Castillo y Maraví: complicidad amenazante, por Valeria Burga

«Lo único que veo en este gobierno es a un títere blindando con ahínco a uno de sus camaradas. Castillo le ha colocado el chaleco antibalas a vista de todos. Sin darse cuenta, está preparando su propio exilio».

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En tan solo un mes, Pedro Castillo nos ha demostrado que las cuotas de ignorancia pueden ser gratuitas. Parece que su intención es ser vacado. El hecho de colocar a personajes cuestionados en su gabinete solo lo posicionan, una vez más, en el blanco del Congreso. Es claro que echarle la culpa en su totalidad sería absurdo, pues la verdadera responsabilidad recae en quienes lo escogieron como nuestro máximo representante.

Hemos escuchado hasta el hastío que el problema principal de este país es la corrupción. Ahora tenemos un cúmulo de corrupción sumado a hartas dosis de terrorismo. Esto va más allá del “terruqueo” o asediar a las autoridades. Los senderistas ya invadieron la política peruana y hay que aceptarlo como nuestra nueva realidad. La presencia de Iber Maraví, Ministro de Trabajo y Promoción de Empleo, es un insulto. No se trata de ideologías políticas, ya que cualquier persona razonable acepta que este sujeto es sinónimo de peligro.

A su alrededor gira más de un motivo para que sea revocado del cargo que se le otorgó a ciegas. Sus implicaciones terroristas no paran de ver la luz: la participación en un atentado contra Acción Popular, denuncias penales en modalidad de instigación cuando era dirigente del Sutep, complicidad con la terrorista Edith Lagos, reuniones en la sede del Ministerio de Trabajo con integrantes del Movadef, entre otras cosas. La lista es amplia o, mejor dicho, interminable.

Iber Maraví es el antagonista de la democracia, pero hay quienes lo protegen a capa y espada, entre ellos, el Presidente de la República. Pedro Castillo es un cómplice más de las artimañas de Perú Libre, enfatizando sus nexos con Sendero Luminoso y haciendo caso omiso a la disposición que tiene ante los miembros del gabinete.

Es lamentable que la sociedad civil no mire más allá de sus narices. El 54,8% respalda al “profe” en provincia, mientras en Lima solo el 24,6%. Después de tantas incidencias nefastas en su contra y a todo el que lo rodea, ¿aún hay argumentos para confiar en él? Los cambios que prometió solo podrían darse en un escenario onírico y la barbarie que evidenciamos hoy en día lo confirma.

El tema del gabinete fallido y los ministros pro senderistas es, en sus palabras, de “constante evaluación”. Lo único que veo en este gobierno es a un títere blindando con ahínco a uno de sus camaradas. Castillo le ha colocado el chaleco antibalas a vista de todos. Sin darse cuenta, está preparando su propio exilio.

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