Comunicar para empoderar contra la pandemia, por Verushka Villavicencio

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En esta fase de la pandemia, diversas comunidades reflexionan sobre la situación a nivel mundial. Un grupo es la Red de La Iniciativa de Comunicación (CILA) formada por especialistas de comunicación para el desarrollo que analizan las respuestas de comunicación que los estados ejercen durante el COVID-19.

El común denominador del análisis de los especialistas es la ausencia de una articulación entre lo político, la salud y la comunicación para el desarrollo en cada país. Cada uno de estos frentes, representado por actores enfrentan internamente claras disyuntivas y controversias. Los presidentes de los países no cuentan con información confiable porque desde el sector salud no se han generado articulaciones sectoriales e intersectoriales adecuadas. Y los frentes políticos y de salud consideran que la comunicación para el desarrollo son solo estrategias para promover la salud, en el mejor de los casos. No existe un desarrollo periodístico en los medios de comunicación de sus países sobre la salud como noticia que promueve derechos. No hay que confundir información sobre salud con noticias periodísticas sobre salud para prevenir enfermedades.

Adicionalmente ante la demanda de información de la población, circula velozmente en redes sociales, noticias falsas generadas por personas que buscan incrementar el caos o requieren de un espacio para sentirse reconocidos. Abundan las fuentes no confiables que crean zozobra en los ciudadanos.

Este panorama caótico abre la necesidad de articular las políticas y la comunicación para el desarrollo que logre cambiar la conducta de la población, según la evidencia que proporcione el sector salud. Un tema por superar desde las políticas es priorizar el derecho al desarrollo humano de los ciudadanos en función de todos los derechos: salud, educación trabajo, participación, accesibilidad, deporte y recreación, cultura. Esta priorización buscará que la población acceda a servicios y espacios públicos donde los puedan ejercer. Significa que los afanes políticos junto con los desfases para obstaculizar al gobierno de turno en cada país, debería reducirse o desaparecer. El otro tema por superar desde la comunicación para el desarrollo es la construcción de una política de comunicación que dé valor a la generación de información confiable cuyo contenido contenga evidencia para que los periodistas no reporten “hechos” sino “procesos de desarrollo”.

Esta es la clave. Vivimos viendo en televisión y redes el reporte de los hechos y esto es válido. Pero en el contexto de la pandemia, para salvar vidas, necesitamos que los periodistas reporten ángulos periodísticos de los hechos que se articulen con las políticas de cada Estado contra el COVID-19. Significa que se requiere en esta fase prevenir para evitar más contagios, atender a los contagiados y dar soporte para la inserción a los que pasaron la ola.

Entonces surge el problema. Los periodistas no son comunicadores para el desarrollo y los comunicadores para el desarrollo no son periodistas. Y cada empresa de comunicación estará influenciada por su propia línea editorial a favor o contra el gobierno de turno en cada país.

En este escenario, un papel decisivo es el de la cooperación internacional que se puede posicionar como el generador de información confiable con evidencia que sirva para que los periodistas produzcan noticias que contribuyan a la protección de la población y a la generación de prácticas de salud contra el COVID-19. El reto es mantener información confiable que sea entendida por los ciudadanos y sirva para proteger su salud. La experiencia de UNICEF Guatemala por ejemplo, da cuenta de las lecciones aprendidas en la difusión de información para la prevención usando las redes de radios comunitarias alrededor del país. Convirtieron su plataforma en un broadcast difundiendo información masiva con contenido periodístico. Presenta no solo el dato duro como estadística sino el impacto de ese dato en el día a día de las niñas y niños del país. Recoge la información basada en evidencia y la convierte en noticia. De esta forma, los periodistas difunden y distribuyen data y la misma población puede acceder a la misma, con confianza. Entonces, donde el Estado o la empresa privada se ausenta, es donde la cooperación acciona para salvar vidas.

Aportar desde la propuesta y no desde la crítica es la gran necesidad ahora para el país. Se trata de crear una política de comunicación que proponga soluciones para la ciudadanía. La experiencia en Venezuela da cuenta de una central de noticias que marca una agenda positiva en reportar a través de un App. El valor de esta programación aporta información que genera una corriente de opinión dirigida a empoderar a la población para la adopción de decisiones que los protejan.

Otra fuente de información interesante es un innovador estudio sobre los “Usos de la Comunicación en los tiempos del coronavirus. Un estudio transcultural”, realizada por Igartua, Juan-José; Ortega-Mohedano, Félix; Arcila-Calderón, Carlos (2020), que comprendió una encuesta online realizada entre marzo y abril del 2020 a 789 personas de 26 países entre 15 y 40 años, entre los que destacan: España, China, Brasil, Italia, Ecuador, Estados Unidos y México; concluye que un alto consumo de información sobre el coronavirus incrementa el conocimiento sobre el tema y logra que las personas adopten medidas de prevención.

El estudio concluye que la comunicación juega un papel fundamental al transmitir información preventiva porque logra que las personas expuestas cambien de conducta. Los resultados de la misma encuesta señalan que los medios sociales más “visuales” (Instagram, Facebook y YouTube) no han tenido un impacto en la prevención. Y más bien otorga validez a los medios sociales escritos y al contacto cara a cara porque incrementan el conocimiento sobre el coronavirus y aumentan la percepción de gravedad de la enfermedad. Esta situación produce que la población adopte medidas para el autocuidado. Otro dato interesante del estudio es que a mayor edad es mayor el consumo de información mass media tradicional (TV, radio, prensa y revistas).

Comunicar para empoderar a los ciudadanos es una misión que contribuye a salvar vidas, reduciendo la velocidad del contagio. Para esta tarea es necesaria una articulación que reconozca como prioridad la salud pública y la vida humana.

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