[EDITORIAL] Castañeda en Lima: los 100 primeros días

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Pasados poco más de tres meses desde que Luis Castañeda regresara a la alcaldía d Lima, la nota es desaprobatoria. Pese a que el nuevo alcalde ha mostrado nuevamente dotes para la ejecución rápida de obras–como lo son por ejemplo algunos trabajos en la Costa Verde que la gestión anterior dejó incompletas en pleno verano–la deuda pendiente en el inicio de su gestión, al igual que lo fue de su campaña a la alcaldía, es la falta de una visión integral para la ciudad. Esto último no es un mero conceptualismo, puesto que la falta de una visión articulada es lo que hace que el alcalde no satisfaga las dos principales demandas de los limeños: mejor transporte y mayor seguridad.

En materia de transporte, el nuevo alcalde ha decidido dar fin al intento de reforma de transporte iniciada por Susana Villarán. Acertada o no, esta decisión por sí sola no basta: el alcalde tiene la responsabilidad de plantear una alternativa distinta. Por el momento, el señor Castañeda se ha limitado a anunciar varios by-pass. Éstas medidas son importantes y necesarias, pero adolecen de una visión integral del transporte. Las ideas que el señor Castañeda discutió en campaña, como el tan criticado monorriel, no han sido discutidas ni por asomo. No sabemos si se crearán nuevos corredores viales, como el Metropolitano, o si se plantearán medidas de formalización entre los transportistas. Y tampoco queda claro el rol que jugarán las líneas 1 y 2 del metro de Lima en los planes del alcalde. Todo esto sólo genera incertidumbre y hace difícil dilucidar si esto es un nuevo ejercicio de mutismo por parte del alcalde o un síntoma de falta de ideas.

En seguridad la cosa es peor. Pese a que la responsabilidad es efectivamente compartida con el gobierno nacional, desde el sillón de Lima no se ha observado ningún tipo de liderazgo. Por ratos, es como si el problema en sí mismo no existiera. El alcalde tiene una responsabilidad política de responder por la inseguridad que se vive en la ciudad y, si las medidas exceden sus funciones, representar y canalizar esas demandas a esferas de gobierno competentes. El señor Castañed ano ha hecho ni lo uno ni lo otro. Y no parece estar interesado en hacerlo, lo cual es probablemente lo más preocupante.

Todo esto no desmerece aquellos aspectos que en este diario sí consideramos como aciertos de su gestión, como lo son las ya mencionadas obras en la Costa Verde y la recuperación del Parque de las Aguas. Esto contrasta con los repetidos episodios de ineficacia e ineptitud de la administración de Susana Villarán (las obras en la playa la Herradura, el puente Bella Unión, el túnel Santa Rosa y el Corredor Azul son sólo algunos ejemplos de muchos), haciendo que las diferencias entre ambos burgomaestres sean obvias. El problema, sin embargo, es que el señor Castañeda ha dilapidado una buena parte de sus primeros cien días en hacernos saber sobre estas diferencias, cuando en realidad éstas son evidentes. Lo paradójico de esta actitud es que en cierto modo refleja uno de los peores momentos del villaranismo: la pérdida absoluta de tiempo y capital político durante el primer año de gobierno municipal por concentrarse en atacar a su antecesor.

Esto no tiene por qué ser así. Han pasado 100 días pero todavía restan 1,361 por delante. Desde Lucidez invocamos a que el alcalde Castañeda enmiende el rumbo. La campaña electoral concluyó el pasado 5 de octubre. Él ganó. Haría bien en recordarlo y concentrarse en gobernar, pues los retos de la ciudad son grandes y las aspiraciones de sus ciudadanos también.