Cómo acabar con la Crisis Norcoreana (y vivir para contarlo), por Daniel Ku Hop

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En los últimos días se han realizado diversos movimientos alrededor de la crisis norcoreana que han puesto en alerta a toda la Comunidad Internacional. El anuncio, realizado por oficiales de Corea del Norte, de que la base naval norteamericana en la Isla de Guam se ha convertido en un objetivo militar importante, y los consecuentes movimientos realizados por las Fuerzas Armadas estadounidenses, que incluyeron el traslado de dos aviones bombarderos B-1B Lancer a la mencionada base, han conseguido que el conflicto entre ambos países escale a un nivel de peligro sin precedentes. Siendo este el tema más urgente en la agenda internacional, el objetivo del presente artículo será el de explicar por qué Occidente se ha equivocado en el pasado con respecto a Corea del Norte, y de qué manera se puede solucionar la crisis norcoreana.

El conflicto entre el bloque occidental, representado principalmente por Estados Unidos, y Corea del Norte se remonta a la mismísima Guerra Fría. La guerra de las coreas, como muchos sabrán, fue una guerra proxy más entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Sin embargo, a pesar de la caída de este último actor, la situación en Corea del Norte no ha hecho más que empeorar y las acciones de Occidente no han ayudado en lo absoluto a la resolución de este conflicto. Desde la década de los 80, la actitud de Occidente para con Norcorea fue estrictamente conciliadora buscando, mediante diplomacia y apoyo económico, un acercamiento entre ambas partes. A pesar de estos esfuerzos, Corea del Norte demostró repetidas veces no estar interesado en relacionarse con el bloque occidental, sobre todo durante el gobierno de Obama, etapa en la que se realizaron la mayor cantidad de esfuerzos para conseguir una negociación entre ambos estados. Durante este periodo de conatos de acercamiento incluso se consiguió que, en 2009, el mismísimo ex presidente Clinton viaje hasta Pyongyang, capital de Corea del Norte, para reunirse con el entonces presidente norcoreano, Kim Jong Il. Pese a ello, la reunión entre ambos jefes de estado tuvo como único resultado la liberación de dos periodistas americanos encarcelados y un enérgico rechazo a negociar un desarme nuclear. Durante todos estos años de intentos de acercamientos diplomáticos y alguna que otra sanción impuesta tanto por Estados Unidos como por el Consejo de Seguridad, e ignoradas olímpicamente por China y otros estados menores, no solo no se consiguió una mejora de las relaciones Occidente-Corea del Norte, sino que se obtuvo como resultado un programa nuclear norcoreano estable y el retiro unilateral del país asiático de dos tratados realizados por la Agencia Internacional para la Energía Atómica (IAEA) y del Tratado de No Proliferación Nuclear, una de las principales herramientas del Sistema Internacional para el control de las armas nucleares. Evidentemente, ni los papeles firmados, ni los apretones de manos han sido capaces de detener a una creciente amenaza norcoreana, y la débil acción, o en muchos casos la falta de ella,  por parte de Occidente hasta el momento no han conseguido los resultados esperados.

Llegado a este punto del artículo, es difícil considerar que se pueda solucionar este conflicto sin llegar al uso de la fuerza, sin embargo, existe una luz al final del camino: la priorización de la supervivencia por encima de todo.

Cuando se crearon los primeros Estados hace ya varios siglos, el fundamento básico bajo el cual se decidió ingresar a este nuevo sistema fue el Principio de la Supervivencia. Este principio está basado en la idea de que los entes separados se unieron para protegerse los unos a los otros de amenazas externas, y así se dio forma a lo que hoy conocemos como Estados. En la actualidad, el mencionado principio sigue estando vigente aunque con un cambio importante: la prioridad, ahora que los estados ya fueron creados, es la supervivencia de los mismos (entendiéndose por supervivencia no solo la protección de fronteras sino al buen funcionamiento del estado en sí mismo). Este nuevo principio de supervivencia aplica perfectamente a Corea del Norte si es que tomamos en cuenta el historial de las reacciones de Pyongyang  para con los intentos de acercamiento de Occidente. Si revisamos la historia de las negociaciones entre Occidente y Corea del Norte, encontraremos que no hubo periodo más positivo para las mismas que cuando el estado asiático entró en una fuerte crisis económica. Durante fines de los 80 y toda la década de los 90, Corea del Norte se encontraba sumido en una depresión económica sin precedentes naciente de una política económica bélica llamada “Política de Songún”, la cual priorizaba el gasto militar sobre el desarrollo de la industria. Buscando aprovechar la necesidad norcoreana dentro de la crisis, Estados Unidos y Corea del Sur decidieron invertir grandes cantidades de dinero dentro de Corea del Norte. La respuesta de Pyongyang durante esa etapa, a pesar de que por la naturaleza bélica de sus políticas haya realizado ciertos movimientos militares que simbolizaron un riesgo importante para la Comunidad Internacional en su momento, fue, dentro de todo, bastante más positiva que la que ha venido dando durante el nuevo milenio. Ejemplos claros de lo positiva que fue esta etapa fueron la firma del Tratado de No Proliferación Nuclear en 1885, la firma de un acuerdo con Estados Unidos en 1994 y los altos niveles de negociación alcanzados entre Washington y Pyongyang entre 1998 y 1999, años en los que incluso se le llegó a permitir el acceso, a agentes norteamericanos, para que confirmaran que se habían congelado los programas nucleares. Para realizar todas estas acciones conciliadoras, los requisitos impuestos por Corea del Norte fueron básicamente inversión en desarrollo industrial, la construcción de dos reactores nucleares para producir energía y el apoyo para aumentar los rendimientos de producción de la papa. Objetivos bastante primarios para que un estado en crisis logre sobreponerse.

Como la historia dicta, la necesidad de supervivencia del Estado norcoreano, apaciguó la rigidez de la posición del país asiático frente a Occidente, por lo que existen razones para creer que, en la actualidad, utilizar una estrategia que utilice la supervivencia como eje principal sería extremadamente positivo. Existen, para Corea del Norte, 3 aristas básicas que históricamente han sido claves para su supervivencia: el apoyo de China, el desarrollo económico interno y su programa nuclear. La mejor manera para forzar una moderación por parte de Pyongyang y crear la posibilidad de una negociación duradera es atacando esas aristas y comprometiendo, de esta manera, la supervivencia del país asiático. Con respecto a la primera arista, los movimientos militares y la presión diplomática ejercida por Estados Unidos, han causado, por fin, una reacción en China evidenciada en las últimas declaraciones del canciller Wang Yi, quien afirmó que Beijing está listo para sacrificar sus intereses para solucionar la situación norcoreana. Con relación a la segunda, se han impuesto nuevas sanciones económicas a Corea del Norte que han conseguido asustar al gobierno central (miedo que se ha visto demostrado en las amenazas realizadas por Kim Jong Un). Finalmente, con respecto a la tercera arista, lamentablemente en la actualidad no existe manera de negociar un desarme con Corea del Norte puesto que es lo último que estará dispuesto a dejar ir.

En el pasado, Occidente cometió el error de no ser constante con las sanciones impuestas a Corea del Norte, y este desesperante sosiego para con el país asiático ha llevado a la situación a escalar a estos límites. Es necesario que para conseguir una solución pacífica, se mantengan las 2 primeras aristas bien controladas; vale decir, que China no decida volver a alinearse con Corea del Norte y que las sanciones económicas sean mantenidas, y de ser necesario, aumentadas. Una vez que estas aristas hayan sido controladas y la supervivencia del estado norcoreano se haya visto realmente amenazada, será el momento de negociar un desarme nuclear. La historia lo demuestra: la supervivencia es una prioridad para Corea del Norte y amenazarla es la única manera de poder solucionar la crisis norcoreana y vivir para contarlo.

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