Carajos, Perudojas y el ataque de los Minions, por Rollin Thorne

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Y comenzó el 2016, así rapidito nomás. Casi ni nos dimos cuenta y ya se habían reventado las últimas bombardas de la tía Rosmeri y se habían libado las últimas gotas de “booze” panameño de Monserrate. Así nada más empezó la chamba en serio y los peruanos volvimos a la carga a sacar adelante el año que comienza con un calor “sacarronchero”, un niño llorón y un tráfico insensato.  Año que comienza entre “memes” indescifrables y “carajos” innecesarios de candidatos que más bien parecen gritar “aquí estoy ctm, mírame aquí estoy”. Y es que es un año político, un año que nos recuerda que no sólo somos una sarta de manganzones que nos pasamos la vida trabajando para poder tirarnos un “cevillano” donde la tía veneno, sino que también somos ciudadanos de una nación y algún valor tenemos para ella.

Este año comenzó también de “yellow” y no precisamente de ese benevolente color primario que acompaña folklóricamente a la buena suerte, sino más bien de un  color cobardía que representa esa podrida corrupción que nos tiene asqueados, que arremete por todos lados y que está acabando por convertir nuestra bellísima Costa Verde, con finísima huachafería, en una victima del ataque de los “Minions”.  Y como olvidar que el año también comienza “al revés” y “patas arriba” cuando los peruanos caímos en cuenta que nuestra “contraloría” con dinero de todos los peruanos y la complicidad de la Universidad de Lima había organizado una “Conferencia Anti-Corrupción” dictada nada más y nada menos que por los “masters” en corrupción y sin invitar a todos los candidatos.  ¿Paradójico? Más bien “Perudójico”, porque parece que los peruanos estamos condenados a sufrir este tipo de atropellos al intelecto per saecula saeculorum.

Pero hay esperanza. No olvidemos que el 2016 es sin duda un año que nos trae una gran oportunidad. Viene con un regalo bajo el brazo. Ese regalo es que nuevamente tenemos la opción de elegir correctamente quien gobernará nuestro país por los próximos cinco años. Y a pesar de que muchas veces nuestro criollismo nos hace olvidar lo importante que es este regalo, tengo la esperanza que la particularidad de estas elecciones, la foto demográfica y el momento histórico en el que se presentan, me iluminarán a mí y a mis compatriotas a elegir esta vez  correctamente. Empezó el año 2016 y brindo, con el último conchito de champaña que queda en la botella de la refri, por que este sea el inicio del camino hacia el desarrollo y el fin de la corrupción, que nos aturde, de una buena vez. Salud.

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