Capitalismo y Solidaridad, por Federico Prieto Celi

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Llama la atención que Estados Unidos, Gran Bretaña y Brasil, con tres jefes de estado con fuerte personalidad: Donald Trump, David Cameron y Jair Bolsonaro, hayan preferido priorizar la normalidad del aparato productivo a una estricta cuarentena de salud. El caso de México, que tiene un gobernante socialista, Andrés Manuel López Obrador y que ha seguido el mismo camino de las tres grandes naciones citadas, es más llamativo todavía, salvo que haya recibido una fuerte presión de los Estados Unidos para no enviar a sus habitantes a una cuarentena domiciliaria obligatoria.

Mientras tanto, China y otros países asiáticos, y los estados de la Unión Europea se han cerrado en sí mismos, buscando el aislamiento para sus millones de habitantes, con el fin de impedir el contagio del coronavirus, poniendo la vida humana por delante de cualquier otra consideración. El tiempo dirá cuál tendencia ha sido la mejor, teniendo en cuenta que todos los pueblos han sufrido recesión económica, porque lo que ocurre en los países más solidarios repercute en los que lo son menos.

El Perú ha elegido el camino del salvataje de vidas, en coordinación con otros estados sudamericanos, como Argentina, Chile, Ecuador y Colombia. Esto países tienen miles de personas que viven al día, por lo que un subsidio humanitario se hace indispensable, como el de 345 soles fijado por el gobierno peruano, para que puedan subsistir. Y el Seguro Integral de Salud (EsSalud) entregará, de manera excepcional, un subsidio por incapacidad temporal para todos aquellos trabajadores que ganen hasta 2,400 soles y que sean diagnosticados con coronavirus.

En todas partes, tarde o temprano, el coronavirus dejará personas fallecidas y otras personas sobrevivientes, que han superado la enfermedad. El Perú ha registrado ya que han fallecido los primeros habitantes del país que sufrían de coronavirus (algunos habían estado en España). Como ha recordado el especialista norteamericano en este tipo de virus, Robert Lancetti, la realidad de la muerte no se puede ocultar, es parte de nuestra existencia, el final de nuestra vida en la tierra.

Cada persona cuenta. La respuesta a la  pandemia es un esfuerzo de autoridades y ciudadanos a la vez, un ejemplo de solidaridad y participación para superar la crisis. Es comprensible que encontremos resistencia en vendedores de mercados tradicionales que viven al día, y de compradores que no entienden que la fuerza de la ley les alcanza, no solamente por proteger su salud y su vida, sino también la salud y vida de los demás. Por eso la Policía y las Fuerzas Armadas han tenido que intervenir.

El costo económico de este esfuerzo por la salud pública, sin duda justificable por la epidemia de coronavirus, será evaluado a nivel nacional y mundial por los expertos, cuando termine la pandemia. Sabremos si Estados Unidos, Gran Bretaña, Brasil y México han protegido sus economías a costa de un mayor número de muertos víctimas de la pandemia; y si los que optaron por proteger las vidas humanas lograron de alguna manera su propósito.