Big Data, el modelo chino y Perú, por Ignacio Sotomayor Landázuri

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Mucho se dice de que vivimos en la era de datos. Hemos escuchado hablar del Big Data, Data Analysis y Data Science. Sabemos que Google, Facebook y muchas otras compañías tecnológicas conocen mucho sobre nosotros y se dice que los datos son el nuevo petróleo. Sin embargo, ¿sabemos exactamente cómo funciona el Big Data?

El Big Data hace referencia a la enorme cantidad de datos generados por múltiples dispositivos digitales interconectados entre sí. Los datos tiene su origen en las búsquedas realizadas en internet, localización GPS, reconocimiento facial y de voz y cualquier otro uso que puedan tener estos dispositivos. Muchos se deben estar preguntando: ¿Y cómo uso esta enorme cantidad de datos? La principal manera es a través de métodos estadísticos. Utilizamos algunos de estos datos para explicar algo que queremos averiguar. Por medio de la tecnología, podemos procesarlos de manera simple y rápida. Así, se multiplica exponencialmente la eficiencia de los métodos tradicionales. Vinod Khosla, co-fundador de Sun Microsystems, nos ayuda a imaginarnos el poder del Big Data cuando dice que este va a reemplazar al 80% de los doctores.

Un ejemplo simple de su capacidad nos lo cuenta The Economist en su artículo titulado “Creating the Coronopticon”*. Este comenta la manera en que China lo ha utilizado para reducir los contagios durante la cuarentena. El gobierno hace un seguimiento de todas las personas contagiadas y sitios de riesgo. Se te asigna un nivel de riesgo en función a si has estado en contacto con alguna de estas personas o lugares. Cada nivel de riesgo tiene diferentes restricciones de movilidad que la aplicación de teléfono determina por ti y emite un certificado el cual se distribuye en los múltiples puestos de control. A pesar de que China es un país autoritario –y tenemos razones para poner las cifras en duda–, podemos decir que este método ha probado ser eficiente ya que se esta replicando en distintos países como Singapur, Corea del Sur o Taiwan.

El mundo occidental ha criticado mucho que este modelo sea dirigido por el Estado ya que atenta contra nuestros principios liberales. Nos aterra pensar en lo que el gobierno de turno pueda hacer con esta potente herramienta. Sin embargo, no podemos dejar de reconocer que en tiempos de crisis, como la que estamos viviendo actualmente, este modelo ha probado ser muy eficiente.

En un país como el nuestro, en el que tenemos instituciones débiles y tendencias políticas volátiles, este modelo supondría un enorme riesgo a nuestro frágil sistema político. Significaría un riesgo a nuestra libertad y democracia si un presidente con tendencias autoritarias llegara al poder. ¿Esto significa que el Estado no puede aprovechar la Big Data?

Existen modelos híbridos de los que podemos sacar provecho del Big Data. Si bien sería complicado alcanzar la eficiencia de China, tenemos la ventaja de proteger nuestro sistema actual y no poner en riesgo nuestras libertades. Estos modelos tendrían que atacar dos problemas centrales: 1) Concentración de poder y 2) Ineficiencia del Estado.

El primer problema supone proteger nuestra libertad como personas. Puede ser conveniente que el Estado utilice el Big Data pero habría que poner los limites necesarios para que este no se aproveche de ellos. Podríamos proponer la creación de un ente independiente del gobierno, similar a la figura del Banco Central de Reserva. Este se encargaría de recoger la información y proveer de datos a distintas instituciones publicas y privadas que así lo requieran, con la prioridad de protegernos como individuos. Se tiene que resaltar también la importancia de que este sea colaborativo y no obligatorio ya que cada cada quien es dueño de su información. Entre muchos Decretos de Urgencia y disposiciones, el gobierno ya puede solicitar los datos que requiera de entidades privadas. Esto supone un peligro ya que, como dice Harari* en un artículo del Financial Times, es difícil que el gobierno dé un paso atrás cuando adquiere un nuevo poder.

Por otro lado, es bastante claro que un Estado ineficiente no sabría cómo optimizar el uso de datos. Ahí entra el rol de las empresas privadas, las cuales estarían encargadas de procesar estos datos de la mejor manera y asesorar a las distintas instituciones. Podrían procesar datos desde indicadores económicos y sociales hasta temas de seguridad. Por ejemplo, facilitarían enormemente la identificación de poblaciones vulnerables a tiempo real para así brindarles los apoyos correspondientes, tarea que ha mostrado sumamente complicada durante esta pandemia con la entrega de bonos.

Esta es una propuesta de muchas que existen para un tema tan sensible como este. Hay que reconocer que vivimos en la era de datos y debemos aprovecharlos de la mejor manera sin poner en riesgo nuestras libertades. Es cuestión de poner los pesos y contrapesos para que nadie pueda abusar del poder que los datos le otorgan y no cerrar esta posibilidad por completo. Vivimos en un mundo cambiante. Tenemos que tener la capacidad de adaptar estos cambios a nuestros principios de libertad y aprovechar lo mejor de ambos mundos.

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