Camarón que se duerme…, por Verushka Villavicencio

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Se lo lleva la incertidumbre. Nuestra vida es una secuencia de incertidumbres controladas: sabemos que vivimos hoy, pero no sabemos si amaneceremos vivos mañana y somos conscientes que no tenemos la vida comprada. Pero, esta situación no frena nuestros avances. Nos acostumbramos a vivir así. Gestionamos nuestra propia incertidumbre buscando la certeza en las situaciones que nos rodean.

Los políticos hábiles, como los gerentes exitosos, manejan la incertidumbre de tal forma, que el miedo no los paraliza. El ministro del Interior, Carlos Basombrío declaró ayer -para un medio local-, que él trabaja sin pensar todo el tiempo sobre una probable censura de Fuerza Popular, como en el caso del exministro Saavedra: “¿puedo yo trabajar pensando siempre en eso?”, dijo. Y es que manejar la incertidumbre no es una cuestión que se enseñe en la universidad y tampoco se instruye sobre el tema en los programas sociales que trabajan con niños, adolescentes y jóvenes.

Pero, ¿cómo se construye esta capacidad de gestionar aquello que no podemos controlar? Cada vez que se trasmite información y conocimiento se impacta en el ser interior de las personas y se crean formas de accionar. Surgen los valores que dan vida a una identidad individual. Esta identidad irá cambiando con las experiencias que acumule cada persona. Y esta es una constante contradicción porque el ser humano cambia; pero a su vez, busca certezas en su vida, se afianza en aquello que no cambia. De otro lado, el Estado tiene la responsabilidad de brindar servicios que otorguen seguridad al ciudadano; pero estos servicios están accionados por personas que no aceptan los cambios y buscan ceñirse a las normas establecidas. Aquí la explicación de los innumerables candados del Sistema Nacional de Inversión Pública (SNIP), propuestos por técnicos que olvidaron la razón de ser del sistema: atender con proyectos las necesidades de las poblaciones más necesitas de todas las regiones del país. Un afán controlista extremo bloqueó el avance.

Gestionar la incertidumbre es importante porque nos ayuda a vivir afrontando el miedo al cambio, seguros de que vamos a encontrar la forma de seguir avanzando. Cambio de trabajo, cambio de pareja, cambio de lugar de residencia, cambio de departamento, se convierten en situaciones que nos adiestran. Más aún, nos ayudan a entender -mediante la experiencia-, que hay procesos que sólo se pueden afrontar, viviéndolos. Así también, la gestión pública es una constante reformulación de paradigmas, una ruptura de todo lo conocido para proponer e implementar nuevos retos en el servicio al ciudadano.

El premier Fernando Zavala, sustentó ante la Comisión de Constitución del Congreso 112 decretos legislativos cuya razón de ser es contribuir al cambio en la gestión pública del país: “Si queríamos crecer con eficacia teníamos que responder a las necesidades de los ciudadanos”, expresó. Así una asertiva gestión de la incertidumbre contribuye también a promover cambios y crear nuevos paradigmas. Me pregunto ¿cuántas personas del país habrían implementado algo similar en su posición? Es probable que la gran mayoría hubiera preferido un camino menos complicado.

El famoso sociólogo Zygmunt Bauman, ganador del Premio Príncipe de Asturias, se refiere a una conciencia colectiva por el bien individual a partir del común. Creemos que esta consciencia se forja cuando aprendemos a desaprender todo lo vivido y lo reemplazamos por una adecuada gestión de la incertidumbre. Las certezas son temporales y como seres humanos, todo puede volver a construirse. En la gestión pública será necesario que los servidores públicos aprendan a crear e innovar usando las norma como primer peldaño para la transformación. Estar abierto a la transformación implicará gestionar la incertidumbre con inteligencia y habilidad. Estar abierto al cambio no sólo contribuye al bienestar individual sino también al servicio al otro. Estar abierto al cambio es sumarse a la gestión de la incertidumbre.

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