Cómo he elegido por quién votar para presidente, por Federico Prieto Celi

"Rafael López Aliaga. Es el resultado de la criba de los candidatos, el que responde mejor a las preguntas aquí hechas. Sabe hacer las cosas. Es valiente y franco. Está por encima de los últimos presidentes (prefiero no mencionarlos) y de los otros candidatos".

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Después de leer la larga lista de candidatos a la presidencia de la República, decidí elegir a uno que fuera nuevo, que estuviera ajeno a las corruptelas de la clase política del último lustro.

Dentro de los que se podían considerar nuevos, busqué a uno de que hubiera cometido ningún error en la campaña, y comprobé que todos habían cometido errores. Queda la solución de votar en blanco o no ir a votar, pero deseché esas opciones. Votaré por un buen candidato, aunque haya cometido unos pocos errores.

En tercer lugar, miré quién ha demostrado en su vida que es capaz, y encontré varios, de los cuales me quedé por mientras con dos.

Después, pensé en alguien que no se entregara a las ideologías de moda, en especial a la que hace más daño, que es la ideología de género. Encontré uno.

Después me fijé en los partidos, viejos y no tan viejos, e incluso en partidos que recién se inician, y leí sus programas de gobierno. Se repiten. Tocan los mismos tópicos. Encontré un programa de gobierno que me gustó más porque se ocupa del agro, el comercio, la industria, etcétera a la búsqueda de crear empleo masivo y progreso a lo largo y ancho del territorio nacional, buscando una distribución demográfica saludable y un estado cada día más viable y eficiente.

Luego miré si el candidato de este partido era capaz de hacer lo que propone y me pareció que por fin hay una persona que inspira credibilidad, porque a lo largo de su vida ha sabido desarrollar sus habilidades e inteligencia con responsabilidad. ¿Quién?

Rafael López Aliaga. Es el resultado de la criba de los candidatos, el que responde mejor a las preguntas aquí hechas. Sabe hacer las cosas. Es valiente y franco. Está por encima de los últimos presidentes (prefiero no mencionarlos) y de los otros candidatos.

Como comentarista político con más de 50 años de ejercicio periodístico, me tomo la libertad de opinar que vale la pena leer el programa de gobierno del partido Renovación Nacional. No es necesario coincidir con todas las propuestas, sino ver el conjunto, que dibuja un horizonte prometedor en unas circunstancias especialmente retadoras como la actual, por la pandemia, por la economía, por el desaliento.

Los caviares le tienen miedo, lo que es una buena recomendación para votar por él. Los marxistas lo van a tratar de desdibujar porque ha sido un empresario de lujo y sería un presidente de lujo, que dejaría atrás la demagogia de izquierda. La manipulación de los medios de comunicación se siente cuando se ocupa de él, porque es una persona que no se vende, y que no piensa gobernar pensando en la opinión pública sino en las obras que debe hacer para que el Perú progrese.

El Perú volvería a ser una nación presentable en el concierto de América Latina, tanto en lo que se refiere relaciones internacionales como al comercio mundial. El Grupo de Lima, dejado de lado por la cancillería de los últimos presidentes, volvería a tomar la iniciativa a favor de una Venezuela libre, democrática, próspera.

Las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional tendrían un presidente que respeta el estado de derecho. No dejará que nos manden caprichosamente desde la Corte de San José, que tanto daño ha hecho al país. A lo mejor, hasta nos salimos de esa institución fabricada para que los ideólogos de los Estados Unidos -que no forma parte- digiten sus consignas en los países chicos del nuevo continente. El Perú no será tan grande como México, Brasil o Argentina, pero es mediano, como Colombia, y no debe dejarse imponer por una Corte de más que dudosa voluntad de justicia, hecha para dominar a las repúblicas chicas. Por todo eso votaré por Rafael López Aliaga, de Renovación Popular.

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