Cambiando el cambio

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Encontrándonos a poco más de un año de las elecciones presidenciales, en los medios de prensa y en las conversaciones diarias ya se viene calentando “la previa” a este magno evento. Al más fiel estilo de un mundial, vamos viendo quiénes se perfilan para encabezar los grupos, cuáles pueden llegar a la segunda vuelta y quién será el que se “alce con la copa”. Comienzan a surgir candidatos, partidos, alianzas, pero por encima de todo, surgen dudas. ¿Qué pasará con el país en el 2016? ¿Qué sorpresas nos traerá nuestra sociedad política? Independientemente de los resultados, hay algo que como electores debemos analizar de forma previa. Y es que si hay algo que caracteriza a la política peruana es la impredecibilidad.

Cada cinco años el pueblo se une al son de una sola palabra: CAMBIO. ¿Cambio a qué? ¿Hacia dónde? ¿De qué forma? ¿En qué aspectos? No importa, solo se quiere cambio… Así vivimos nuestra etapa electoral. Los electores no votan por lo que quieren, votan en contra de lo que no quieren. Un claro ejemplo está en que si mañana naciera un nuevo partido llamado “Por un Perú sin Apra ni Fujimorismo”, sería aplaudido con bombos y platillos y tendría, al menos, una gran posibilidad electoral. Sin importar su plan de gobierno, ni qué ofreciese el candidato aparte de no ser aprista o fujimorista, probablemente tendría un 10% o 15% asegurado que gritará en coro en contra de dichos partidos en cuanto mitin se organice, que defenderá y ondeará la bandera “anti” como si fuese la bandera peruana, que estará seguro de su voto, sin importar el destino del país y que, casi con certeza, terminará los cinco años de gobierno sumando en su ideología “anti” al candidato elegido. ESE es el “cambio” que, irónicamente, nunca cambia.

Si alguien no me cree, que se siente a esperar un año observando cada entrevista, cada tuit y cada acto estratégicamente calculado del ex ministro Urresti (ahora “político”). ¿Alguien sabe qué ideología política tiene? ¿Alguien sabe cuál es la corriente económica que sigue? No; solo se sabe a quién critica (que por cierto lo hace sin una pizca de clase) y contra quien rema… y la gente lo ama. Recientemente en una entrevista realizada por un canal de televisión, se le preguntó al señor Urresti si se consideraba un político de izquierda o de derecha, a lo que éste respondió: “Ni de izquierda ni de derecha, yo soy político de los de abajo” (cualquier parecido con Chávez es pura coincidencia). Esos son los políticos que crea el Perú, a quienes personalmente me gusta llamar “políticos del mar”, pues vienen en una ola y se van cinco años después con la llegada de la siguiente ola.

Lamentablemente, el argumento ha dejado de ser una pieza fundamental de debate, sustituida ampliamente por el populismo. ¿Para qué decir lo que el país necesita, si genera mejor respuesta decir lo que el pueblo quiere escuchar? ¿Para qué esforzarse en hacer un plan de gobierno, en hacer un estudio costo beneficio para un proyecto de Ley, si el pueblo prefiere el camino rápido y fácil? Todo cambio cuesta, pero el pueblo quiere cambio sin que le cueste sacrificios, esfuerzos ni tiempo. Queremos resultados, pero nada de largo plazo… eso demora mucho. Muchos peruanos se dicen democráticos y liberales, pero quieren que el Estado los recoja, los alimente, los eduque, les de trabajo (“suavecito nomás”) y los deje en su casita de noche. El balón de gas nunca estuvo en doce soles, pero el pueblo votará por el candidato que ofrezca el kilo de pollo a dos, porque quien incursiona en la política peruana no es que no quiera ser honesto (salvo excepciones), sino que no puede serlo, pues decir la verdad sería su condena.

Muchos de estos temas político-sociales no calan hondo entre la gente, pues terminamos siempre peleando las batallas más intrascendentes, pero no nos damos cuenta de las implicancias económicas y sociales que conlleva esta realidad. ¿Cómo le pedimos a una transnacional que invierta millones en el Perú, que genere trabajo y flujo de dinero si no podemos garantizarle estabilidad? ¿Debemos nuevamente recurrir a los llamados “contratos Ley” u otras figuras extremas para atraer inversiones? ¿Cómo puede una empresa peruana efectuar un planeamiento estratégico si no le garantizan respetar las reglas de juego?  Hay muchas respuestas que deberán contestar aquellos que quieran tentar el siguiente lustro en la presidencia, empezando por fijar posición con temas tan trascendentales como Venezuela. Esperemos que los casi 14 meses que quedan nos sirvan para reflexionar en qué queremos como ciudadanos, qué esperamos del próximo gobierno, qué país queremos tener y qué podemos hacer para lograrlo.