Carta a los morados, por Rollin Thorne

899

He apoyado a Julio Guzmán desde que lo conocí hace más de dos años. Desde que tenia 0% en las encuestas. Lo he apoyado porque lo considero un hombre íntegro, comprometido con el Perú y con el conocimiento y las ganas necesarias para hacer las cosas bien. Lo primero que pensé al conocerlo fue “al fin un hombre preparado que quiere ser presidente de nuestro país, reformar el Estado, modernizarlo y luchar contra la corrupción”. Me dio mucha alegría y me llenó de esperanza verlo crecer en las encuestas día a día y llevarse de encuentro a muchos candidatos impresentables hasta colocarse en el segundo lugar de las preferencias.

Por fin, después de muchos años, había un panorama electoral en el que podíamos elegir al mejor entre una oferta decente en los primeros lugares. Pero por alguna razón los peruanos somos expertos en meternos autogol y no soportamos mucho rato condiciones de tranquilidad y calma política. Entonces pasó lo que todos vimos pasar y yo viví en carne propia con impotencia e indignación como le hicieron a Julio un carga montón injusto que terminó por destruir su candidatura y sacarlo de las elecciones. Muchos celebraron su caída como quien celebra la crucifixión del cristo y esos mismos hoy lloran al ver como el cielo se vuelve gris y las nubes densas como si fuera un castigo divino. Hoy veo el panorama preocupado. Muy preocupado, porque las elecciones son un partido de ajedrez político y son un juego muy peligroso.

Mover las fichas de manera equivocada puede terminar coronando alfiles y peones a la muerte de reyes y reinas. La salida de Guzmán movió el tablero de la forma menos pensada y calculada por los jugadores y el resultado es el que tenemos al frente. Nuevamente nos enfrentamos a un panorama en el que tenemos que elegir entre el menos malo y rogar a Dios que el diablo no pase a segunda vuelta. Pasamos de jugar ajedrez a jugar al Cuco. Es por eso que me he decidido a escribir estas líneas. No para llorar sobre leche derramada sino para reflexionar y pensar, e invitarlos a que lo hagan conmigo, en que mucho más importante que una competencia y que una elección es nuestro país, nuestras familias, nuestros hijos, nuestros amigos. Por encima del juego de ajedrez estamos todos nosotros como pueblo, como Nación.

Hoy veo todo en riesgo al enfrentarnos a la altísima posibilidad de que Verónica Mendoza se convierta en la próxima Presidenta de nuestro país. Ella representa para mí un modelo retrogrado y todo lo que yo no quiero para mi patria. Caos, desorden, improvisación y retroceso. Y yo no me voy a quedar aquí sentado mirando como la posibilidad de que el Perú caiga al abismo pasa frente a nuestros ojos. Es por eso que, a pesar de que ninguno de los actuales candidatos es santo de mi devoción, he decidido en esta primera vuelta apoyar a PPK e invito a todos los morados incluyendo a Julio Guzmán a hacer los mismo por el bien de nuestro país. Dios nos ayude por nuestras familias, por nuestra patria. ¡Viva el Perú!