Caminata en el Colca antes de los sismos, por Jessy Gonzáles

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Me sorprendieron las noticias que venían de Arequipa. Hace tan solo una semana, todo era muy diferente.

Salí el sábado pasado a las 3am. rumbo al Cañón del Colca. Una breve parada para un no tan contundente desayuno y seguimos hacia la Cruz del Cóndor para ver el vuelo de estas maravillosas aves. Yo ya lo había visto antes, entonces caminé con un poco de desgano alrededor de los turistas. Hasta que 4 cóndores empezaron a volar sobre mi cabeza. Me sorprendí nuevamente con su tamaño, con su forma de sobrevolar el cañón y me gustó lo que vi, otra vez.

Luego nos dividieron en grupos para empezar la caminata. Tres días y dos noches que no debieran ser muy intensos si estás acostumbrado a hacer ejercicio de forma regular (yo no lo estoy). Éramos seis. En mi grupo había dos holandesas, un israelí, un francés y un finlandés. Asombrosamente, yo era la única peruana. Siguieron apareciendo turistas. Más y más… Ninguno peruano. Empezamos a descender hacia la parte más baja del cañón, cruzamos el río y subimos luego unos 25 minutos más. Llegamos a San Juan, donde nos quedamos la primera noche junto con otro grupo: Tres holandeses, un español y dos alemanes. A la mañana siguiente salimos los 12 hacia nuestra siguiente parada, el oasis. Luego de tres horas de caminata, llegamos al lugar.

Nuevamente, además de los guías y las personas del alojamiento, ningún peruano. El tercer día, dedicamos entre dos y tres horas a subir el cañón, aproximadamente 1000 metros de altura en 6kms de caminata, que tratamos de hacer antes de que el sol se pusiera muy fuerte. Una linda ruta, pero más linda fue la experiencia.

Esta mañana las noticias decían que los sismos en Arequipa habían dejado cuatro muertos y más de 1000 familias afectadas. Pienso en Chivay que se quedó sin acceso y en la cantidad de dinero que los pobladores de la zona deben estar perdiendo porque han cerrado varias rutas turísticas. Pienso en la posta médica, la única que existe para 8 distritos, a la que algunos pobladores solo pueden acceder caminando por horas. Pienso en la escuela primaria de San Juan que tiene 8 niños estudiando en multigrado y en la escuela secundaria que tuvo que cerrar por falta de alumnos. Pienso en el señor que nos recibió en uno de los alojamientos y me dijo que no muchos peruanos hacen esa ruta, pero que felizmente están aumentando cada año. Pienso en lo poco que sabía yo antes de este viaje, de cómo vive la gente en los alrededores del tercer destino turístico más visitado en Perú. Y pienso en los pocos peruanos que han hecho esa ruta (en comparación con la cantidad de turistas extranjeros) y en cuánta falta nos hace caminar para conocer.

La distancia que hoy separa a Lima de los pobladores de Arequipa que sufren las consecuencias de los sismos, es más grande que ese Cañón que tantos turistas atrae. Estamos lejos en distancia y más lejos aún de entendernos. Porque hasta que tus pies no hayan recorrido por lo menos una parte del camino que ellos recorren todos los días, es verdaderamente difícil comprender lo que significa “ponerse en los zapatos del otro”. Y quizás ya sea tarde para algunos, pero no para todos. Si eres joven (y no me refiero a la edad) y estás sano; sal, camina, conoce. Así nadie podrá contarte cuentos. Así podrás formar tu propia versión del país que tenemos gracias a los relatos de su gente. Así nuestras ideas y formas de pensar dejarán el Facebook y pasarán a contrastarse con la realidad. Camina. Conoce. Sal de tu zona de confort, la física y la mental. Pon aprueba tus prejuicios y tu cuerpo. ¿Quieres un país mejor? Cámbialo, pero solo puedes cambiarlo si lo conoces bien. Y conocerlo bien está en tus manos… O más bien, en tus pies. ¿Será posible en el Perú?

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