¿Cambiar el modelo económico?, Franco Mori Petrovich

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A diferencia de oportunidades anteriores, el escenario ad portas de los comicios está más polarizado y atragantado de pasiones que, incluso, han llegado a conducir al odio. Y es un odio que genera movilizaciones o plantones para exigir a la Justicia la exclusión de uno que otro candidato. Es un odio que lleva a los artistas y líderes de opinión usar sus condiciones de personajes influyentes para precisamente influir en el voto de las personas, tal como lo hicieron en el 2011. O, si no, es un odio que ha desatado tristes momentos de violencia física y verbal, tanto en el contexto presencial como en las redes sociales.

Que no nos sorprenda si nuevamente llegamos a toparnos en una segunda vuelta con un candidato nuevo, de persuasivas promesas y promocionado por los fragmentos de izquierda del país. Digo, porque a pesar de que muchos medios cuestionaron en el 2006 y 2011 a cierto personaje por presuntos vínculos con el chavismo, terminó conduciendo el país al día de hoy.

Lo cierto es que esta polarización por fin ha permitido que la sociedad comience a analizar un poco las propuestas y ya no se ha quedado en la forma, por ejemplo, ahora se preguntan qué implica votar por un candidato de izquierda, o uno de centro o uno de derecha. Sin embargo, también se exige que las personas decidan si optar por las propuestas reformistas que supuestamente llevan Verónika Mendoza y Alfredo Barnechea; o defender un modelo que, según dicen estos candidatos, “ha fracasado”. Lamentablemente han quedado ignorados los modelos de Hernando Guerra García y Yehude Simon, el emprendedurismo y el humanismo, respectivamente.

Pero esta dicotomía me parece injusta. No puedes meter a todos los candidatos en un mismo saco cuando existen cifras de que el liberalismo económico (que, por supuesto, es imperfecto y como todo modelo tiene sus errores), ha permitido importantes mejoras en la sociedad: Desde el Baguazo del 2009, la cantidad de conflictos sociales se ha reducido en 22.4%; entre el 2005 y 2012 se triplicó la población ocupada con seguro social; la población económicamente activa (PEA) se incrementó a una tasa promedio anual de 2.8% entre el 2001 y 2009, lo cual indica que anualmente 362 mil ingresaron a este conjunto; finalmente, la Cepal acaba de publicar que el Perú es el país de la región que más redujo la pobreza, en 32 puntos porcentuales en trece años.

Tirar la responsabilidad de estas mejoras al fortalecimiento de la economía china no solo es un intento insuficiente de desacreditar a los gobiernos anteriores sino que es muestra de un desconocimiento de que la política sí ha venido haciendo su trabajo. El problema sería más bien que la arraigada corrupción en los partidos políticos no ha permitido el nivel de cambio que deberíamos haber tenido y esta es la principal o única razón para no volver a votar por ellos.

Considero que no es necesario cambiar el modelo para lograr afianzar la presencia y la mano dura del Estado, para evitar muertes absurdas, para evitar el descontrol de la contaminación junto al surgimiento de más oroyas, fomentar la descentralización del empleo y la migración, para renegociar contratos de gas soslayando en beneficio de nuestra sociedad, en fin. Al contrario, me preocuparía que ese cambio implique ingreso al poder de gente que detrás de esa bandera roja, simpatizan con el autoritarismo chavista o son capaces de decir que Víctor Polay Campos y Lori Berenson no deberían ser tildados de ‘terroristas’.

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