[EDITORIAL] Confianza condicionada

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El Congreso de la República debe brindarle su voto de confianza al premier Pedro Cateriano, pero no sin antes dejarle claro tanto al presidente como a él que la censura sigue siendo una opción en el futuro. El primer ministro se ha ganado lo que podríamos llamar el beneficio de la duda en virtud de su acercamiento y sus esfuerzos por crear un clima de distensión con la oposición, algo que muchos, incluyendo este diario, dudaban. Que efectivamente su nueva investidura y la difícil coyuntura en la que asumió el cargo hayan motivado un cambio de actitud habla muy bien de las virtudes políticas y la responsabilidad del señor Cateriano (cosa que, lamentablemente, no es posible decir del presidente).

Sin embargo, el premier todavía no ha terminado de convencer a este diario de que su nombramiento absuelve las objeciones que motivaron la censura de su predecesora, Ana Jara. Como mencionamos en su momento, la salida de Jara respondió principalmente a dos cosas: primero, el uso indebido del aparato de inteligencia para el seguimiento de políticos opositores, y segundo, el rol inconstitucional e ilegítimo que la primera dama Nadine Heredia ejerce en el gobierno. En estos dos temas, pese a los esfuerzos de diálogo y el apoyo mediático recibido en las últimas semanas, el señor Cateriano deja mucho que desear. Por un lado, no queda todavía clara su participación, si es que la hubo, en el reglaje a opositores (como ministro de Defensa él era responsable de la parte del aparato de inteligencia adscrito a su portafolio). Al mismo tiempo, y como si fuera poco, Cateriano ha pasado a ser conocido como el ministro de la “luz verde”, aquel a quien le bastaba la aprobación de la señora Heredia para tomar decisiones de gobierno.

Por estas razones, el parlamento tiene el deber de exigir garantías, especialmente en estos puntos y el primer ministro debe abordarlos de manera decidida en la presentación de su plan de trabajo. Aunque él haya enfatizado en sus declaraciones que su prioridad será la economía, la verdad es que bien haría el gobierno en afrontar los factores que llevaron no solo a la censura, sino también a votos de confianza muy cerrados para los dos últimos gabinetes. El uso de los aparatos de inteligencia (hoy la DINI, ayer el SIN) y el rol desproporcionado de personas del entorno presidencial (hoy Naine Heredia, ayer Vladimiro Monetesinos) nos recuerdan a los peores elementos del decenio fujimorista y amenazan la consolidación de la democracia en el país.

Es por esta última razón que las garantías de Cateriano son muy importantes y no negociables. Si en los próximos meses la DINI no es reformada de manera satisfactoria (o, peor aún, los destapes de reglajes continúan) y/o la primera dama continúa jugando un rol protagónico en el gobierno, entonces el Congreso deberá retirarle la confianza que el señor Cateriano hoy solicita. La herramienta constitucional de la censura debe seguir sobre la mesa y el premier debe retornar hoy del Congreso sabiéndolo.

Los últimos acontecimientos en Tía María, por lo demás, deberán motivar también una interpelación del ministro del Interior, José Luis Pérez Guadalupe. Esto servirá para que el parlamento le deje en claro al presidente Humala que continuará haciendo ejercicio de su facultad de control político pese a los ataques y provocaciones del mandatario. La virtud añadida de la interpelación en cuestión es, por lo tanto, la de una advertencia: no basta con cambiar los actores si es que el libreto sigue siendo el mismo.