¡Comienza el circo electoral!, por Alfredo Gildemeister

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Cuando ingresé a la universidad Católica a mediados del mes de febrero de 1980, el ambiente político estaba en plena ebullición. Luego de doce años de dictadura militar, el Perú volvía a la democracia. La Asamblea Constituyente, elegida democráticamente, había elaborado una nueva constitución entre 1978 y 1979, habiéndose convocado a elecciones presidenciales y parlamentarias –en esa época se votaba para la cámara de diputados y senadores- para el día domingo 18 de mayo. Era la época en que aún uno podía ver y escuchar a parlamentarios de lujo y en todos los partidos políticos. La propia asamblea constituyente estuvo conformada por constituyentes de categoría y de todas las tiendas políticas, menos de Acción Popular, que se negó a acceder a dicha asamblea al haber sido convocada por el gobierno militar. De allí que, una vez comenzadas las clases, el ambiente que encontré en el patio de Letras de la Católica era efervescente, por decir lo menos, y a mí el bicho de la política –digna herencia de familia- ya comenzaba a picarme.

De un lado, uno podía encontrarse con el grupo de los “rojos” o “rabanitos”, conformado por muchos a los que hoy llamaríamos “caviares”. Uno los reconocía a kilómetros de distancia, -por su vestuario tan “fashion” como dirían los muchachos hoy- pues su indumentaria era por decirlo así, muy típica de un rojo: sandalias u ojotas (estilo incaicas de jebe de llanta de ser posible), blue jean –mientras más roto, viejo y desteñido mejor-, chompa de lana de alpaca estilo cuzqueño, bufanda o chalina del mismo material “made in Cuzco” pues si es de vicuña mejor no decirlo, y algo fundamental: pelo largo, peinado así como “a lo descuidado”, medio sucio o al menos aparentemente sucio, y si se sufría de cierta miopía –o si no daba igual- era importantísimo el toque “intelectual”, esto es, utilizar permanentemente unos “anteojitos” redondos al mejor estilo John Lennon, y colgado al hombro como quien no quiere la cosa, un morral incaico “made in Perú” conteniendo de ser posible, los “Siete ensayos” de Mariátegui y el “touch” internacional con el “Lobo Estepario” de Hermann Hesse. Este era el típico rojo PUCP de aquellos años.

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De otro lado, teníamos algunas agrupaciones de derecha, los cuales iban desde los moderados a los de corte más extremista. Estos últimos eran muy particulares ya que en ocasiones especiales –caso de elecciones para el Centro Federado o para la Asamblea Universitaria- solían venir vestidos con camisas negras o pardas –al mejor estilo nazi o fascio- e inclusive no faltó alguno que en la maletera de su automóvil trajera algunas armas de su padre, “por si acaso” la cosa se ponía brava. El sector de “centro” la constituían los apristas que, al menos en Letras de la Católica, eran literalmente cuatro gatos. Sin embargo, lo interesante del ambiente político preelectoral que se vivía, era que se organizaban interesantes debates políticos sobre diversos temas, para los cuales asistían a la universidad renombrados políticos de distintos partidos, a fin de que el debate fuera interesante. Recuerdo por ejemplo, el debate al que asistieron Luis Alberto Sánchez con Luis Bedoya Reyes y Alberto Borea (en sus épocas de aprista). El salón escalonado de la Facultad de Letras se repletaba de estudiantes a más no poder.

Por aquel entonces, rondaban por el patio de Letras conocidos estudiantes –hoy renombrados personajes- simpatizantes de derechas, izquierdas y de otros resabidos sectores y colores,que en aquellos días destacaban por sus apasionadas intervenciones y coloquios. Debo mencionar al periodista Carlos Spa, con su natural parsimonia, elegancia y buen hablar, debatiendo con alguno de los rojos clásicos de entonces o al hoy reconocido historiador y escritor Fernando Iwasaki –más conocido como “Kiwi”-componiendo y cantando canciones alegóricas al momento político que se vivía, caso de la célebre “Rábanos rinconada” (en donde se describía la vida de un típico rojito de entonces que vivía en La Rinconada al que hoy denominaríamos “caviar”), entre otra canciones. El también periodista Juan Carlos Tafur así como el abogado Enrique Gherzi serían otros de los asiduos personajes asistentes a los debates, discusiones y cuasi peleas que se armaban entre la derecha y la izquierda de aquel entonces. Entre los rojitos del momento, no puedo dejar de mencionar a un curioso y folclórico personaje que llegaba siempre tarde al debate y literalmente se arrojaba al suelo, acomodándose en algún rincón del salón, a fin de escuchar el debate. Quién diría que ese rojito de entonces se convertiría años más tarde en un estupendo animador de concursos televisivos y formaría una conocida y exitosa banda de rock. Me refiero a Raúl Romero. ¡Milagros del capitalismo! ¡Quién dijo que solo los santos se convierten! Al año siguiente desfilarían por ese patio de Letras los hoy periodistas Aldo Mariátegui, Rosa María Palacios, Sol Carreño, Jaime Bayly, entre otros.

Todos nos interesábamos en la política, hablábamos de política, discutíamos de política, comíamos con la política y hasta soñábamos con la política. Todos leíamos y estudiábamos bastante, no solo sobre las materias que estudiabas en la universidad, sino también sobre otros temas que enriquecían nuestra formación política. Cabe señalar que en las elecciones de 1980, por primera vez votaban los peruanos a partir de los 18 años pues antes se votaba a partir de los 21 años. En mi caso, yo tenía 19 años –pues perdí dos años por la peregrina idea de estudiar medicina- por lo que esta sería mi primera votación, lo cual me hacía de alguna manera sentir cierto orgullo y despertar algo de envidia entre mis compañeros “menores” de edad. Con algunos de mis compañeros de Letras asistíamos a los mítines que los candidatos a la presidencia organizaban en ciertos distritos de Lima. Aún recuerdo el mitin de Belaúnde y el de Bedoya en Miraflores, así como el de Villanueva en el que un joven, patilludo y pelucón Alan García se lucía con sus pintorescos discursos. Al lado de mi padre –al que también le apasionaba la política- pude asistir a los multitudinarios mítines de cierre de Belaúnde y de Villanueva en el Paseo de los Héroes Navales frente al Palacio de Justicia. Eran líderes de otras tallas, otra época definitivamente.

Hoy que comienza el circo electoral con miras a las elecciones del 10 de abril, comenzamos a apreciar la pobreza del debate político, la carencia en general de ideas y propuestas –si es que se tienen algunas- de muchos de los candidatos que ya se perfilan, por no decir nada de los que ya se están en estos momentos “cocinando” y “negociando”… digo captando, para ocupar una curul en el Congreso, a cambio de una no tan módica “donación” para el partido. Para variar, al parecer tendremos más de lo mismo: candidatos que ya debieran estar jubilados o retirados hace rato –como el caso del candidato García que ha olvidado que la democracia es alternancia en el poder e insiste en postular por tercera vez a la presidencia-. ¿Es que no hay personas en el Apra que deseen postular a la presidencia? ¿Tan grande es la ambición y el ego de García que siente que no hay otro como él en dicho partido e impone literalmente su candidatura? Pareciera que su formación democrática no es muy sólida que digamos. ¿Qué diría Haya de la Torre? Peor el caso de Toledo que luego de todos los escándalos e investigaciones en curso, tiene el cuajo de presentarse a la presidencia. Hay que tener descaro y ser muy sinvergüenza para hacerlo. De Keiko y PPK nadie duda del derecho a intentarlo nuevamente de estos señores, pues nunca han sido presidentes. Y no digamos nada del frustrado candidato del oficialismo Urresti, defenestrado vilmente de un plumazo por su propia agrupación, a fin de nombrar a Hesse como su candidato y chivo expiatorio. ¡Cosas de la política partidaria! Pero al margen de todo, ¿Dónde están los jóvenes peruanos con ganas de trabajar por su país? ¿Dónde están todos aquellos peruanos que desean poner su granito de arena y “complicarse” la vida en el buen sentido por amor a su país? ¿Acaso el filtro de los partidos políticos –vieja clase política- apoltronados en el quehacer político nacional, que no les da una oportunidad a estos peruanos, con tal de mantener en el poder a los mismos viejos politiqueros, incapaces y fracasados que sólo saben vivir de la política cual parásitos políticos vivientes?

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De nosotros depende que el Perú no se estanque o –peor aún- que retroceda en su avance hacia el desarrollo y el progreso. De allí que ahora señores electores, a exigir –en medio de este circo que se viene- a los candidatos planes y programas de gobierno serios, coherentes y sustentados; a leer dichos planes y a estudiarse bien la hoja de vida de cada candidato –ya sea a la presidencia o al Congreso de la República-, a analizar bien su entorno, su vida familiar y personal así como al equipo de personas (políticos, técnicos, etc.) que lleve a su gobierno, a fin de evitar lamentables sorpresas una vez electos. En nuestras manos está el futuro del Perú. Si permitimos un circo electoral, lo tendremos para siempre luego cuando sean gobierno. Si queremos un proceso electoral serio y alturado, exijamos que así sea. Basta ya de experimentar con chicheros y “outsiders” que finalmente constituyen una timba de sorpresas. No experimentemos con el país, con su gente y su futuro. De nosotros depende, ya que una vez pasadas las elecciones… la suerte estará echada. Después no nos quejemos…