Cooperación Popular ha vuelto, por Edward Díaz

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Cooperación Popular fue un programa estatal creado e implementado por Fernando Belaúnde Terry durante su primer gobierno y retomado en el segundo mandato. Tuvo su inspiración en el trabajo comunitario, conocido como “minka” y practicado en el Perú desde tiempos ancestrales, que el presidente conoció durante su recorrido pueblo por pueblo.

Cooperación Popular, en su tiempo, permitió un trabajo articulado entre el gobierno central y la población en la construcción de escuelas, postas médicas, redes de alcantarillado, acueductos, carreteras, entre otras obras de impacto social. La comunidad organizada decidía el proyecto y aportaba la mano de obra, mientras que el Estado proveía de los materiales así como la asesoría técnica necesaria en cualquier proyecto.

El programa tuvo gran éxito en su época, ya que creó un lazo de identidad entre el pueblo y las obras, redujo costos en la ejecución de estas últimas y sirvió como un mecanismo para mantener vigentes las costumbres milenarias del Perú a través de la descentralización del accionar estatal. Lamentablemente, sucesivos gobiernos no continuaron con Cooperación Popular y su nombre quedó solamente asociado al recuerdo eterno de Fernando Belaúnde.

Mucho tiempo después, en el año 2011, el gobierno de turno creó el programa “Trabaja Perú” con la finalidad de promover el trabajo inclusivo de personas en estado de vulnerabilidad (madres de familia, jóvenes con carga familiar, personas con discapacidad), y de esa forma mejorar el acceso al empleo de dicha población que vive en condiciones de pobreza. Previo a este programa, algunas otras iniciativas similares fueron promovidas, sin continuidad, por otros gobiernos.

Trabaja Perú guarda muchas similitudes con Cooperación Popular. La esencia es la misma: construir obras de infraestructura, tales como escaleras, muros, lozas deportivas, etc. para beneficio directo de la población con menos recursos económicos. Los proyectos son presentados por los gobiernos locales al programa, para su evaluación y selección, a través de un concurso de proyectos.

El programa destina presupuesto público para cofinanciar, conjuntamente con la Municipalidad solicitante, la ejecución de los proyectos elegidos, aportando materiales, asesoría técnica, seguros, capacitación, entre otros, mientras que la población beneficiaria aporta la mano de obra, la misma que es retribuida con un incentivo económico.

Poco tiempo atrás, la Municipalidad de Lima coordinó con el programa Trabaja Perú la realización de diversos proyectos en toda la ciudad. Precisamente, el día de hoy el Concejo Metropolitano de Lima ha aprobado los primeros tres convenios que permitirán la construcción de tres lozas deportivas en zonas alejadas (dos en Ate y una en Carabayllo), con la finalidad de constituir un espacio público donde se practique el sano esparcimiento y se lleve a cabo el encuentro de los vecinos y vecinas.

Son obras que, aunque parecen pequeñas frente a la gran infraestructura que actualmente requiere nuestra ciudad, cambian para bien la vida de las personas. Rescatan el valor del trabajo comunal y nos hace volver a nuestras raíces como peruanos, aquellas que, hace más de sesenta años, inspiraron a un joven arquitecto, visionario y enamorado del Perú. Lo positivo es que cuando se termine cada una de las obras que se ejecutarán en Lima, no figurará el nombre de una persona en la placa inaugural, sino aquella frase histórica que hoy vuelve: El Pueblo lo hizo.

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