Celebremos el nacimiento de Grau emulando a Grau, por Luis Francisco Eguiguren

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El 27 de julio, víspera feliz de nuestro aniversario patrio, se celebra el nacimiento de un patriota ejemplar: don Miguel Grau Seminario. La celebración del nacimiento de una persona, de una persona eminente más aún, es una manifestación de agradecimiento por que él haya llegado a la existencia. El 27 de julio celebramos que haya llegado a este mundo, a este Perú, un personaje que se hizo a sí mismo héroe. El héroe confía encontrar la plenitud de su vida ofreciéndose, libremente, a los demás.  La mejor manera de vivir, que todo ser humano anhela y busca, el héroe la escoge para sí en el servicio noble y desinteresado. En Grau vemos a un hombre así, entregado sincera y seriamente por los demás. Lo que queda patente cuando lo vemos participar en la vida política nuestra como miembro del Parlamento, antes de sus valientes correrías en el Huáscar y de su gloriosa inmolación en Angamos. Ya lo postulaba el maestro de moral, Sócrates. Y lo encontramos en sus seguidores de las escuelas socráticas mayores: Platón y Aristóteles. Luego nos lo enseñará la doctrina, que admiraría tanto al mundo unos siglos después, el cristianismo. Y de la que Grau era practicante. Consecuente con la enseñanza cristiana, antes de embarcarse en su última travesía, Grau acudió al Convento de los Descalzos en el Rímac, abajo el puente en la vieja Lima, para recibir el sacramento de la penitencia del célebre padre Pedro Gual.

Grau, el patriota ilustre, del que nos enorgullecemos los peruanos, reúne las características de lo que lo que Aristóteles denominó, en griego clásico: spoudiaios, modelo de la areté, de la virtud en la tradición latina, de la  excelencia humana. El spoudaios es modelo viviente a seguir. Obrando lo que él obró, actuando como él obró, conseguiremos la mejor vida que puede llegar a lograr un ser humano. El spoudaios, modelo ético, que el aristotelismo perfila, es el hombre que sabe tomarse la vida en serio: responsable consigo mismo y con los demás. Ciudadano ejemplar. Ejemplar en el sentido de que, precisamente procurando actuar como él actuó, los demás mortales podemos alcanzar la mejor manera de gastar nuestra propia vida.

Las excelencias humanas, las aretai o virtudes, que Aristóteles condensa en su Ética a Nicómaco, las apreciamos en nuestro héroe epónimo. Las logró ejercitándose en ellas por libérrima elección. Fue un hombre que encarnó la unidad de la virtud, la conexión de las virtudes. Así, ejerció la virtud en su hogar como tierno esposo. Como responsable padre de familia de ocho hijos. A la vez sus obras revelan al hombre austero en la vida pública y dispuesto a ofrecer lo mejor de sí en ella, a través de la participación política. Revelan al valiente y muy recio marino que se gestó en las duras condiciones de la vida a bordo desde sus años más mozos.

Celebremos dichosos el aniversario del orgullo del Perú, Miguel Grau, tomándolo, con sincera convicción y concreción, como digno ejemplo para el propio actuar.

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