Cerveza sin alcohol

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Manchado por la necedad de un ministro hambriento de portadas, quien encontró en el fútbol a la excusa perfecta para darse un baño de popularidad ante la reciente incapacidad para capturar a cierto prófugo empresario, Sporting Cristal venció a Alianza Lima y se proclamó campeón en la tan postergada final del Torneo Clausura 2014.

En lo deportivo, pasó lo más justo, celestes y blanquiazules mostraron altos y bajos en la recta final del campeonato, trayendo a colación el tan mentado “miedo a ganar” del futbolista peruano, y acabaron jugando un partido definitorio, tras muchos idas y vueltas, en Arequipa. Ahí, bajo la imponente mirada del Misti y hogar del mayor éxito del fútbol peruano (gracias Cienciano).

38 mil entradas a la venta en el coloso de la Universidad San Agustín, futbolistas nerviosos y el Sr. Juan Aurich mirando desde la butaca de los ricos. Final atípica en el canon de juego. Las definiciones son esos lugares donde todos deseamos llegar, mas no jugar, solo ganar y a como dé lugar. Ello suele convertir a estas instancias en partidos aburridos, pocas ocasiones de gol, equipos replegados, el llamado “miedo a perder”. Al Cristal – Alianza hay que agradecerle que no tuvo esto, desde el inicio la actitud de buscar el arco rival estuvo presente, el hambre de victoria rondaba por la Ciudad Blanca. Hambre de victoria mezclado con nerviosismo que dio como resultado imprecisión: pases errados y manos a mano desaprovechados fueron constantes en el desarrollo del encuentro. Un instante de lucidez de Ávila para un pensante Maxi Núñez que con el pecho envió a Alianza al pelotón de fusilamiento, en el cual Sergio Blanco esperó ansioso y aniquiló, bastó para definir uno de los partidos más duros del año.

El ‘turco’ Ahmed repitió el esquema que puso a Cristal en racha en el torneo, con la principal ausencia de Diego Penny en el arco. Para que Elexander Araujo vuelva a gritar campeón en Arequipa tras once años, tuvo que ser protegido por una línea defensiva marcada por Édinson Chávez (Ahmed quiere hacer con Chávez lo que Mosquera y Markarián hicieron con Advíncula), Renzo Revoredo, Luis Abram y Yoshimar Yotún. Dos laterales con mucha proyección que bloquearon la trepada de sus similares aliancistas. Cazulo como único volante ancla es el soporte de la zaga, dejando la labor creativa a Calcaterra y Lobatón en la primera línea de un trapecio que terminan conformando Núñez por derecha e Irven Ávila por izquierda. Las constantes diagonales de estos dos últimos, facilitan al trabajo del único punta y referente de área, Sergio Blanco.

En la bodega de al frente el tema principal giró en torno a la ausencia de Christian Cueva en el once titular. Dicha decisión, significó mayor previsibilidad al juego íntimo. Atrás, lo de siempre, Forsyth, Guizasola, Ibáñez, Araujo y Trujillo. Con acierto, Sanguinetti ubicó a Albarracín, Atoche y Míguez como tres volantes en primera línea con el afán de cortar la salida segura celeste de Lobatón y Calcaterra, convirtiendo al rival en un equipo largo que le facilite el trabajo a la zaga. Aguirre por derecha y Landauri por izquierda dieron velocidad pero carecían de apoyo, ende de sorpresa. Arriba Guevgeozián y el oxígeno jugaban un partido aparte.

Los ingresos de Montes y Cueva modificaron el planteo grone. El ex Rayo Vallecano trató de poner el balón al piso, pero pecó de figura mientras Montes esperaba para conectar el cabezazo que vacunó a San Martín en la final del Torneo del Inca. Finalmente 3-1-3-3 con Cedrón en el campo e Ibáñez como tercer delantero centro, no fueron suficientes para doblegar a un Cristal que en lugar de buscar el segundo con Forsyth en el área celeste, priorizó cuidar el balón.

Hoy triunfó el fútbol, se logró disputar un cuestionado partido gracias al arduo trabajo del comisario Enrique de la Rosa y en la cancha primó el juego limpio y ambiente familiar. Mientras trabajo terminando de escribir esta columna, a la par labura Sporting Cristal, que tendrá la más sobria celebración, puesto que el Sr. Juan Aurich ya dejó la butaca.