Ciencia, democracia y libre mercado, por Piero Gayozzo

«No debería extrañarnos que la democracia, el libre mercado y la ciencia tengan una relación muy íntima en la praxis. Es una tríada necesaria para el progreso de las sociedades».

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Durante los años 70 el modelo democrático atravesó ciertas dificultades por lo que la academia centró su atención en el estudio de la democracia y abordó sus problemas con nuevas estrategias y enfoques que invitaban a otros actores sociales a coparticipar del gobierno, con el propósito de mejorarla.

En la década de los 90, con la caída del régimen soviético, la apertura de China hacia el modelo económico liberal y el milagro asiático, además del surgimiento de las economías de Corea del Sur y de Japón, se evidenciaron las bondades del libre mercado, por lo que este modelo económico captó la atención de muchos sectores y la globalización se erigió como el sistema dominante.

Ahora, en los últimos meses, como consecuencia de la emergencia del SARS-CoV-2 y de sus distintas variantes, la atención del mundo ha virado hacia la ciencia, los adelantos tecnológicos y la necesidad de que las comunidades especializadas posean un rol mayor en la toma de decisiones.

Cada uno de los sistemas anteriores, democracia, libre mercado y ciencia, son solo algunas de las alternativas que a lo largo de la historia se han propuesto para el gobierno, el intercambio de bienes y el conocimiento de la realidad respectivamente. Por ello es válido preguntarnos, ¿por qué existe cierta predilección por la democracia antes que por los gobiernos autoritarios? ¿Por qué el libre mercado se impuso a la planificación central de la economía? ¿Por qué la ciencia debe guiarnos en la toma de decisiones antes que otros tipos de conocimiento? Estas preguntas son difíciles de responder en un breve espacio, pues las razones que les subyacen son múltiples; sin embargo, sí es posible resaltar algunas características que tanto la ciencia, como la democracia y el libre mercado tienen en común, y que podrían haber influenciado en su posicionamiento como modelos exitosos en detrimento de otros. Revisemos rápidamente al menos 3 de estas características.

(1) Permisivas y no restrictivas

La ciencia es un cuerpo de conocimiento, una forma de ver el mundo y un método que procura explicar las relaciones causales de los eventos que componen la realidad. Una de sus principales características es que no es restrictiva, es decir, la ciencia puede plantearse el estudio de cualquier objeto, ya sean procesos químicos, psicológicos e incluso fantasmas o poderes psíquicos. En principio, la ciencia no rechaza nuevas hipótesis para algún suceso, no obstante, no toda hipótesis o proyecto de investigación es, o bien real o bien coherente, por lo que, aunque la ciencia abra sus puertas a cualquier hipótesis, esto no implica que toda investigación sea fructíferas o científica. Existen ciertos principios filosóficos (materialismo, realismo, entre otros) y metodológicos que deben seguirse para que lo sea.

Uno de los tantos ejemplos de esto se suscitó durante la Guerra Fría, años en los que el gobierno estadounidense financió y fomentó la investigación seria de fenómenos parapsicológicos (telekinesis, visión remota y adivinaciones) como un intento por poseer una ventaja sobre la URSS. Para el lamento de muchos estas investigaciones no llegaran a arrojar resultados positivos pues las hipótesis planteadas no eran correctas y los objetos de estudio y la disciplina misma, la parapsicología, carecen de referentes reales.

Hoy en día se sabe que la parapsicología es una pseudociencia, por ello es importante indicar que, en principio, la ciencia puede y debe intentar investigar cualquier fenómeno, aunque esto no garantice el éxito de todas las hipótesis planteadas.

Con respecto a la democracia, se trata de un modelo de gobierno que permite la asociación de grupos ciudadanos con distintas perspectivas, proyectos e ideales políticos. Al igual que ocurre con la ciencia, prima facie, en una democracia debería poder albergarse cualquier alternativa de gobierno, postularse a las elecciones gubernamentales cualquier propuesta social, así como los colectivos que las fomenten deberían poder promover sus ideas dentro de la sociedad.

En una sociedad en la que los ciudadanos han asimilado los valores democráticos no debería existir la censura, ni a la oposición ni a la disidencia, a no ser que estas afecten los derechos de los ciudadanos y recubran sus intenciones antidemocráticas de libertad de expresión. Así como existen investigaciones que no son científicas, también existen propuestas políticas antidemocráticas, por lo que debe indicarse que la democracia no puede usarse para destruir la misma democracia. Permisiva sí, mas no irrestricta.

Por su parte, el mercado es un espacio de asociación e intercambio de voluntades, bienes y servicios en el que, al igual que los casos anteriores, debería poderse producir y vender cualquier bien o servicio. Naturalmente, existen ciertas limitaciones sociales, pero este pequeño porcentaje de productos prohibidos no afecta el desarrollo del libre mercado, de misma forma en que el hecho de que la ciencia no investigue fantasmas porque estos no son reales o que algunas democracias rechacen la participación política de grupos extremistas, no desnaturaliza el verdadero fin de estos sistemas.

(2) Autorregulación

En cualquiera de los 3 sistemas existe la posibilidad de enmendar errores. En el caso de la ciencia, es común creer que las investigaciones prueban un determinado suceso, pero, lo cierto es que esta somete a contrastación empírica algún modelo o hipótesis que se proponga como explicación para el mismo. En otras palabras, la ciencia busca de entre las hipótesis planteadas para un suceso, la menos incorrecta. Conforme pase el tiempo y se obtenga mayor información, la posibilidad de cambiar dicha hipótesis por otra mejor seguirá siempre siendo una opción válida. A este tipo de inferencia se le conoce como abducción y significa que la ciencia no sostiene verdades últimas, sino que va construyendo su cuerpo de conocimiento de manera progresiva, corrigiendo errores en sus afirmaciones y en sus metodologías a la luz de nueva evidencia empírica.

De manera análoga, la democracia posee mecanismos internos con los que puede regular las pretensiones de abuso de poder. Por un lado, la separación de poderes es un mecanismo que busca proteger los intereses ciudadanos al evitar que se concentre el poder en una sola persona o agrupación; por otro, la periodicidad del sufragio y el tiempo límite del gobierno permiten a la sociedad cambiar de gobernantes continuamente, por lo que, si un gobierno electo desempeñara una mala gestión, sería posible cambiarlo una vez que finalice el tiempo para el que fue elegido. Incluso, para casos más extremos, existen mecanismos, como las vacancias, las revocatorias o las suspensiones, que sirven para retirar del cargo a algún funcionario y reemplazarlo por otro más capaz. En otras palabras, en una sociedad democrática es posible corregir errores.

Algo similar ocurre con el mercado. Si el bien o servicio ofrecido no satisface las expectativas y deseos de los consumidores, podría ser reemplazado sin ningún problema por bienes sustitos, ya sean alternativas mejores, más cómodas o mucho más funcionales. El hecho de que exista libertad para que cualquier individuo produzca bienes de diversos materiales, formas, cantidades y tipos crea un ambiente competitivo que brinda la posibilidad de que también se optimicen los procesos de producción, la funcionalidad y calidad de los bienes y servicios. La autorregulación en el mercado se da al nivel de la oferta mediante la optimización de procesos y productos, aumento de la eficiencia, y a nivel de la demanda, a través de la existencia de alternativas de consumo.

(3) Participativas y dialógicas

Finalmente, los 3 sistemas mencionados funcionan de manera participativa o dialógica, es decir, requieren de la continua comunicación con otros actores para mantenerse activas. Se tratan de sistemas creadores que son, a su vez, co-creados por sus propios agentes.

Con respecto a la ciencia, cualquier investigación contemporánea será siempre más fructífera si se realiza en conjunto, con el apoyo de equipos especializados y multidisciplinarios. De misma forma, toda disciplina requiere dialogar con otras áreas de la ciencia, ya sean las matemáticas, la psicología, la biología, la química o cualquier otra para abordar un problema de manera mucho más precisa. Esto se debe a que el conocimiento científico no se encuentra compartimentado o aislado por disciplinas, sino que está sistematizado (la física es útil para la química, la química para la biología, la biología para la psicología, la antropología, etc.).

En democracia, la participación política es variada. Gracias a que el sistema garantiza el acceso de agrupaciones y asociaciones ciudadanas con ideas distintas, así como fomenta su competencia por lograr cierta influencia social y representación gubernamental, la pluralidad de ideas, opiniones y perspectivas siempre estará vigente. Es por esta razón que una de las mejores maneras de gobernar para toda la población se desarrolla mediante la búsqueda de puntos comunes entre las agendas políticas, es decir, mediante el diálogo y la negociación. En una democracia la oposición siempre existirá, por lo que la participación y el diálogo deberán primar para que el gobierno cumpla con su principal función: gestionar los recursos y resolver los problemas sociales.

Sobre el mercado, el diálogo es indispensable para la autorregulación que se da a nivel de la oferta, procesos de producción, y la demanda, elección de bienes y servicios. De esta interacción entre agentes económicos (productores y consumidores), de este diálogo entre la oferta y la demanda, termina fijándose el valor de los bienes y servicios de manera autónoma. El mercado es de por sí un espacio en el que se intercambian voluntades, por lo que, sin libertad de asociación y adquisición, este terminaría incumpliendo su rol principal.

Por lo anterior, no debería extrañarnos que la democracia, el libre mercado y la ciencia tengan una relación muy íntima en la praxis. Es una tríada necesaria para el progreso de las sociedades. Es posible que en algún momento se diseñen mejores sistemas que los tres mencionados, pero, por ahora, y en función de la evidencia que poseemos, intentar seguir alternativas superadas por estas podría ser no solo contraproducente, sino también inmoral y peligroso.

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