Comparaciones groseras, por Gonzalo Ramírez de la Torre

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Las últimas semanas no han sido las mejores para César Acuña. Distintos medios han probado que, flagrantemente, el candidato de APP, quien ha buscado posicionarse como el abanderado de la educación nacional, ha cometido plagio. Esto tanto en partes de su tesis doctoral como apropiándose completamente de un libro que en el año 1999 fue registrado como obra de un profesor suyo, Otoniel Alvarado Oyarce.

Ante el escándalo, y la contundencia irrevocable de las evidencias, el candidato se ha encargado de negar obstinadamente que lo que él hizo es plagiar. Sin embargo, el sábado pasado, compartió en su página oficial de Facebook un video, del canal ‘Blog do Favre’, donde no solo parece admitir su culpa sino que se pretende hacer una comparación de su caso con el de Martin Luther King, quien también cometió plagio.

El mensaje del video es, finalmente, que “la vida de un ser humano no se reduce a eso (al plagio)”. Y sí, es cierto. No se puede negar el aporte de King a la sociedad estadounidense, su lucha tenaz para lograr la igualdad para los negros lo ha convertido en una figura casi mítica y tuvo un rol clave para que hoy este grupo poblacional pueda gozar de las mismas oportunidades que los demás. Sin embargo, si en vida se le hubiera probado que cometió plagio, este hubiera tenido que purgar pena por su crimen como cualquier otro ciudadano, sin importar cuánto valor haya existido en sus acciones. El robo de propiedad intelectual es un crimen y quien lo comete, es un criminal.

No obstante, el video sugiere que el accionar benévolo de una persona debería ser suficiente para ignorar las agudas infracciones que esta pueda cometer. Para esa intención la figura de Martin Luther King es ideal. Pero es un acto de clara e insolente conchudez que se pretenda trasladar el falaz silogismo a César Acuña quien, comparado con la noble figura del activista estadounidense, termina, por decirlo gentilmente, palideciendo.

Las acciones que hicieron famoso a King y que todos conocemos, si bien no lo disculpan del delito, quizá sí tienen el peso suficiente para eclipsar todo aquello que hizo mal. Pero por otro lado, el prontuario de César Acuña, más que servir para encaletar el problema que hoy lo atañe, solo termina por exacerbar y confirmar el hecho de que la trampa, la viveza y la cruda pendejada, son su modus operandi.

Pruebas de esto último hay de sobra. Está el desaire democrático a La Libertad, cuya población lo eligió gobernador hasta el 2018 solo para que este renuncie con apenas diez meses en el cargo (argumentando que esto era, irónicamente, un acto responsable), demostrando que las ansias de poder, para Acuña, superan el respeto a la institucionalidad. Está también el uso propagandístico de sus universidades, por el cual tuvo que tomar acción el Jurado Electoral Especial, y el uso de los recursos de estas (cuyo alumnado financia con sus pagos mensuales), para hacer rodar su campaña. Luego está el infaltable video de ‘plata como cancha’, donde además de inferir que sus allegados inflarán sus bolsillos de llegar él a la presidencia, habla sobre cómo comprar adeptos regalando víveres.

Y esto sin hablar de cómo trató de ocultar con mentiras su relación con Tania Baca y las denuncias de agresión hechas por su ex esposa.

Sobre esta ola de sombríos cuestionamientos cae el plagio para hacer más notable y bochornoso todo lo demás. Distinto, como queda claro, del caso de Martin Luther King quien en vez de cuestionamientos, protagonizó episodios de verdadero heroísmo que le valieron un Nobel y frente a ello, el plagio, aunque imperdonable, queda fácilmente olvidado. Esta suerte no es, para su pesar, la de César Acuña y pretender compararlo siquiera remotamente con King, es verdaderamente grosero.

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