¿Cómo surfearán la segunda ola las personas con discapacidad?, por Verushka Villavicencio

Pero, así como Albert enfrenta sus miedos por seguir sus sueños, así cada uno debería enfrentar esta pandemia con una conducta responsable y fraterna para con el otro".

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Albert Casals, es español, fue diagnosticado con leucemia cuando era niño y el tratamiento al que fue sometido le ocasionó perder la movilidad de sus piernas. Hoy tiene 28 años y ha recorrido el mundo en su silla de ruedas, sin dinero, sin trabajo, pero siendo fiel a su sueño: viajar. En plena pandemia publicó el libro: “Los mundos donde a mí me gusta vivir”. En él explora cuál es el sentido del bien común para diversas comunidades de personas en el mundo. Descubrió que la única forma de sobrevivir es ʺcompartirʺ. Lo vio en una tribu de Dayak, en la isla de Borneo, donde cada persona comprende que el bienestar de uno es el bienestar de todos, y actúan en ese sentido.

¿Si una persona con discapacidad física es capaz de ser feliz en medio de esta pandemia compartiendo sus aprendizajes, por qué las personas sin discapacidad no son capaces de ser empáticas con las circunstancias de todos?

Al cierre de este artículo, el presidente Sagasti anunció las medidas de restricción para todo el país ante la inminencia de la segunda ola. Son 13 regiones que se ubican en el nivel de “alerta alto” incluida Lima Metropolitana. Significa que estamos a medio camino para agravar nuestra condición o surfear la segunda ola.

Hemos visto por TV a un regidor municipal bailando sin mascarilla en una discoteca del sur; también a centenares de personas comprando en Mesa Redonda sin respetar el distanciamiento físico esquivando las vallas de seguridad; a un ciudadano escupiendo en el rostro a un sereno y a adolescentes caminando por la calle con la mascarilla abajo. Es decir, seguimos presenciando comportamientos que atentan contra la vida de todos los ciudadanos; siendo los más vulnerables, quienes corren más riesgos, como es el caso de los adultos mayores y las personas con discapacidad.

Jorge Yamamoto, psicólogo y docente de la PUCP, investigador de la conducta humana, declaró ante los medios que los peruanos tienen una conducta de piloto automático, es decir “actúan sin pensar en las consecuencias de sus actos”. Otra característica es el “optimismo suicida”, que considera que nada les puede afectar, entonces actúan pensando que son inmunes al virus. Y finalmente, muestran una “falta de cultura de cumplimiento de la norma”. En su análisis, Yamamoto explica que el peruano entierra a un familiar que murió por el COVID 19 y luego comparte un vaso de cerveza con otra persona para silenciar su pena. Este hecho es un claro ejemplo de la evasión de la norma y de la búsqueda de una justificación para su accionar. Inclusive expone su vida junto a los demás con tal de satisfacer su deseo. No se piensa en las consecuencias en el mediano y largo plazo, sólo se vive el momento. Esa falta empatía con los otros que atenta contra la vida demuestra no sólo debilidad ante un esfuerzo que implica privarse de algo sino una ausencia de esperanza en la vida. Creen que todo acabará y hay que darse el gusto, antes de que les llegue la muerte.

En ese sentido, el ejemplo de personas con discapacidad como Albert Casals, nos hacen reflexionar sobre la capacidad de resiliencia que cada persona posee para sobreponerse a una situación que le impide acceder al ejercicio de sus derechos y que inclusive es adversa para su desarrollo. Viajar por el mundo en una silla de ruedas, implica afrontar el reto de la discriminación, la falta de accesibilidad en los espacios públicos, la ausencia de mecanismos de protección y la limitación del idioma entre otros. Pero, así como Albert enfrenta sus miedos por seguir sus sueños, así cada uno debería enfrentar esta pandemia con una conducta responsable y fraterna para con el otro. Hay que investigar sobre nuestra conducta desde una perspectiva multidisciplinaria que nos lleve a reflexionar y a cambiar nuestras acciones. ¿Por qué no nos identificamos con el propósito común que es salvar las vidas de todos los ciudadanos? ¿Por qué sólo interesa el bienestar mediato?

Y en nuestro país, en este nuevo escenario, ¿qué necesitan las personas con discapacidad en esta segunda ola? Políticas públicas y servicios humanos en los cuales su participación sea consultada para que aporten con sus opiniones sobre el mejoramiento de la propuesta. Servicios que incluyan medidas de accesibilidad en la comunicación, información y el acceso a espacios públicos seguros que les facilite la circulación y proteja sus vidas.

Comprender cuál es la necesidad del otro para aliviarla, es un acto de bondad y de responsabilidad con el nuevo mundo que estamos creando. La segunda ola no la van a surfear sólo las personas con discapacidad, sino que deberíamos estar todos juntos con una planificación de derechos asociada a servicios humanos. El nuevo reto del desarrollo sostenible es crear las condiciones para que el bienestar no solo cree capital material sino desarrollo humano. Empresa, estado y ciudadanos surfeando juntos cada ola que llegue. ¡Bienvenido 2021!