Contexto: ¿Por qué me gusta comparar a Miguel Ángel con Mark Rothko?

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El título de este artículo fue en un momento “Por qué NO me gusta comparar a Miguel Ángel con Mark Rothko”, pero en el camino descubrí que disfruto hacerlo por el mismo hecho que me había llevado a creer que no lo haría. Claramente ambos son incompatibles, expuestos a distintos contextos, proveniente de distintas raíces y costumbres, y por supuesto generando así dos formas de expresarse artísticamente totalmente diferentes… O al menos así lo creía hasta adentrarme más en el tema.

El mundo del Arte en el Renacimiento era muy distinto del mundo del arte en la segunda mitad del siglo XX. En el Renacimiento, si bien el artista ya había logrado cierto estatus social, éste no era libre al elegir el tema de su obra, y mucho menos en buscar representar cosas que respondían directamente a los intereses propios: Dominaban los temas religiosos, mitológicos y muy de vez en cuando los cotidianos a pedido específico. Estaba en cada artista poner discretamente su mensaje al mundo, ya sea amor, rechazo, sátira o asombro en una obra hecha para un cliente acostumbrado a cierto estilo academicista, el cual a pesar de poder ser vanguardista en ciertos aspectos, nunca podría ser disparador de cambios tan controversiales ya rápidos como los que se dieron en el siglo XX. A diferencia del Renacimiento, en esta época el artista era mucho más libre en aspirar a sus propias realizaciones, a satisfacer sus propias inquietudes como pintores, escultores, etc. Sin embargo, esto coexistía con el riesgo de decepcionar a un cliente, o peor aún algún tipo de auspiciador, por lo que los mismos debían cuidar su reputación y muchas veces adecuar sus intereses a los intereses que tenía la sociedad en común (específicamente el consumismo de Andy Warhol) si querían llegar a exponer algo en las más importantes galerías.

Desde muy joven, Miguel Ángel supo que su vida iba a tener mucho que ver con cincelar la piedra. Mostraría mucho talento desde niño y eso haría que su padre lo mande como aprendiz al taller de Ghirlandaio. Pronto, Ghirlandaio lo recomendaría a la escuela humanista de los Medici, empezando así una estrecha relación con esta familia, llegando al punto de ser adoptado por Lorenzo como uno de sus hijos. Es con los Medici como mecenas que Miguel Ángel pudo llegar a su máximo nivel expresivo, y conseguir luego encargos tan importantes como la Capilla Sixtina; además de influenciar un cambio en la forma de concebir el arte en el alto Renacimiento: el Manierismo (a la manera de Migue Ángel). Es justo una de sus obras considerada completamente Manierista que es perfecta para ser comparada con Mark Rothko: La Biblioteca Laurenciana. En este espacio, Miguel Ángel pone una gran escalera en un cuarto que apenas puede contenerla, y marcos de ventanas y puertas completamente cerrados. Hace de la arquitectura  dignamente Nietzscheana, despertadora de las sensaciones más humanas. “Después de algún tiempo en el trabajo, me di cuenta de lo mucho que había sido subconscientemente influenciado por los muros de la escalera en la Biblioteca Laurenciana de Miguel Ángel en Florencia” dijo una vez Rothko. “Logró justo el tipo de sensación que he querido lograr desde hace mucho – Hace que los espectadores se sientan atrapados en un cuarto donde todas las ventanas y puertas han sido bloqueadas, dejando sólo la posibilidad de golpearse la cabeza contra el muro para siempre, por toda la eternidad”.

Rothko lograría dar la misma impresión en sus cuadros luego de unas vacaciones a Europa que se tomó el Junio siguiente de ser encargado por Joseph Seagram and Sons una serie de cuadros para decorar su nuevo edificio en Park Avenue (Nueva York): el “Seagram Building” diseñado por Mies Van de Rohe y Phillip Johnson. Sólo le bastó este viaje para darse cuenta a donde quería direccionar su arte y para realzar toda ideología oculta en su interior. Alegando que la gente de iba al Seagram (Restaurante Four Seasons) solo lo hacía para aparentar, y que su arte nunca iría bien con semejante actitud, Rothko dio un paso al costado ante el encargo que ya había aceptado anteriormente. Poner su obra en un lugar como ese simplemente estaría en contra de su completa ideología. Rechazando el consumo y la vida comercial del arte, Rothko creía en un lugar en el que podía ganar una visión como artista teniendo nada que perder. Creo que para entender la obra de Rothko hay que interpretar esta búsqueda de un espacio perfecto para el artista y el hombre no como una búsqueda en el espacio tangible sino más bien una búsqueda espiritual, siendo sus cuadros los portales a este espacio propiamente dicho. Me explico. Creo que es observando los cuadros del mismo Rothko que podemos llegar a este espacio en el que estamos solos completamente con nuestros instintos puramente humanos; Sentimos deseo, terror, angustia, éxtasis y perdición, sin ninguna razón en particular: es solo la composición de la forma y el color que nos transmite éstas últimas situaciones, y que hacen la obra de Rothko tan parecida a la de Miguel Ángel.

Llevarnos a la situación humana por excelencia es lo que hace en mi opinión a un artista un maestro, siendo lo más interesante que, por más que tengamos ciertas orientaciones y gustos muy personales, está en nuestro instinto el reconocer la verdadera maestría en el arte; O poniéndolo como dijo E.H Gombrich: “Ningún crítico ni historiador puede estar libre de prejuicios y preferencias, pero creo que está mal llegar a concluir que los valores artísticos son del todo relativos”…”Sigo convencido de que el hombre puede reconocer maestría en el arte, teniendo este reconocimiento poco que ver con gustos personales”. Creo que es importante hacer una pausa aquí a preguntarnos por los verdaderos maestros de hoy. ¿Es solo impactar y crear controversia y vocerío? ¿O se trata de tener cierto trasfondo e ideología que soporta una obra para que la misma sea reconocible como obra maestra por nuestro instinto? Que puedo decir, ahora me gusta comparar a Miguel Ángel con Mark Rothko.