Carrera de Caballo, Parada de Burro

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Ollanta Humala llego al poder en medio de una disputada segunda vuelta, con el apoyo de millones de peruanos que vieron su candidatura como esperanza de cambio, aliados de última hora con los garantes y líderes el anti fujimorismo.

Una vez en el poder, tuvo que superar la natural desconfianza que rodeaba la imagen de un candidato con predica anti mercado y pro chavista.

La economía peruana venia de crecer 8.8% en el 2010, el gobierno saliente dejaba una serie de proyectos de inversión en marcha, además, una cartera de proyectos para ejecutar tanto públicos como privados listos para darles un empujón

En el plano político, no podía irles mejor “La Pareja Presidencial” gozaba de altos índices de aprobación pública, comenzó a destacar el papel de la primera dama, y el presidente Humala dosificaba mejor sus intervenciones, apareciendo poco y en términos moderados

Por el lado del parlamento junto a sus aliados de Perú Posible, tenían una cómoda mayoría que les permitía impulsar las medidas necesarias para que el Gobierno hiciera gestión sin mayor dificultad.

La oposición en el Congreso estaba bajo control, el Fujimorismo y el APRA no tenían capacidad de daño, frente a un Gobierno que contaba con amplio respaldo popular. ¿Cómo es posible que el Gobierno teniendo todo para hacerla bien, hoy se esté desmoronando?

Las crisis producidas por escándalos de corrupción de asesores al más alto nivel de Gobierno y las denuncias de uso irregular del sistema de inteligencia para persecución y espionaje a opositores, todo esto en un clima de enfrentamiento político. Todo lo anterior constituyen síntomas de un mal aún más grave: La carencia de una idea de Gobierno.

Desde un inicio, cuando todo parecía que “La Gran Transformación” nos conduciría al chavismo, apareció -para alivio de muchos- “La Hoja de Ruta”, al final, ni uno ni otro, el Gobierno deambula por una crisis de identidad, pues el Partido Nacionalista es fiel reflejo de la política peruana de nuestros tiempos, una agrupación de oportunistas e improvisados, dirigidos por un clan familiar.

En momentos que el País requería definiciones claras, temas como Conga, la compra de REPSOL y la maniobra de UNASUR para convalidar a Nicolás Maduro, por mencionar algunos ejemplos, dieron mensajes erróneos que atentaron directamente contra todo aquello que hace funcionar una economía sana, La Confianza.

La falta de agenda de políticas públicas fue rellenada por persecuciones, corruptelas y escándalos, insultos entre políticos que terminan desgastando sobre todo al Gobierno, la población espera de sus políticos respuestas y acciones concretas a sus problemas, no eternas acusaciones y pleitos inútiles. El Presidente sigue quemando puentes, ni siquiera ha logrado mantener una bancada sólida, con la renuncia (huida) de Sergio Tejada, el nacionalismo pasa a ser la segunda minoría en el Congreso, y todo indica que seguirán las deserciones

Con los escándalos de corrupción y espionaje, sumado a la permanente confrontación verbal de los voceros del Gobierno han tenido un efecto político que Humala jamás previo: La oposición se está uniendo en contra de suya.

La oposición debe asumir conciencia que su función en democracia es ponerle límites y contrapesos al poder, justamente para que el poderoso no abuse y pretenda implementar proyectos políticos que afecten la democracia

Algunos analistas han señalado con razón que el Presidente ve la política como una guerra, sin restarle validez el argumento, esta columna opina que el Presidente cree además que buscar consensos políticos es señal de debilidad, por ello cuando nombro un “Gabinete del Dialogo” fue Juan Jiménez quien apareció en las fotos, él no entiende que en democracia hacer política es buscar consensos.

La peor desgracia de un hombre, es estar gobernado por sus bajas pasiones: el miedo, la vanidad y la arrogancia. Pero todavía falta año y medio para que culmine un gobierno que tuvo todo para superar las expectativas, sin embargo viene en franca descomposición, confirmando que el cargo les quedo grande.