Caudillo en formación, por Gonzalo Ramírez de la Torre

“Mostrarse como el hombre fuerte que encara con prepotencia al gobierno lo coloca como un caudillo que ciertos sectores de la izquierda están dispuestos a aplaudir”.

1.626

Tras casi cinco años de que el Ministerio de Energía y Minas aprobase, durante la gestión de Ollanta Humala, el estudio de impacto ambiental (EIA) del proyecto minero Tía María, el gobierno de Martín Vizcarra tenía la obligación de otorgarle la licencia de construcción a la empresa Southern Perú antes de que el documento perdiera vigencia en agosto. No hacerlo hubiese significado restarle valor a los procesos técnicos planteados por el Estado para la concesión de este tipo de proyectos –que incluyen el cumplimiento de una plétora de requisitos– y un mensaje harto negativo para potenciales inversionistas futuros que podrían haber interpretado esta situación como evidencia de que el marco regulatorio peruano carece de cualquier atisbo de predictibilidad.

Por otro lado, la reacción que el otorgamiento de esta licencia ha generado entre algunas personas en Islay y los anti mineros que se nutren de sus preocupaciones, no llega como una sorpresa. Si algo demoró la emisión del permiso en cuestión fue, justamente, la animadversión que mantienen ciertos grupos ciudadanos hacia Tía María desde que se empezó a discutir su ejecución. No obstante, la decisión del gobierno ha sido la correcta: procurar la socialización del proyecto una vez dada la licencia. A fin de cuentas ¿con qué autoridad defendería el Ejecutivo la importancia y viabilidad de la mina si, tras haber cumplido la empresa con todo lo que la ley demanda, hubiese dejado que el EIA caduque?

La actitud de los anti mineros a la posición del gobierno, sin embargo, resulta lamentable y potencialmente peligrosa, habida cuenta de que se ha centrado en el sabotaje del diálogo y el dispendio de amenazas al presidente. En esto ha resaltado el gobernador regional de Arequipa Elmer Cáceres Llica, que ha asegurado que solo se sentará a conversar con el Ejecutivo si este anula la licencia de construcción, llegando a plantearle hace unos días un plazo perentorio de 72 horas para ese propósito –aunque luego haya tratado de edulcorar la prepotencia de su demanda– y a culparlo de manera adelantada por los muertos y heridos que puedan derivarse de las manifestaciones. Una actitud que difícilmente contribuye calmar los ánimos.

Las destempladas declaraciones del gobernador, empero, parecen sostenerse, más que en un legítimo interés por salvaguardar la integridad de sus paisanos, en un intento por hacerse de los réditos y el protagonismo político que esta coyuntura le puede traer. Y es que mostrarse como el hombre fuerte que encara al gobierno y trata, a punta de prepotencia, de hacerlo anular una licencia de construcción otorgada en cumplimiento de la ley, lo coloca como un caudillo que ciertos sectores de la izquierda están dispuestos a aplaudir animosamente (como hicieron antaño con Gregorio Santos cuando se dispuso a boicotear el proyecto Conga).

El gran problema es que el costo de sus ambiciones lo tendrán que asumir sus conterráneos. En primer lugar por los riesgos que pueden venir con la radicalización de las protestas (una consecuencia previsible de la ausencia de diálogo) y, en segundo, si llega a traerse abajo Tía María, por las oportunidades que se perderían en el distrito de Islay –que, según las encuestas, está mayoritariamente a favor del proyecto–.

El gobierno va a tener que actuar con mucha precisión para paliar una potencial crisis en torno a Tía María y mucho va a depender de cómo conduzca su relación con el señor Cáceres Llica. Lo peor que podría hacer el Ejecutivo sería ceder a las condiciones planteadas por el gobernador, especialmente cuando estas implican una clara injerencia en decisiones que no son de su competencia. El presidente Vizcarra tiene la obligación de salvaguardar su investidura, garantizar que en Arequipa se respete el Estado de derecho (lo que implica garantizar el libre tránsito y salvaguardar la integridad física de las personas) y procurar el diálogo hasta el final.

Esperemos no se deje doblegar por un caudillo en formación.

 

Lucidez.pe no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.