Candidatos taurinos y otros dilemas, por Hugo Olivero

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Estoy en contra de las corridas de toros. No soy muy apasionado de la causa antitaurina, pero como la mayoría de gente, me indigna la tortura de un animal. Evitaré, sin embargo, emitir juicios de valor sobre lo moral o no de un espectáculo como ese y, de igual manera, tampoco juzgaré la calidad humana de un candidato en base a su postura en el tema.

A lo que deseo apuntar es a lo siguiente: ¿importa un detalle como este? Yo considero que sí, puesto que se trate de un simple indignado o un ferviente activista antitaurino, elegir a un candidato que disfruta de algo que se considera perverso, choca frontalmente con las convicciones personales, lo que puede resultar contradictorio.

Creo que estas convicciones, cualesquiera que sean, nos deben ayudar a elegir a nuestro futuro gobernante. No me parece bien pasar por alto los valores y creencias personales a la hora de escoger a quien va a dirigir el Perú durante 5 años, pensando solo en derechas o izquierdas, en modelos económicos o peor aún, en lo preparados que se ven dando una entrevista en televisión.

Como en toda elección, no existen candidatos perfectos y lamentablemente nos vemos obligados a sopesar un gran número de factores, estableciendo ciertas prioridades y desechando otros aspectos que consideramos irrelevantes. Por ejemplo, a los entendidos en el tema, les puede parecer inmoral que algún aspirante a la presidencia apoye el levantar la moratoria a los transgénicos, por considerarlos dañinos a la salud, mientras que a otros dicho tema simplemente no les interesará ni les despertará ninguna convicción interior.

Debemos evitar separar la política de los ideales con los que nos regimos y que representan nuestra visión del mundo, de lo que es justo, correcto y verdadero. Sin ideales, la política simplemente es vacía. Para muchos esta elección no es nada fácil y la sensación de encontrarse entre la espada y la pared resulta bastante generalizada. Sin embargo, no hay que renunciar a lo que creemos ni conformarnos con políticos mediocres, hemos olvidado que la política puede y debe ser algo más que “males menores”.

Me parece genial que hayan antitaurinos cuyo amor por los animales les impida darle su voto a un candidato taurino, creo que es loable. De igual manera, siento mucho respeto por quienes, también antitaurinos, no consideren este aspecto prioritario en su elección. Es una democracia y lo importante, creo yo, es no dejar de lado aquellos valores y aspiraciones que deseamos que nuestro futuro gobernante lleve a la Casa de Pizarro.

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