Conversando con Julio Guzmán

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Eran poco más de las dos de la tarde y la oficina de Julio Guzmán, el candidato de Todos Por el Perú, latía con furor electoral. Muchas caras jóvenes iban y venían, moviendo información, consultando computadoras, dándose un poco de tiempo entre cada actividad, para comer algo de almuerzo. El equipo de Guzmán estaba enfocado en el planeamiento de un spot donde el postulante daría a conocer su oposición a la ‘Ley Cotillo’, en esa pequeña oficina, ese era el tema del día.

El primero en recibirme fue el jefe de campaña Jonathan Reynaga, apenas me deja saludar a los presentes, me lleva a un rincón y me cuenta sobre la tarea que ocupaba su día. Era el interrogatorio común ¿De dónde venía? ¿Para qué medio trabajaba? ¿Qué exactamente quería hacer con Julio? Se notaba su ímpetu, se notaba la experiencia que había ganado trabajando en la campaña de Gordon Brown y Tony Blair, los dos últimos Primeros Ministros británicos que pertenecieron al partido laboralista. Sí, eso llamó mi atención “¿Trabajaste con ellos por un asunto ideológico o el tema era netamente profesional?”, le pregunté, tratando de sentir el pulso de la gente que rodeaba al voceado ‘outsider’. “Yo soy progresista”, responde.

Con todo coordinado, y luego de que me advirtiera que en un rato Julio tendría que grabar el spot sobre la Ley Cotillo y que quizá tendríamos que interrumpir la entrevista, pasamos a la oficina y entró Julio Guzmán, el candidato. Traía comida para sus colaboradores, estaba en mangas de camisa – como se le puede ver en muchos de sus spots esparcidos en las redes sociales- y con una sonrisa dibujada en la cara. La primera vez que lo vi, a principios del 2014, me lo habían presentado como ‘el outsider del 2016’, hablaba lo mismo pero su figura no había pasado aún por los filtros de un equipo electoral, en ese entonces su camisa era un tanto más holgada y su peinado estaba un tanto más desordenado. En ese entonces “era una idea con mucha convicción”, dice hablando de la candidatura que ahora ve como una realidad aterrizada en 12,000 militantes con una edad promedio menor a los cuarenta años, como comenta inflado de orgullo.

“Hay que cambiar la generación de los que toman las decisiones”, dice ufanándose de la juventud de las personas que los rodean. De pronto nos interrumpen, como nos habían anunciado, y empezó el periplo por la grabación del spot. Hay una construcción en el terreno aledaño que contamina el audio. Pasamos a un auto, el ruido del tránsito no es más útil. Nos movemos a un parque, aún los motores y los claxon se roban el show. Terminamos en un estacionamiento subterráneo, con las ventanas cerradas y en un mutismo absoluto para que el candidato pueda grabar la voz en off que acompañará el video. Guzmán se disculpa, ‘así es la vida electoral’, impredecible y con la necesidad de solucionar los problemas de cualquier manera posible. El tiempo con el candidato y con sus simpatizantes me deja claro que están convencidos del proyecto que los reúne.

Después de todo el trajín, tengo tiempo para conversar con él en el auto. Nos llevan dos personas, una de ellas parece ser un guardaespaldas. El carro tiene lunas polarizadas y todo parece ajustarse para poder darle seguridad y tranquilidad al candidato sin pecar de exagerados con pompas dignas de lo que Guzmán etiquetaría como ‘políticos tradicionales’.

Es difícil sacar a Guzmán del discurso que tiene aprendido, es difícil alejarlo de la historia que el confía lo catapultará en las elecciones. Nació en Lima, el 31 de julio de 1970, recuerda con añoranza las enseñanzas de su padre, que partió cuando él tenía catorce años y le dejó como mensaje de vida que “el éxito es la consecuencia de hacer las cosas bien”. Su libro favorito es ‘El Arte de la Guerra’ de Sun Tzu y tiene como convicción que su enfoque “contra todos estos dinosaurios” (refiriéndose a los políticos tradicionales), es el que necesita al Perú.

Pero así como habla con desdén paleontológico de sus adversarios, se refiere al ‘chorreo’ y a ‘la gran inversión’ como “cuentos chinos” que no nos llevaron a nada, su enfoque de crecimiento, según comenta, se sostiene en priorizar la inversión en los talentos. Critica que el crecimiento del Perú se ha mantenido enfatizado en esos métodos, él “como economista” ve las cosas de forma distinta.

Cuando se embarcó en esta aventura siempre contó, según me explica, con el aliento de sus amigos y el apoyo incondicional de su familia. Sí, les cayó como una sorpresa y se preocuparon por verlo metiéndose en un mundo con semejante reputación, pero entendían, según él, que él tenía las herramientas para hacerle un bien al país.

“Hay”, me dice cuando me habla de la campaña, “muy pocos espacios para uno mismo”. Guzmán dice que duerme cuatro horas todos los días y que el resto del día malabarea su tiempo para poder estar con su familia y darle a la campaña todo el tiempo que merece, yendo de medio en medio y sobre todo dialogando con posibles votantes. “Es importante que los candidatos tengan experiencia de vida”, dice y que tengan “madurez emocional” para tomar decisiones.

A Julio Guzmán, cuando le das cuerda sobre un tema, no se detiene. Él, para preocupación de algunos analistas, dice no ser ni de izquierda ni de derecha, él “cree en el sentido”, una opción sin duda ambigua que deja más preguntas que respuestas ¿El sentido común de un liberal? ¿El sentido común de un comunista? ¿El sentido común de un católico? ¿El Sentido común de un talibán? Es claro, sin duda, que aferrarse al pragmatismo como sustitución de una ideología puede servirle como herramienta de campaña, especialmente para apelar a un electorado ajeno a los detalles técnicos de la política. Eso Guzmán lo tiene clarísimo.

Le comento sobre la revista Business, la revista de corte fujimorista para la que trabajaba y de la que asegura haber estado en contra de su línea editorial. Escribió una carta a la revista que había tocado el tema con suspicacia, le aclaró que él solo escribía ahí y que, cuando se dio cuenta del sesgo de las publicaciones, tomó la decisión de dar un paso al costado con escasos meses en el puesto. Reconoce que Fujimori puede haber hecho algunas cosas bien, pero se esfuerza en alejarse de él lo más posible.

Salta cuando se le compara con PPK, pues para él el candidato de las iniciales es uno de los que cree firmemente en el chorreo. De Acuña le preocupa los lugares a donde lo puede llevar la plata. Sobre Verónika Mendoza, considera que tiene ideas extremistas. Y al gobierno de Ollanta Humala le agradece haberlo inspirado, en el tiempo que trabajó en él, para finalmente meterse en política.

No había mucho más que conversar, Guzmán parece encantado de recibir a los medios, se maneja con soltura y se muestra convencido de su proyecto ¿Podrá trepar en las preferencias? No se puede estar seguros pero queda claro que el esfuerzo lo está metiendo ¿Será el siguiente presidente del Perú? En un país como el nuestro, uno nunca puede decir nunca.

Escrito por: Gonzalo Ramírez de la Torre