar de nuevo“, revela.

Dependiendo del cristal con el que se mire, Lori ha sido catalogada como ‘activista’ según una agencia de noticias internacional y como ‘terrorista’ por casi toda la prensa peruana. Para muchos es lógico; quien pertenece a una agrupación terrorista, es terrorista ¿o no? Berenson cree que no y sostiene que fue participante de un ‘proceso social’. “No pienso que fui una terrorista”, manifiesta. “Yo entiendo el rechazo (de la población) porque han visto en los medios que soy una terrorista peligrosa. Yo fui muy mediática y se agarraron de mí para hacer noticia“, alega.

Cuando Berenson sorteaba los pasillos del aeropuerto Jorge Chávez, a mitad de semana y con su hijo en brazos, no pudo evitar las miradas inquisitivas ni los insultos de los presentes que le gritaban ‘fuera terruca’ mientras ella traspasaba el umbral de embarques. “Yo no vine a fregar el Perú”, responde ahora frente a cámaras. “Yo vine a participar en un proceso social que se venía dando (…) los orígenes de Sendero Luminoso y el MRTA son sociales, hay condiciones subyacentes y un contexto internacional de (…) liberaciones que sin ellos no hubieran surgido”, explica.

Cuando la reportera de Cuarto Poder, intrigada, le pide que explique las diferencias entre ‘lucha armada’ y ‘terrorismo’, Berenson responde: “Lucha armada no fue algo que se hizo porque sí, era una forma de lucha para lograr un cambio social; mientras que terrorismo es algo ambiguo que implica engendrar el terror y buscar el poder y el cambio social a través del terror. Por lo general el MRTA no usó estos medios“, acota y agrega que “en el Perú se utiliza el ‘terrorismo’ para muchas cosas“.

Sobre la casa de La Molina en la que encontraron los indicios que la vinculaban, ineludiblemente, con el MRTA, Lori enfatiza que “no sabía lo que pasaba en la casa de la Molina. Yo tomé una decisión conscientemente, no medí las consecuencias de lo que vendría después”. Sobre el falso carnet de reportera que se halló en sus pertenencias y que, supuestamente, iba a ser la fachada que le permitiera entrar al Congreso de la República, Berenson insiste en que “sí escribo, sí hago investigaciones”, y que si -en toda su etapa en Perú- no vimos ningún texto suyo fue porque se encontraba confeccionando el final de su ensayo cuando fue atrapada.

Yo asumo responsabilidad por mis actos y pagué mis penas por ellos. Lamento los daños que he hecho, pero no puedo pedir perdón por cosas que no he hecho. Yo no estoy de acuerdo con los procesos violentos, en esos momentos sí lo acepté por las condiciones”, manifiesta Berenson viendo en retrospectiva 20 años en los que, con apenas 26 abriles, había dejado su país natal para ‘apoyar la causa’ que, por aquellos ajetreados años, seducían a las juventudes de casi todo el globo. “Me parece que sí pagué mi factura”, afirma mientras dice que lamenta “las pérdidas que se sufrieron” durante aquellos tormentosos años.