Compartir el poder pero no ceder, por Raúl Bravo Sender  

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En 1925 el General Paul von Hindenburg, gracias a una coalición de la derecha prusiana, asumía como el último Presidente de la República de Weimar, en la Alemania del periodo de entreguerras. Tenía 78 años. En el 2016 Pedro Pablo Kuczynski –hijo de un médico alemán de ascendencia judío-polaca- asume la Presidencia del Perú a la misma edad. El gobierno del ex combatiente –que peleó al lado del Mariscal Otto von Bismarck- de la guerra franco-prusiana (1870) se prolongó hasta el año 1934, como el último rezago de la monarquía del Káiser Guillermo II.

Hindenburg derrotó en las elecciones de 1932 a su principal contendor Adolfo Hitler, quien había alcanzado la mayoría en el Reichstag. Hindenburg necesitaba del Parlamento para darle gobernabilidad a la República. Convencido por Franz von Papen, terminó designando a Hitler como su Canciller (Premier) en Enero de 1933, quien una vez en el poder, hizo que el Reichstag diera una ley que concentró todos los poderes del Estado en el Führer, liquidando así a la República y dando paso a uno de los más sanguinarios totalitarismos de la historia del siglo XX.

¿Qué debe hacer PPK? No ceder ante los apetitos de poder. Si bien es cierto que el poder se comparte para darle gobernabilidad al país, ello no implica ceder ante las amenazas que pongan en riesgo la garantía del estado de derecho, el imperio de la ley, la vigencia de los derechos humanos y, la separación de poderes. La relación entre el ppkausismo y el fujimorismo debe ser como la de una pareja de novios: “ni tan lejos porque te pierdo ni tan cerca porque me ahogas”. Si bien PPK necesita del fujimorismo, debe mantenerlo a una distancia prudente.

¿En qué medida un cogobierno con el fujimorismo puede serle contraproducente a PPK? Es evidente que el actual Congreso está limitado constitucionalmente y no podría proceder como el entonces Reichstag alemán dominado por el nacionalsocialismo, concentrando todo el poder en un Premier pro-fujimorista, que termine anulando al propio PPK y su República e, instaurando un gobierno autoritario. PPK debe gobernar tendiendo puentes en función al diálogo y el consenso. El proceder egoísta de los demás actores políticos será juzgado por el pueblo peruano.

Durante estos días se le ha venido dando forma al perfil que debe cumplir el Premier y su equipo de Ministros. PPK deba apoyarse en un Presidente del Consejo de Ministros que sea político y negociador, que tenga la habilidad de sumar y no restar, que cuente con la aprobación de la opinión pública y el visto bueno de las demás fuerzas políticas. En suma, un político independiente que esté al margen de las pugnas por el poder entre los demás actores políticos, y que le dé un aire de frescura, dinamismo y confianza al primer Gabinete de PPK.

Las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo, en nuestro sistema político, no son como en Norteamérica, donde existe una radical separación de poderes; ni tampoco como en Inglaterra, donde existe una suerte de integración entre el Gobierno y el Parlamento, colocándose el Rey –como Jefe de Estado- por encima de la rivalidad político-partidaria. Nuestros dos Poderes se necesitan el uno al otro. Bajo este esquema, los dos partidos que los controlan, deben dejar de lado sus intereses de grupo y ponerse a trabajar de la mano para sacar adelante al país.

Los políticos deben entender que se deben al pueblo que los ha elegido y su mandato está sometido al imperio de la Constitución. Pero sobretodo, están sujetos a las consecuencias que pueden ocasionar en la vida de millones de compatriotas con su accionar. Hay que dejar de lado la soberbia, bajar los ánimos y reconciliar al Perú, pues la campaña electoral ya acabó. Y pensar que el pueblo tiene muchas expectativas en ellos, de quienes espera sabiduría y templanza, antes que actitudes autoritarias, egoístas y caprichosas que terminen polarizando al país.